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domingo, 18 de julio de 2010
Reportaje:EL TRIUNFO DEL HOMBRE BUENO

Del Bosque o la línea recta

Cuarenta y ocho horas después de ganar el Mundial, aparca en la calle y llega al encuentro a pie. Como uno más. Vicente del Bosque es un hombre sencillo que siempre elige la línea recta. Sus raíces se hunden en el Real Madrid, donde trabajó durante 36 años

Todo sobre el triunfo histórico de la selección española en el ESPECIAL sobre el Mundial de Sudáfrica

Alberto García Collado todavía tiene que detenerse un momento para evitar que le tiemble la voz cuando se refiere al éxito de Vicente del Bosque . No hace mucho tiempo que se jubiló después de 49 años dedicado a la cantera del Real Madrid. Disfruta estos días de verano de su casa de Santa Pola (Alicante), una residencia que no es casual porque fue Santa Pola la localidad natal de Santiago Bernabéu, donde nació y adonde acudió a retirarse hasta el final de sus días. Allí hay un monumento dedicado al legendario presidente del Real Madrid. Y a ese lugar se acercó Alberto García la semana pasada, en plena euforia nacional, para decirle en voz baja: "La que está liando Vicente, don Santiago". Para entender adecuadamente las raíces del hombre que ha llevado a España a la conquista de la Copa del Mundo de fútbol se hace necesario bucear en el microcosmos de la escuela que un día creó Bernabéu.

"Ha sabido entrar como director general aprovechando todo cuanto se había hecho bien con anterioridad"

Como de tantos otros, su salida del Real Madrid resultó triste: fue despedido en un pasillo, de pie, con prisas.

"¡Si le dejo, termina bailando con Bisbal en el escenario!", dice el seleccionador sobre su hijo Álvaro

Del Bosque: "Santiago Bernabéu era un hombre bueno e inteligente. Fue un líder moral en aquellos tiempos"

Quedan muy pocos representantes en activo de una generación que heredó una forma de hacer las cosas en el Real Madrid bajo una doctrina abiertamente paternalista, muy propia de años de posguerra en un país sometido a una dictadura. El liderazgo personal de Bernabéu instauró en el club un sencillo ideario más próximo al de una orden religiosa que a una organización política, cuyos elementos cardinales fueron la austeridad, el trabajo, la humildad y la honestidad. El Real Madrid difundió sus propios valores en el terreno de juego, entre sus jugadores, resumidos en un término que dio en denominarse "señorío". Durante décadas, se transmitieron de entrenador a jugador, de directivo a empleado, de Miguel Muñoz, a Luis Molowny, de Luis Molowny a Vicente del Bosque. Del Bosque habría terminado su carrera de magisterio de no haber sido futbolista, pero algo de aquella vocación permaneció en él cuando de jugador pasó a ser entrenador y luego director de la escuela de fútbol del Real Madrid. Algo de "viejo profesor" se desprende todavía de su forma de actuar incluso en circunstancias tan excepcionales como la dirección de un equipo que gana la Copa del Mundo.

Ha sido el propio Real Madrid quien ha ido certificando la defunción de sus propias esencias con la esquizofrenia de sus últimos gestores. Aunque la palabra señorío permanezca en el vocabulario oficial, muchas son las experiencias que demuestran su caída en desuso, su destierro por obsoleto, quizás consecuencia inevitable del fútbol convertido en negocio. Buena parte del claustro de aquella escuela se ha jubilado discretamente, en ocasiones sin mediar palabra de ánimo, pero sin ruido, convertido el adiós en un acto burocrático: la firma de un documento ante un administrativo insensible al papel ha interpretado cada cual durante tanto tiempo. Aquella gente hizo un trabajo artesanal, a pie de campo, de lunes a domingo, desarrollando su memoria para no olvidar el nombre y circunstancias familiares de cualquier chaval que pisara la Ciudad Deportiva, usando fichas manuscritas para documentar el archivo del club. Aquella gente se ha ido jubilando o ha fallecido, caso de Miguel Malbo, uno de los hombres clave en la cantera madridista y fiel colaborador de Del Bosque: pidió ingresar en la residencia de ancianos más próxima al Bernabéu para morir cerca del estadio. Y así fue. Aquella Ciudad Deportiva fue arrasada por las excavadoras; en su suelo, han nacido cuatro rascacielos de última generación. Ahora en Valdebebas, la nueva sede de la escuela, hasta cada equipo alevín tiene su propio vestuario de cinco estrellas, con los empleados suficientes para que a niños de 12 años les recojan la ropa después de cada entrenamiento.

Vicente del Bosque nace en esa escuela que parece caducada. El Real Madrid fue su universidad. No se puede decir otra cosa de un hombre que ha vivido en la casa blanca desde los 16 años y que no ha tenido otro currículo que una larga estancia de 36 años en el club. Salvo ocho meses en Turquía en una efímera experiencia con el Besitkas y sus dos últimos años como seleccionador nacional, la biografía de Vicente del Bosque está teñida de blanco. No conoce otras experiencias. Para lo bueno y para lo malo, sus antecedentes están grabados en esa escuela. Como a tantos otros, su despedida resultó triste: fue despedido en un pasillo, de pie, con prisas. Es Vicente del Bosque quien no se ha movido de su sitio. Como su bigote.

Apenas 24 horas después de vivir un recibimiento nunca visto en Madrid , a las 48 horas de tocar con su mano la Copa del Mundo en el Soccer City de Johannesburgo, Vicente del Bosque tenía comprometida una visita al diario As. Le esperaban a las nueve de la noche. Había cierto nerviosismo entre los anfitriones y el personal de seguridad para hacer lo más liviana posible su entrada en el edificio. Sin embargo, Del Bosque apareció andando por la recepción: había aparcado su coche en la calle como cualquier otro ciudadano. Venía solo, con su atuendo clásico, traje gris y corbata azul. Minutos después, tras recibir un emocionado aplauso de una redacción que le hizo el pasillo puesta en pie, Vicente del Bosque formuló sus primeras declaraciones ante una representación del diario deportivo. Hizo referencia a la magnífica acogida vivida en Madrid, pero no se quedó ahí. Comentó dos hechos que le impresionaron: la presencia de gran cantidad de inmigrantes con banderas españolas en algunas calles del recorrido y la ausencia de banderas de los clubes locales (Real Madrid y Atlético) frente a ese predominio unánime de la camiseta roja. De alguna manera, quería significar que todos los presentes en las calles, llegados de distintas procedencias, parecían formar parte del mismo club. Como el hecho de que sus raíces madridistas en absoluto han afectado a sus decisiones al frente de la selección española.

Posiblemente, Bernabéu habría hecho lo mismo: llegar a pie. O Luis Molowny, el primer director de la escuela, cuya máxima se resume en una frase que los empleados no han olvidado: "Denle cariño al jugador". Salvando las distancias y las diferencias ideológicas, Del Bosque define a Bernabéu como "un líder moral" de aquellos tiempos: "Era un hombre bueno e inteligente, con una gran capacidad, un ejemplo para todos, un hombre modesto que no tenía dinero". A pesar de lo que dicen algunas reseñas recogidas en las hemerotecas, Del Bosque no tuvo problemas para mantener su cabello largo y su bigote tupido a pesar de que al presidente no le gustaban los jugadores con melena, pero era la moda de los años setenta. Solo recuerda que Bernabéu le llamara la atención en una ocasión, con motivo de un viaje con el primer equipo a consecuencia de no haber saludado a doña María: "No era cuestión de ser un pelota con la mujer del presidente. Lo que me quiso decir es que era una cuestión de educación", confesó a este periódico.

En esa escuela se formó Del Bosque, por eso no hay en su vocabulario palabras disonantes ni un mal gesto en sus actos. Como nadie lo encontró en Luis Molowny, su tutor a todos los efectos. Vicente llegó al club con 16 años procedente de Salamanca. Era hijo y nieto de ferroviarios. De su padre, Fermín, se han hecho algunas referencias a su pasado durante los años previos y posteriores a la Guerra Civil. "La guerra le cogió con 19 años. Fue un producto de su tiempo, pero sobre todo fue un hombre bueno y honesto", recuerda. "Era un hombre con buenas ideas, pero sobre todo recto y responsable. Nos marcó a todos. Es cierto que en aquellos tiempos podía tener algunas ideas radicales, pero era un hombre tolerante". Fermín sufrió la represión y no pudo regresar a su trabajo en el ferrocarril: durante años fue administrativo en la fábrica de La Casera en Salamanca. De Fermín solo recuerdan algunos viejos empleados una visita a la Ciudad Deportiva cuando su hijo Vicente todavía era un juvenil: "Voy a confiar en ustedes", dijo. Y no volvió.

Del Bosque hizo carrera en el Real Madrid, tras jugar cedido en el Córdoba y el Castellón. Fue también internacional, pero no pudo jugar un Mundial. Le habría correspondido hacerlo en el de 1978, en Argentina, pero unos meses antes cayó lesionado. Se recuperó a tiempo, pero Ladislao Kubala, por entonces el seleccionador, no le convocó. Algunas referencias citan su disgusto por aquella decepción, incluso que estuvo un año sin hablar con Kubala, hecho que Vicente niega: "En absoluto. Nada más lejos. Él tomó su decisión, y tuve una magnífica relación con él porque Kubala era una bellísima persona". Tampoco le sacarán una mala palabra de su experiencia en Turquía, donde fue destituido tras ocho meses en el cargo: "Fue una gran experiencia y me llevo un gran recuerdo de Estambul. Me marché con el afecto de todos. Es un país con un potencial enorme. Quizás no tuvieron la suficiente paciencia porque ganamos 8 de los 9 últimos partidos, pero mi familia fue feliz allí".

Esos ocho meses ha sido el único lapso de tiempo que Del Bosque ha pasado fuera de su domicilio, del que no se ha mudado a pesar de su cambio de estatus. Durante 15 años trabajó como director de la fábrica de jugadores del Real Madrid, fue un empleado dedicado al club desde las 10 de la mañana a las 10 de la noche, viendo jugadores, desplazándose a cualquier localidad para ver partidos de todas las categorías, con jugadores de todas las edades, interesándose por sus familias, procurando memorizar los nombres de todos y cada uno de ellos, como correspondía al estilo de la casa, sufriendo cada vez que un infantil llamado Guti se negaba a firmar la ficha de renovación. Se casó, tuvo tres hijos, perdió a su hermano Fermín. Tuvo una vida tranquila fuera de los focos, dedicada por entero a una empresa que amaba y a un proyecto que le apasionaba. El nacimiento de su hijo Álvaro con síndrome de Down le afectó, pero con el tiempo se convirtió en un factor que ha contribuido a consolidar sus ideas. Se le ilumina la cara cada vez que se refiere a él: siendo un hombre tan discreto, tan celoso de su intimidad, hay sin embargo un acto de coherencia cuando permite la visibilidad de esa relación padre-hijo: "Creo que es bueno para muchas familias en situación parecida". Sonríe cuando se le pregunta por qué no permitió que Álvaro participara más de la fiesta final de los jugadores: "¡Si le dejo, termina bailando con Bisbal!".

Su trabajo no se limitó a la observación de jugadores y a la búsqueda de talentos. Analizaba los entrenamientos de gente como Miljanic, Boskov, Beenhakker, Toshack, Antic, Floro, Capello, Valdano, Heynckes, Hiddink, todos y cada uno de los entrenadores que han pasado por la casa blanca. De cada uno debió sacar sus conclusiones, hasta que le llegó su hora después de alguna que otra aparición como interino: el banquillo del Real Madrid. "Para nosotros era una oportunidad, pero no lo vivimos con angustia", recuerda Toni Grande, su fiel segundo, otro hombre formado en la escuela de Molowny: "Había grandes jugadores en el equipo, sí, pero la mitad de ellos se habían formado en la casa, así que les conocíamos desde pequeños". Esa era su ventaja a pesar del perfil bajo. También su desventaja.

Esa cordialidad que fue tan criticada, esa sencillez que parecía anticuada, es ahora uno de los valores que han despertado el elogio y la admiración hacia su éxito. Lo caduco es ahora moderno, según se desprende del análisis de Francisco Mesonero, presidente de la Fundación Adecco y experto en recursos humanos, a la hora de interpretar las claves del éxito de la selección y de la dirección de Vicente del Bosque: "Se podría decir que Del Bosque cumple con el perfil del líder del siglo XXI. Ha sabido dirigir y crear un equipo humano con los valores y la actitud que exige la sociedad actual. No avasalla con sus decisiones, sino que convence y da seguridad con su templanza". "Del Bosque", añade Mesorero, "ha sabido repartir papeles haciendo sentir a todos que eran parte de la victoria y parte de la derrota. Se ha cumplido de esta forma con una de las teorías en la gestión empresarial y gestión de los recursos humanos que más importancia tiene en la actualidad: la orientación hacia los grupos de interés, es decir, hacia sus jugadores, técnicos, personal de apoyo, afición, periodistas y especialmente a sus rivales, a quienes siempre ha demostrado el máximo respeto, tanto a través del juego de sus jugadores como fuera del terreno de juego".

Otro experto de Adecco, Pedro Fernández, muy relacionado con deportistas de alto nivel, entiende que "especialmente significativo ha sido que el equipo ha interiorizado una forma de ganar, una identidad propia, con una misión, una visión y unos valores que han defendido con absoluta unidad, discreción e ilusión. Hemos podido ver cómo otras selecciones se convertían en protagonistas del Mundial por su fractura en la cohesión del equipo (Francia), por unas expectativas erróneas y falta de humildad (Argentina) o por no saber levantarse de la derrota (Italia). Sin embargo, España ha pasado inadvertida, no con su juego, sino con la profesionalidad y el saber estar. Desde un punto de vista puramente empresarial", concluye Fernández, "se podría decir que Vicente del Bosque ha sabido entrar como director general aprovechando todo cuanto se había hecho bien con anterioridad y sin cambiar para demostrar su autoridad. Posteriormente, ha sabido interiorizar la identidad del equipo. Ha sabido orientar las crisis y establecer un equilibrio entre protagonismo y prudencia".

Algo parecido se podría haber dicho de sus cuatro años como entrenador del Real Madrid: cuatro temporadas, cuatro títulos, dos Ligas y dos Copas de Europa, además de torneos menores como la Intercontinental y la Supercopa europea. Por entonces, año 2000, el equipo se fue llenando de estrellas, aun cuando Del Bosque no acusara problemas de liderazgo dentro del vestuario. Otra cosa era el marketing: el Real Madrid, durante la presidencia de Florentino Pérez, aspiraba a convertirse en un club global capaz de capturar seguidores en los cinco continentes. Del Bosque no encajaba en esa imagen: no hablaba inglés, no vestía cuellos italianos ni corbatas de seda.

Durante su visita al diario As, Vicente del Bosque explicó un detalle muy revelador de cómo los profundos conocimientos de alguien que ha pasado miles de horas viendo partidos y escrutando jugadores capta detalles que escaparían a muchos otros entrenadores. Se refería Del Bosque al jugador francés Makelele en términos muy elogiosos: "Sabía lo que tenía que hacer. Tenía siempre un pase para Zidane, otro para Figo, también para Roberto Carlos y para Hierro". Del Bosque explicaba así cómo se mantenía el equilibrio de egos dentro del terreno de juego. Curiosamente, Makelele dejaría el Real Madrid al mismo tiempo que Del Bosque: era un honesto trabajador sobre el césped, no un galáctico. Alguien no cayó en la cuenta de que las estrellas necesitaban alguien que supiera recuperar los balones y repartirlos adecuadamente.

El despido. Si hay un episodio en la vida de Vicente del Bosque donde no ha logrado del todo mantener su diplomacia, su bonhomía, es alrededor de su marcha accidentada al día siguiente de sumar un título de Liga. El periodista salmantino Francisco José Sánchez Cañamero se refiere a este suceso en su biografía Vicente del Bosque, la serenidad (Anthema Ediciones) como un hecho traumático: Del Bosque fue despedido en un pasillo del Bernabéu por un directivo de segundo nivel.

Hay testigos que confirman que el despido se produjo, efectivamente, en un pasillo. En la media tarde del lunes 23 de junio de 2003, Vicente del Bosque fue convocado urgentemente en las oficinas del club. Se le convocó por terceras personas, cuando se dirigía en coche a los estudios de Antena 3 para ser entrevistado en el informativo que dirige Matías Prats. "Eso es que me quieren echar", comentó. Por la noche tenía una cita con José Ramón de la Morena, en El Larguero de la cadena SER. Ya tras la entrevista en Antena 3, el periodista J. J. Santos le comentó que no seguiría en el Real Madrid, cuya directiva celebraba reunión aquella noche. Veinticuatro horas antes, durante la celebración por la conquista del título de Liga, se había producido un agrio incidente entre algunos jugadores, liderados por el capitán Fernando Hierro, y el presidente Florentino Pérez, incidentes en los que Del Bosque se mantuvo al margen.

Entre uno y otro compromiso, Del Bosque hizo una parada en el Bernabéu mientras su mujer, Trini, aguardaba en el coche. Al llegar al despacho del directivo Carlos Martínez de Albornoz, se encontró frente a él y Jorge Valdano. No esperaron a que se sentara. Tampoco le dejaron entrar. "No vas a seguir", le dijo Valdano. "Algo así me podía imaginar", respondió Del Bosque. Luego vinieron frases del tipo "si quieres, te podemos buscar un hueco, nada específico, le podemos dar vueltas". La conversación apenas duró un par de minutos. En el trayecto hacia la Gran Vía, Del Bosque recibió la llamada de Fernando Hierro: "Me han echado". Cuando llegó a los estudios de la Cadena SER percibió que los periodistas estaban al tanto de su cese.

Cinco años después, fue Fernando Hierro quien llamó a Vicente del Bosque: "¿Te puedo proponer como seleccionador?", le dijo. El mundo del fútbol ofrece sorpresas de este tipo.

Es evidente que un éxito histórico como la conquista de una Copa del Mundo tiende a magnificar la figura de sus protagonistas, pero los elogios que ha merecido Del Bosque van más allá de sus decisiones técnicas. Lo dijo Johan Cruyff y muchos otros expertos: "Es un señor". No se tiene noticias de que los comentarios deportivos después de un gran evento hayan centrado tanto la atención en aspectos personales. Además de un estilo de juego, Del Bosque parece haber caracterizado una elegancia en los modales. ¿Es producto de aquel señorío nacido de la vieja casa blanca? Desde luego, de ahí provienen sus raíces y su educación. Cómo cambia la estética en el fútbol: en tiempos difíciles, y tras el éxito en el Mundial, se impone por un momento la moda Del Bosque. La línea recta.

Vicente Del Bosque, entrenador de la selección española de fútbol. / ALEJANDRO RUESGA

Vicente del Bosque se apoya en un poste durante uno de los partidos que jugó en el Santiago Bernabéu. / RAÚL CANCIO

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