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martes, 13 de julio de 2010
ÁREA DE META | SUDÁFRICA 2010 | España, en la cima del mundo

Con deseo de permanencia

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Ya ven, finalmente se confirmó que no había nada en el ADN de los jugadores españoles ni nada escrito en la Constitución actual, ni en las anteriores, que impidiera al fútbol español proclamase campeón del mundo. Sé que han sido tantos años en la persecución de este mágico logro que muchos nos habíamos preguntado si alguna ley divina nos había excluido del reino de los cielos futbolísticos. Hace muchos años, cuando viajábamos de Boston a Nueva York tras caer eliminados en cuartos de final por Italia, la única alegría en aquel avión era la de los seguidores de Pink Floyd, ya que nos habían contado que el avión que nos llevaba era el que el grupo utilizaba en sus giras. En una de las filas traseras de aquel vuelo repasaba lo que nos había sucedido en el Foxboro Stadium de Boston, con la ayuda de Miguel Gutiérrez, fisioterapeuta de la selección y a quien habrán visto también en este Mundial atendiendo a los jugadores que caían lesionados en el terreno de juego. Conozco a Miguel desde que compartíamos el frío vestuario de Mendizorroza donde yo comenzaba mis primeros pasos futbolísticos y él nos ayudaba con sus conocimientos, cedido por el Athletic. Resumiendo la conversación, les diré que simplemente nos preguntábamos, una y otra vez, en diversos formatos y estilos, algo tan sencillo como: ¿Por qué nos pasa esto?

Este logro me hizo pensar en los que trabajan la cantera, en los que se quedan hasta muy tarde para pulir ese detalle

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Bueno, ya tenemos una duda existencial menos y podemos dedicarnos a otros temas esotéricos como las propiedades cabalísticas de los cefalópodos. Tal vez, vayamos a cambiar simplemente de pregunta y dentro de otros muchos años nos preguntemos por qué no hemos sido capaces de repetir este mágico logro, por qué nos hemos quedado en una sola estrella en la roja camiseta, pero esa será cuestión para otras generaciones. Nosotros podremos decir que vimos a España vencer en un Mundial y que sentimos en nuestras manos el roce imaginario de esa dorada Copa del Mundo con la que nuestros jugadores se paseaban, primero con gesto delicado y cuidadoso, luego con una familiaridad absoluta, como la de alguien a quien se le espera en casa desde hace muchos años, alguien a quien le poníamos un plato todas las Navidades y brindábamos cada Nochevieja que antecedía al año del Mundial, con un "De esta vez no pasa, el año que viene campeones del mundo".

Y pensaba en todo ello, mientras veía de reojo a nuestros jugadores ganarse su pase a la final contra Alemania mientras mantenía, al mismo tiempo, una reunión de trabajo en esta nueva aventura en la que me he embarcado y que me devuelve a la gestión dentro del fútbol. Mientras repasábamos los temas principales, veía a los jugadores alemanes intentar pillar a ese Jabulani que huía de sus dominios, no por las dificultades en su control sino porque España la movía de forma continua y rítmica, con toda la música que el balón lleva dentro. Y pensaba en lo curiosa que era la vida que me hacía permanecer encerrado en un despacho de Barcelona mientras que la selección perseguía ese Grial prohibido que era la final de un Mundial. Viéndolos allí, desde el rabillo del ojo, seguros, dominantes, confiados en su juego, en su estilo, en todo aquello que les hacía sentir que el logro era posible, pensaba en todos aquellos que han hecho posible este logro maravilloso, en los que trabajan en el fútbol-base, en los que se quedan hasta muy tarde para pulir ese pequeño detalle, en todos los que desde la sombra familiar ayudan a sus hijos en esa carrera hermosa y difícil que es el fútbol, pensaba en todos aquellos que aquel mismo día estaban poniendo los cimientos que permitiesen que este éxito inmenso no sea flor de un día, que no sea el logro de una generación mágica sino sea el punto de partida para mantener ahí arriba el listón competitivo, manteniendo una Liga local fuerte, manteniendo la convicción de que el jugador local, español, es excelente, bien formado en lo físico, lo táctico y en la capacidad competitiva, lo que es extensible a sus técnicos, médicos, preparadores y todo el colectivo que forma un equipo profesional.

Dicen los escaladores que el éxito de hacer cumbre es el de volver sano y salvo al campamento-base. Este logro les permite, primero, obvio, disfrutar del logro obtenido con sus compañeros de expedición, con todos aquellos que se quedaron en casa, con todos lo que ayudaron desde la sombra. Segundo, permite afrontar nuevos retos, nuevas cumbres desde la experiencia adquirida, desde el profundo conocimiento de uno mismo que da la alta competición, de nuestras virtudes y nuestros defectos, desde el descubrimiento de fortalezas desconocidas.

Y en una experiencia parecida andan nuestros chicos compartiendo felicidad y sonrisas, intentando expresar eso tan difícil de contar como es la alegría absoluta, aquella que nos deja una sonrisa permanente en un rostro agotado por el tremendo esfuerzo de la competición. Y en ello han caminado y caminarán en esta semana de gloria siendo felices sin acertar a calibrar la magnitud del logro, solo mesurable con la distancia y el tiempo.

Y en un camino similar deberán de transitar nuestros campeones cuando vuelvan a calzarse sus botas, cuando vuelvan a ponerse sus guantes. Les veremos como Campeones del Mundo, les abrazaremos como hubiéramos abrazado a los Reyes Magos si les hubiéramos podido agradecer el regalo deseado, pero como a los Magos de Oriente, al año próximo, les volveríamos a pedir el Scalextric nuevo, el último modelo, el de cuatro pistas. Y a nuestros Reyes del balón, a aquellos que nos han traído el regalo que siempre pensamos que nunca nos tocaría, a aquellos que nos han hecho llorar de alegría con unas lágrimas que llegamos a pensar que se nos iban a quedar, para siempre, dentro de nosotros, a ellos también les pediremos que hagan realidad nuevos sueños, que nos lleven a nuevas cumbres, a esas de las que está lleno el firmamento del fútbol, a esas que renuevan las emociones, a esas que ellos nos han enseñado que son alcanzables, tangibles, tocables.

Se han ganado un merecido descanso, el que les permitirá volver con el zurrón cargado de nuevas hazañas por conquistar. Y allí estaremos, soplando para que las logren y preparados para quererles, el día en que la moneda salga cruz.

Álvaro del Bosque, hijo del seleccionador, levanta la Copa del Mundo ante los jugadores. / EFE

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