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Reportaje:

Venecia, en un callejón sin salida

Las arcas de la ciudad se quedan sin dinero para las labores de restauración - Los políticos locales acuden a la publicidad indiscriminada para recaudar fondos

Los 30 millones de turistas que visitan al año la ciudad de los canales se quedan con las ganas de conocer el puente de los Suspiros en su estado original. Un anuncio publicitario cubre todo su esplendor. Y lo mismo ocurre en otros cinco puntos de la plaza de San Marcos, en una práctica que constituye, en el fondo, una prostitución de la imagen de la ciudad ducal. La publicidad es el último recurso con el cual la dirección de los Bienes Arquitectónicos de Venecia financia la restauración de sus edificios y monumentos.

Tampoco llegan los fondos del Estado que garantizan la limpieza de canales, la reparación de cimientos y el cuidado de los puentes. A la lista se suma el cierre de 10 iglesias, obligadas a poner candado en sus puertas porque no cuentan con los recursos para reparar los techos que se están desplomando y el agua que se filtra por las paredes. La antigua urbe fue construida en medio de una laguna, que se conecta con el mar Adriático. El agua constituye su principal atractivo, pero al mismo tiempo es su gran enemigo.

Hay inmensos anuncios en la plaza de San Marcos y en el puente de los Suspiros

Desde la sede veneciana de la Unesco, Renata Codello, directora de los Bienes Arquitectónicos y Paisajísticos de Venecia; Engelbert Ross, director de la oficina de la Unesco en Venecia; y Giampolo Sprocatti, presidente de Insula, la entidad municipal que se encarga del mantenimiento urbano, claman por nuevas alternativas de financiación. "Si el Estado italiano no es capaz de proteger el patrimonio de Venecia, será necesario pedir ayuda a la Unión Europea", declara Codello, quien, además, plantea la posibilidad de crear un impuesto de entrada a la ciudad lacustre.

Todos ellos asistieron ayer a la presentación del informe de los 10 años de trabajo de Insula. Sin embargo, en lo que va de 2010 la entidad ha tenido las manos atadas, pues desde hace dos años espera 40 millones de euros que el Estado debe enviar para continuar con el cuidado diario de la frágil urbe, comenta Sprocatti. Venecia cuenta con una ley especial, creada tras las fuertes inundaciones de 1966, que garantiza fondos para la preservación de su patrimonio. Pero el dinero no llega. Un verdadero callejón sin salida.

El problema afecta también el patrimonio eclesiástico. Existen unas 100 iglesias en Venecia. En los últimos cinco años, al menos 10 parroquias han debido ser cerradas porque sus estructuras deterioradas constituyen una amenaza para la seguridad del público. Otras 10 corren el riesgo de poner el candado a sus portones si no llegan los recursos para financiar su mantenimiento.

Simone Regazzo es un joven padre de familia que vive con sus dos hijos y su mujer en la isla de Torcello, cuyos residentes son solo 12. Simone es guardián, guía y responsable de la limpieza del patrimonio arquitectónico. Todas las mañanas recoge con una pala de plástico los pedazos de muro que caen de Santa María Assunta y la capilla de Boca Fosca, dos joyas arquitectónicas que piden a gritos una intervención. Las mareas altas han hecho mucho daño a los antiguos mosaicos bizantinos del suelo, en los cuales se han formado unas dunas de hasta seis centímetros. Las pisadas de los turistas que entran cada día han contribuido a agravar la situación. "No hay dinero ni para comprar una alfombra y proteger los mosaicos", dice el párroco de Torcello, monseñor Ettore Fornezza.

En cuanto a la basílica de San Marcos, financia parte de su supervivencia con los ingresos del turismo, pero la mayor parte de las iglesias dependen de los fondos de la ley especial. Por otra parte, la Iglesia sostiene que el dinero destinado a la conservación del patrimonio eclesiástico lo ha "absorbido" el Moisés (módulo experimental electromecánico), que pretende proteger Venecia de las mareas altas. El proyecto es una ambiciosa obra de ingeniería que cuesta 4.678 millones de euros, y que debería funcionar en 2014. "No podemos quedarnos con las manos cruzadas. Todo el patrimonio de Venecia se está derrumbando. Seguramente tendremos que acudir a las empresas privadas para afrontar la situación, o recurrir a la Unión Europea. Alguien tiene que interesarse", sostiene Meneguolo.

El deterioro de las iglesias es evidente, destaca el arquitecto Giuliano Pavon, responsable de la restauración del patrimonio de la curia veneciana. En la mayoría de los casos, asegura, la intervención debió realizarse hace décadas. "Hoy en día actuamos como los bomberos, apenas podemos apagar incendios. Lo único que nos queda es orar... pero a un santo millonario. No comprendo por qué el Estado no interviene".

* Este articulo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de julio de 2010