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Reportaje:SUDÁFRICA 2010 | Semifinales: Uruguay-Holanda

La bendita locura de Abreu

Pese a sus extravagancias, el delantero es el referente anímico del conjunto celeste

Anclado a un radiocasete de los ochenta, que cuelga de su largo brazo derecho, El Loco Abreu abandona el vestuario del estadio Nelson Mandela, de Puerto Elizabeth, moviendo su cuerpo huesudo a ritmo de cumbia. Uruguay acaba de eliminar a Corea del Sur en un duelo épico y, a pesar de que no ha disputado ni un minuto, se siente el rey del mambo. Con 33 años y 16 equipos a sus espaldas, intuye que será protagonista unos días después. Así se lo anuncia a sus compañeros: "El viernes ganamos por penales. Defino yo y lo hago picando la pelota en el último". En efecto, Uruguay elimina a Ghana en los penaltis y Abreu emula a Panenka, héroe checoslovaco de la Eurocopa de 1976, pero con una novedad: el golpeo picado es con el interior de la bota izquierda, un toque celestial. Unos lo tachan de irresponsable; otros, como el Maestro Tabárez, lo llaman clase. El propio Abreu explica que fue la consecuencia de un sesudo estudio del meta rival, el ghanés Kingson: "Yo veía que el golero, cuando arrancaba el ejecutante, se movía y se jugaba a un palo. Pero, claro, como tenía esa obsesión [por lanzarlo a lo Panenka], quería corroborarlo. Entonces le pregunté a Fucile qué hizo el golero en los tres primeros penales". Y Fucile se lo confirmó. "Sos un hijo de puta, casi nos matás", le gritan los compañeros tras el pase uruguayo, por primera vez en las semifinales desde México 1970.

"Defino picando la pelota en el último penalti", pronosticó contra Ghana

Más que por lo futbolístico, Washington Sebastián Abreu es un referente anímico en el vestuario por su experiencia, su sabiduría y sus divertidas extravagancias. "Cuando subo a rematar, a veces grito: 'Llegó el tsunami del área'. Y se cagan de risa hasta los rivales". Los uruguayos son gente seria y alguien así primero les rompe los esquemas. Pero, al final, acaban queriéndolo. "Como los buenos líderes, va por la vida sin intención de serlo", explica Juanma Lillo, que fue su entrenador en el Dorados y la Real Sociedad.

Amante de lo inesperado, un día aparece con una máscara de pájaro en una celebración y al siguiente se entrevista a sí mismo o participa en una serie humorística. No es que le regalen la presencia en la selección, pues ya marcó en la repesca frente a Costa Rica, pero ahora es suplente de Forlán y Luis Suárez. Abreu es sobre todo un cabeceador, aprovechando su estatura, 1,93 metros, y sus pinitos en el baloncesto y el voleibol. Sabe cómo saltar. El resto es picardía en el área. Con eso ha jugado en el Defensor, Nacional, San Lorenzo, Deportivo, Gremio, Tecos, Cruz Azul, Américas, Dorados (donde trabó amistad con Guardiola), Monterrey, San Luis Tigres, Beitar de Jerusalén, River Plate, Real Sociedad, Aris Salónica y Botafogo. "Cuanto más lejos de tu país, más larga es tu carrera", filosofa Abreu a pesar de que su paso por España no fue muy afortunado. Irureta no contó con él en el Deportivo y en la Real Sociedad tampoco pudo lograr el ascenso. "300 goles en su carrera", se queja Lillo, "pero en España todavía se le recuerda por aquel famoso gol que falló con San Lorenzo y que popularizó un locutor argentino hambriento de protagonismo. Quedó estigmatizado".

A los 16 años, jugaba en la selección de baloncesto cuando, en una preselección, se escapó por la noche y el entrenador lo expulsó. "Fuimos a dormir y oímos música de fiesta. Nos miramos, salimos por la ventana, bailamos y volvimos a las cuatro de la mañana, sin ser vistos. Al otro día, el técnico dijo: 'Chicos, un jugador iba a ser seleccionado, pero quedará fuera por indisciplina'. Luego me citaron para la sub 17 de fútbol". Su vida está llena de anécdotas así. Pero también hay un Abreu responsable, obsesionado con la comida sana de sus cuatro hijos, atento a los asuntos sociales y muy agarrado a los valores más básicos. "Se ganó por convicción, por dedicación, por entrega, por humildad y por sacrificio", dijo tras plantarse en las semifinales. Y ahora remata: "Ahora estamos en el baile y... A seguir bailando".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de julio de 2010