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martes, 29 de junio de 2010
Crónica:

AC/DC rugió en San Mamés

La banda australiana cierra en Bilbao su gira 'Black ice tour' - Miles de seguidores se volcaron con el grupo de Angus Young

Muchos veinteañeros a los que sus padres, tíos o hermanos mayores inocularon el virus de AC/DC, se agolpaban ayer a las puertas de San Mamés horas antes de que comenzase el concierto de la banda de rock australiana para estar en primera línea. Y daba igual el calor, con los termómetros rozando los 30 grados, el precio de las entradas -72,50 euros- o la larga espera. La banda de los hermanos Young cerró en Bilbao, tras dos años en la carretera, su gira mundial Black ice tour. Las 40.000 entradas dispuestas en el estadio se vendieron casi de inmediato.

Y como la pasión es irracional tampoco les importaba a los congregados saber de sobra qué iba a pasar sobre el escenario. Muchos, cual si lucieran sus galones, contaban con los dedos de una mano a cuántos conciertos de esta gira han acudido. Lidia, una asturiana de 18 años, casi aprendió a hablar tarareando las canciones del grupo. Se lo debe a su tío. A mediodía, y mientras buscaba cualquier sombra, solo esperaba que hiciesen "lo de siempre".

"AC/DC es un grupo al que hay que ver una vez en la vida", decía un veinteañero

'Rock and roll train' abrió un recital aderezado con cañones y fuegos artificiales

Ni Lidia, ni su amiga Mónica, ni el resto de su grupo, que desde bien entrada la madrugada guardaron cola para hacerse con un hueco cerca de sus ídolos, han llegado a conocer con vida al histórico vocalista de AC/DC Bon Scott. Pero, y una vez más, da igual, porque Angus Young, el guitarrista vestido de colegial, siempre cumple, junto a su hermano Malcom, y los cañones que acompañan a la banda, y los fuegos artificiales, y un escenario gigante (56 metros de ancho por 32 de fondo), y las pantallas, también descomunales. Al menos eso es lo que aseguran sus seguidores.

"Con que suban al escenario para mí es suficiente", apostillaba Lluis, de 27 años, quien con cierta indiferencia o timidez, al principio afirmaba que "AC/DC es un grupo al que se tiene que ver una vez en la vida". Lo cierto es que su tono de yo sólo pasaba por aquí en poco se tornó en otro de seguidor entregado, eso sí, empujado por su novia, Noemí, de 25 años, quien le recordó que habían llegado a Bilbao desde Mallorca como regalo de cumpleaños.

Para entonces Lluis ya había confesado aquello de que con sólo verles se daba por contento y para hacerle "feliz" sólo hacía falta que tocasen las canciones "de toda la vida".

La gira, aunque centrada en el último trabajo de AC/DC, Black ice, incluye un repertorio que recorre toda su discografía. Rock and roll train, el single del disco que de nombre a la gira, abrió el espectáculo, aderezado de cañonazos y un montaje visual en el que se veía al guitarrista guiando una locomotora a punto de descarrilar. Y para cerrar y a modo de bises aquella letra que todos sus seguidores esperan y que aquellos que no lo sean también serían capaces de cantar: Highway to hell o lo que es lo mismo, más de 30 años de historia del rock.

Es lo que tiene rendir pleitesía a unos "abuelitos", como indicaba la madre de Hugo, una portuguesa que se empeñó en que su hijo solo tuviese una cosa en la cabeza desde pequeño: AC/DC.

Asistentes al concierto de AC/DC en San Mamés. / TXETXU BERRUEZO

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