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sábado, 26 de junio de 2010
Reportaje:Pablo Ruiz Galán, diseñador | SINGULARES

La ciudad estampada en bruto

Un joven creador de moda imprime paredes de Madrid en la ropa

Puertas de hierro oxidadas, chorretones de sustancias no reconocibles petrificados en una pared; andamios, placas de yeso. La superficie de una ciudad es una combinación de elementos industriales, suciedad y materiales desgastados a los que no se les presta ninguna atención. Fijarse en ellos no es usual. Considerarlos un objeto artístico exige una explicación.

"La ruina de la ciudad me encanta. Todas las texturas rotas son muy bellas". Pablo Ruiz Galán, un diseñador de moda madrileño de 25 años, ha tenido la idea de crear una colección de prendas masculinas con trozos de la ciudad estampados, pero no con estampas de la ciudad: no imprimirá en sus modelos el Madrid de las postales, una foto de la Puerta del Sol, de la Gran Vía o de un limpiabotas lustrando zapatos, sino rincones que no identificaría ni el albañil que los puso en pie.

Estampa en las prendas imágenes de placas de metal o muros de hormigón

"El diseño de ropa, como el arte, no tiene por qué valer para algo"

Para grabar la ropa usa la técnica de termosublimación con tintas dispersas

"La moda es un mundo muy extenso, no solo famosos e imagen"

Cinco años después de pegar su primera puntada con un hilo y un dedal, cuando entró en la Escuela de Arte Nº 2 de Madrid tras huir corriendo de sus estudios de comercio internacional, Ruiz Galán prepara Urbe, su tercera colección de moda (las dos anteriores no se comercializaron, se expusieron en el Museo del Traje) entre su taller del distrito de Retiro y las calles de la capital: "Paso días enteros buscando localizaciones", comenta.

En su espacio de trabajo hay un mapa de Madrid con una treintena de círculos de bolígrafo, los sitios que ha fotografiado para ilustrar sus diseños: un detalle ampliado de una pared de acero perforado de la ampliación del Museo Reina Sofía; una barandilla a la entrada del metro del paseo de Extremadura; una persiana de un apartamento de la plaza de España...

"Es una visión subjetiva, más hostil, de las superficies de la ciudad: el hormigón, las planchas de metal...", explica el creador, que imprimirá en su ropa imágenes manipuladas y otras sin tratar, en bruto.

Presentará su colección durante la Cibeles Fashion Week, a mediados de septiembre, aunque no en las pasarelas de Ifema; lo hará en Clorofila Digital, el espacio de exposición de su mecenas, la compañía de impresión Fotosíntesis.

"No es ropa para llevar", avisa Ruiz Galán. Bueno, se corrige. "Puedes ponértela, vamos, pero depende de ti". Las prendas de prueba que tiene en su estudio, donde dirige un equipo de tres confeccionadores, tienen formas poco acostumbradas que recuerdan a maquetas arquitectónicas. Manda la estética: "La moda, como el arte, no tiene por qué valer para algo", sostiene el joven diseñador.

Hay una paradoja en su manera de crear. Por un lado, rebusca rotos y descosidos por las paredes de la ciudad; por otro, trabaja sus prendas con un perfeccionismo que no admite fallos. "Siempre estoy observando los errores de la ropa", cuenta, tras juzgar con severidad las asimetrías de la camiseta de rayas del periodista.

La técnica de estampado de su colección Urbe demuestra su voluntad de precisión. Fotosíntesis utilizará un método de impresión con un nombre babilónico: termosublimación con tintas dispersas. "Es tinta microencapsulada que estalla al pasar por la calendra [un hornillo] y se inyecta por toda la tela", explica el jefe de la empresa, José Luis Cano, patrocinador del proyecto de Ruiz Galán: el diseñador buscaba alguien que financiase su trabajo y el empresario una oportunidad para probar su compleja máquina en la impresión de telas. "Sin su ayuda, todo el trabajo se hubiese quedado en el cajón de mi casa", comenta el creador madrileño.

Camarero, dependiente de una cadena de ropa y empleado en una tienda de móviles antes que modisto, Ruiz Galán se desmarca del lado rosa del diseño. "La moda es un mundo muy extenso, no solo famosos e imagen", dice.

Deja que le hagan una foto para el reportaje, qué remedio, pero elogia el modelo de promoción de Martin Margiela, un diseñador belga que nunca aparece en las fotos y que se comunica con los periodistas a través del fax. "Tiene una imagen, su elemento corporativo: el color blanco", razona el joven creador madrileño, que tiene por símbolo de autor un dibujo de una llave que vio en una cerrajería del barrio donde viven sus padres, un profesor de historia y una escritora.

Rodeado de fotos de detalles urbanos y de antiguas máquinas de coser en su estudio, un almacén de la empresa que lo patrocina, con todos los patrones de su nueva colección listos -un fajo de recortes de papel de estraza colgado en un perchero-, Pablo Ruiz Galán prevé el futuro de sus ropas urbanas: "Saldrán a la venta o se moverán por exposiciones", dice. "A no ser que venga un empresario indio y me diga que las quiere fabricar en serie", bromea. Si ocurriese tal cosa, tendría que acostumbrarse a los flashes de los periodistas de Bombay.

El diseñador de moda Pablo Ruiz Galán en su estudio. / ÁLVARO GARCÍA

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