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Crónica:SUDÁFRICA 2010 | OCTAVOS: URUGUAY-COREA DEL SUR

Goles contra bofetadas

Luis Suárez, delantero uruguayo del Ajax, triunfa al fin después de una carrera llena de obstáculos

Educador, amigo y algo más, el mister Ricardo le cogió por la pechera y se lo dejó bien claro. "¡O empiezas a entrenarte y a centrar tu vida, o te vas de aquí!", le soltó con más dolor que otra cosa. Luis Suárez (Salto, Uruguay; 1987), que contaba con 14 años y vivía en un desbarajuste tremendo, asintió. Comprendió que el poco dinero que ganaba no podía gastárselo en bebida, en la noche o en caprichos. Que era un jugador más que prometedor del Nacional de Montevideo y que podía ganarse la vida con dos botas y un balón. Decidió viajar a Barcelona para ver a su novia Sofía, para decirle que dejaba los estudios pero que se dedicaría en cuerpo y alma al fútbol, que lo haría tan bien que ya no tendrían que preocuparse por el dinero. Cumplió con su palabra. Delantero centro del Ajax, ya está en el Mundial de Sudáfrica y hoy se medirá contra Corea del Sur en el primer partido de los octavos de final.

"Es un delantero demasiado peligroso frente al gol", le define Robert Witschge

En Montevideo intentó ayudar a la economía familiar trabajando como limpiador

Para Luis Suárez el Mundial lo es todo. Por eso, cuando Uruguay perdió ante Argentina en la fase clasificatoria y tuvo que jugar la reválida, se pasó tres días sin abrir el correo, sin responder los mensajes. "Lo siento, estoy muy triste", aclaró después a los amigos. El desconsuelo se le pasó al eliminar a Costa Rica y obtener el salvoconducto a Sudáfrica. Alcanzar el torneo fue un reflejo de su vida, plagada de topetazos pero siempre con un final feliz.

La primera bofetada le llegó a los nueve años, cuando su padre abandonó a la mujer y a los siete hijos. "Fue muy duro", admite Suárez, que aceptó el traslado de Salto a Montevideo e intentó ayudar a la economía familiar trabajando como limpiador; "pero siempre nos ayudó mi abuela, que impidió que pasáramos hambre". Su talento con el balón hizo el resto. Del Deportivo Artigas se marchó al Urreta y de ahí, a los nueve años, alcanzó el Nacional. "Pero empecé a beber, a salir mucho y a meter muy pocos goles", admite. Para ser exactos, en cadetes marcó ocho. Hasta que el mister Ricardo le cogió por la pechera.

Retomada la carrera y recobrado el gol, no tardó en despuntar en el Nacional, donde idolatró a Chevantón y Fonseca, su agente ahora. El salto a Europa lo dio en 2006, cuando lo fichó el Groningen, holandés. Y saldó la temporada con 14 goles. Suficiente para el ex futbolista Danny Blind, entonces en la dirección deportiva del Ajax, lo contratara por 7,5 millones. Luis ha respondido con creces, bien como extremo, bien como relevo de Huntelaar, con 17, 22 y 35 goles -pichichi- en las tres temporadas que ha completado en la Eredivisie. "Es un ganador. Un tipo demasiado peligroso frente al gol", le define al otro lado del teléfono Robert Witschge, hermano del ex azulgrana Richard y ex entrenador de Luis en el Ajax, cuando era el segundo de Marco Van Basten. "Un genio del balón", añade su compañero del Ajax Eyong Enoh. "Nunca sabes cuál es el próximo regate que va a realizar", amplía al tiempo que se le cambia el humor; está enfadado por la eliminación de su selección (Camerún) y ha perdido el 75% de la visión tras un balonazo que sufrió ante Dinamarca. "Pero por Luis, lo que sea", remata.

Lo mismo piensa Albert Luque, que coincidió con él en 2009 en el conjunto holandés. "Ahora somos muy amigos", explica cuando se le saca a colación que acabaron un partido a puñetazo limpio. Por eso se ven cada dos por tres en Barcelona, junto a la familia de Sofía. "Ya me ha dicho que tiene muchas ganas de medirse con España, de eliminarla", aclara Luque, que desliza que han hecho una apuesta al respecto. "No me extraña", señala Witschge; "solo piensa en ganar. Y los rivales deberían vigilar porque siempre vuelve locos a los defensas".

De marcar un gol, como el que le hizo a México, Luis Suárez lo celebrará como siempre, con la mano a modo de pistola. Así lo decidió un día tras varias horas delante del espejo. "Porque quería tener un gesto característico", conviene el delantero, que en Uruguay juega de extremo para que Diego Forlán ponga el punto y final a las jugadas en el área. "No me sorprende su Mundial", aclara Witschge; "está para un grande". Pero por el momento, el joven delantero se centra en el duelo contra Corea. Así se lo exigiría el mister Roberto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de junio de 2010