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Entrevista:PABLO FORLÁN | Ex jugador de Uruguay y padre de Diego Forlán, ariete del Atlético | SUDÁFRICA 2010 | El retrovisor

"Un Mundial es muy fácil de ganar"

Pablo Forlán (Soriano, Uruguay; 64 años) forma parte de una de las sagas más exquisitas de los Mundiales. El padre de su esposa, Juan Carlos Corazzo, dirigió a la selección celeste en el Mundial de Chile 1962. Él mismo, defensa que hizo carrera en el Peñarol, São Paulo y Cruzeiro, participó en las ediciones de Inglaterra 1966 y Alemania 1974. Su retoño Diego, El Cachabacha, el héroe del Calderón, el delantero que devolvió los títulos al Atlético, revive desde hoy las sensaciones que descubrió hace ocho años en Corea del Sur y Japón. "Formamos una generación única. ¿Abuelo, padre e hijo dando guerra en las Copas del Mundo? ¿Alguien da más?", se emociona don Pablo, que solo deja de hablar para respirar.

"Contra Alemania, en 1966, nos anularon dos goles, expulsaron a dos... Fue un robo"

Pregunta. Muy pocas familias pueden decir lo mismo.

Respuesta. Tenemos una historia futbolística muy arraigada. Los Mundiales corren por la sangre de nuestras venas. Es algo que te llena de orgullo. Pertenecer a esta estirpe, poder contar que he recorrido el mundo con Peñarol, São Paulo, Cruzeiro, la selección... Que mi hijo haya seguido el mismo camino me enorgullece. Para empezar, por lo saludable que es el deporte.

P. ¿Cómo empezó todo?

R. Todo empezó con el abuelo, que jugó muchos años en Independiente. Formó la línea media famosa de los años 30 junto a Ferrí y Armiñán. Increíblemente, se dio que Diego fue a jugar allí. Después fue técnico mío en la selección. Mi suegro fue dos veces campeón de la Copa América (1959 y 1967). Es el único junto a Alfio Basile que puede decirlo.

P. ¿Le puso alguna traba?

R. Participé en la victoria de 1967. Los técnicos que tuve siempre me dieron libertad. Yo era un lateral derecho de ataque. Me iba mucho arriba. Era un poco al estilo de Dani Alves. Apoyaba mucho a los delanteros con mis idas y venidas. Me proyectaba, trataba de llegar al fondo y centrar o lanzar la diagonal. Teníamos buenos cabeceadores que ganaban por arriba. Así, con Peñarol, fuimos campeones de América y de la Copa Intercontinental.

P. La experiencia fue más amarga en Inglaterra 1966.

R. Pasamos la primera fase y no nos dejaron llegar más lejos. En los cuartos jugamos contra Alemania y Argentina contra Inglaterra. A nosotros nos arbitró Finney, un británico, y a ellos un alemán. El tipo nos anuló dos goles: uno que pegó en el travesaño y entró más de metro y medio y otro que el lateral izquierdo, Schnellinger, muy rubio y que jugaba en el Milan, sacó de debajo de los palos. Para colmo, nos expulsaron a Troche a los cinco minutos de la reanudación y a Silva tras una entrada a Haller. Cuando no te dejan ganar... Perdimos por 4-0. Fue un robo. Nos sacaron vulgarmente de la casilla. Lo lamento por el técnico, Andino Viera, un anciano dedicado, el inventor del 4-2-4 en Brasil.

P. ¿No guarda ningún momento agradable?

R. Sí, Bobby Charlton era muy fino. Comparar es difícil en el fútbol, pero lo haría con Di Stéfano. Era un estilista, técnicamente depurado. Otro que me gustó fue Bobby Moore, un zaguero con exuberancia y prestancia. Los grandes equipos se caracterizaron y se armaron siempre desde atrás. Los cimientos de la casa tienen que ser firmes.

P. Quién mejor para decirlo que un uruguayo.

R. Siempre fue así. Eso fue lo que nos llevó a ganar dos Mundiales y 14 Copas de América. Somos tres millones de habitantes, ¡como un barrio de São Paulo! Hay 200.000 niños de entre cinco y 12 años dándole. Así que alguno importante va a salir siempre. Caminas por Montevideo o el interior y ves las casitas de barrios pobres y están todos jugando... Lo primero que hace el padre de un niño que nace varón es ponerle una pelota en la cuna. Es su primer juguete. Por eso siempre sacamos un goleador, un portero, un lateral...

P. No les sirvió de mucho en Alemania 1974.

R. A México 1970 no fui porque entonces ya jugaba fuera de Uruguay y lo normal es que fueran los que disputaban el campeonato local. En Alemania nos encontramos con una selección que no conocíamos bien, Holanda. Sabíamos más del Ajax, que era la base de la naranja. Para mí, su líder era Van Hanegem, un zurdo alto, espigado, de buen manejo de la pelota, que jugaba en la mitad de la cancha. Era el gran líder. Hablaba constantemente. Verles era hermoso, pero sintieron la presión ante Alemania, llena de veteranos. ¿Nosotros? No rendimos lo que debimos. Quedamos los últimos del grupo, en el que también estaban Suecia y Bulgaria. Había muchos cracks y, bueno, cuando hay tantos pasan cosas. Muchas veces es mejor tener un grupo unido que muchas estrellas. No porque usted contrate grandes jugadores le van a garantizar ser campeón. El fútbol es de 11. Se precisa de todos, de buena técnica, de luchadores que pongan temperamento y transmitan a los compañeros...

P. Algún consejo le habrá dado a su hijo...

R. Ya le dije varias veces que el Mundial es el campeonato más fácil de ganar. ¡Mire lo que le digo, hay que tener argumentos para hacerlo! Y los tengo. Si acudes a un Mundial es porque te lo has ganado. Sin embargo, muchas selecciones no se dan cuenta de que solo siete encuentros te separan de ser campeón. ¡No hay campeonato en el mundo más fácil! La Liga española son 38 partidos; lo mismo la inglesa, la italiana... Diego ya se lo ha metido en la cabeza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de junio de 2010