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sábado, 5 de junio de 2010
Necrológica:

António Rosa Coutinho, el 'almirante rojo' portugués

Era el último de la Junta de la 'revolución de los claveles'

António Alva Rosa Coutinho era el último superviviente de la primera Junta de Salvación Nacional formada por los militares portugueses que el 25 de abril de 1974 derrocaron a la dictadura y el régimen colonial. Conocido como el almirante rojo por sus posiciones izquierdistas, fue un protagonista destacado de la revolución de los claveles, no exento de polémica. Falleció el miércoles, 2 de junio, en Lisboa, a los 84 años, después de una larga enfermedad.

Los comentarios dejados por sus partidarios y sus detractores en las ediciones digitales de los diarios portugueses son el último testimonio de la disparidad de las opiniones sobre este militar de cabeza afeitada y mirada penetrante. Quienes lloran su muerte lo recuerdan como "un héroe que abrió la puerta a la independencia de las colonias africanas". El Partido Comunista Portugués le describe como "un aliado y un amigo" de los portugueses. Sus adversarios deben brindar con cava. "Murió el hombre que quería que todos los blancos hubieran zozobrado en Angola", escribió un lector en la página web del Diário de Notícias.

Nacido en Lisboa, como oficial de la Marina pasó buena parte de su carrera en navíos hidrográficos. Durante la guerra colonial fue capturado, en los años sesenta, por una de las organizaciones guerrilleras angoleñas cuando participaba en una misión en el río Zaire. Tras el derrocamiento de la dictadura, fue nombrado alto comisario en Angola y, posteriormente, miembro del Consejo de la Revolución y de la Comisión de Extinción de la PIDE (policía política salazarista) y de la Legión Portuguesa. Fue un actor principal en el proceso de radicalización revolucionaria del año 1975, pero en el intento de golpe izquierdista del 25 de noviembre mantuvo una actitud institucional, leal al presidente de la República y jefe de las Fuerzas Armadas, el general Francisco da Costa Gomes. La contrarrevolución que siguió a esta fecha acabó apartando al almirante rojo de los primeros palcos.

En el momento culminante de la revolución llegó a ser el oficial de mayor graduación del Ejército portugués por el escalafón -almirante de cuatro estrellas-. Hasta que fue pasado a la reserva por el Estado Mayor de la Armada, después de ser juzgado y absuelto por el Consejo de Disciplina Militar por supuestas faltas profesionales y morales. Los mandos castrenses aprobaron posteriormente su reintegración al servicio activo, y Rosa Coutinho acabó solicitando el retiro voluntario, disconforme con la nueva ley de las Fuerzas Armadas que, en su opinión, convertía "a los militares en ciudadanos de segunda".

Marcha contra la OTAN

Lejos de los cuarteles, participó en los movimientos de solidaridad con Angola y en campañas de apoyo a partidos de la izquierda portuguesa, y dirigió una empresa de importación y exportación que trabajaba con Angola. En febrero de 1984 participó en la marcha que llevó a más de 50.000 personas a la base norteamericana de Torrejón de Ardoz, en Madrid, para pedir la salida de España de la OTAN.

"Aspirábamos a lo máximo cuando impulsamos la sublevación militar del 25 de abril de 1974", declaró a este diario 24 años después de la revolución. "Todo era posible en aquella época y, desde luego, la radicalización nos llevó también a la ingenuidad, porque el pueblo portugués pensó que podíamos alcanzar una sociedad socialista. Pero no era posible una nueva Cuba en Europa".

Como otros actores del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), que acabó con la dictadura salazarista sin disparar un solo tiro, Rosa Coutinho pasó al rincón del olvido para la mayoría de portugueses. Quién se acuerda de nombres como Vasco Gonçalves, Otelo Saraiva de Carvalho o Ernesto Melo Antunes. El almirante rojo lo explicaba así en aquella entrevista: "Los militares del 25 de abril fuimos marginados y la participación en la revolución perjudicó posteriormente nuestras carreras. Todos los partidos políticos, sin excepción, nos desplazaron. Es un fenómeno de mala conciencia, porque nosotros sacamos las castañas del fuego, pero otros se las comieron".

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Rosa Coutinho, en el aniversario de la revolución de 1990. / EFE

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