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Análisis:EL ACENTO

Galaxia Mourinho

La galaxia de Florentino Pérez se dispone a entrar en una fase nueva. El Real Madrid entregará todo el poder sobre el equipo de fútbol, antes en las manos omnipotentes del presidente del club, al portugués José Mourinho, ex entrenador del Inter de Milán y campeón de Europa.

La singularidad se manifestó incluso antes de su designación con señales nunca vistas. Todavía no se había firmado el finiquito

de Pellegrini cuando Mourinho (Mou) ya zascandileaba por Milán cultivando la flor de su fichaje y detallando lo que haría y lo que no haría en el Real Madrid.

Mou es una franquicia off shore que se rige por pautas algo alejadas del fair play; las buenas relaciones con el resto de actores del escenario futbolístico le deben interesar lo mismo que la teoría de la transvaloración de Nietzsche. Como diría Miguel Boyer, Mou es entrenador del Madrid a petición propia. Florentino se limitó a firmar lo que el luso agitador, los astros y la prensa deportiva ya habían dictaminado.

Expertos en psicología de los número uno despliegan teorías de perra gorda sobre el nuevo capo: su carácter provocador, su afición a estrategias defensivas, el rencor contra el Barça de cuando fue número dos de alguien, su catolicismo acendrado, la impronta derechista familiar. Cortinas de humo. Mourinho se parece a Pérez en que ambos son discípulos de Helenio Herrera, que formuló en los sesenta el dogma del utilitarismo: "El que quiera el mejor equipo del mundo, que compre los mejores jugadores del mundo". Ni mérito, ni gestión deportiva, ni cantera, ni tontunas por el estilo.

Puesto que lo que cuenta es ganar, con buen o mal estilo, Mou se ha especializado en ordeñar la ansiedad de clubes huérfanos de títulos. Así explotó las angustias de Abramóvich en el Chelsea y de Moratti en el Inter, y lo hará ahora con las de Florentino.

Esta es la fea estética de la operación: 10 millones netos al año para la franquicia Mou, además de lo pagado para que el Inter le dejara ir, en un país que acaba de congelar las pensiones y bajar el sueldo de los funcionarios. En esto, la España del Real Madrid se parece a la Grecia del Olimpiakos del basket. ¿Sería mucho pedir que algún socio inquiera

si la vorágine de técnicos, jugadores y despidos millonarios constituye una gestión improcedente de los recursos del club?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 30 de mayo de 2010