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sábado, 15 de mayo de 2010
Reportaje:Vida&artes

El español es un imán

La tasa migratoria a España de países de habla hispana es el triple que a otras naciones más ricas debido al idioma - Los latinos ganan un 15% más de media que el resto - Sus dialectos enriquecen el habla peninsular con palabras en desuso

Muchos hablan inglés o francés, otros tienen familia en otros países de la UE o en Estados Unidos y también los hay que han viajado a esos otros sitios. Pero al final han preferido emigrar a España. La lengua es el motivo principal. Aunque también influyen factores como el vínculo histórico de Latinoamérica con España, de tradiciones (como la religión católica), la preferencia de la población española por esta emigración frente a la del resto de países en desarrollo (tal y como señalan las encuestas) y, por supuesto, la política de inmigración del país escogido. En el caso de España, los inmigrantes de Hispanoamérica una vez aquí, ganan además un 15% más de media que el resto de los inmigrantes y aportan a la denominada lengua peninsular riqueza lingüística e incluso promueven la recuperación de vocablos que estaban en desuso.

Hay más paro entre los extranjeros que no dominan el castellano

El vínculo histórico con el lugar de origen influye en la elección del destino

Las peculiaridades de sus dialectos se irán perdiendo en la segunda generación

"Este es un capital humano que ha venido a quedarse", dice una experta

El 44% de los españoles cree que estos inmigrantes no son "demasiados"

Los extranjeros que hablan bien español tienen menos contacto con su país

El estudio Emigración y lengua. El papel del español en las migraciones internacionales, realizado por un equipo de economistas y sociólogos españoles e hispanoamericanos ha analizado, en España y en Estados Unidos, hasta qué punto el compartir una lengua oficial potencia la elección de ese país para emigrar. Y también han analizado cómo afecta a los ingresos. Estos investigadores han concluido que la tasa de migración casi se triplica (se multiplica por 2,7) si el país de destino tiene como lengua oficial el español.

Es decir, aunque hablen inglés o francés y se puedan a ir a otros países más ricos, con menos paro o más prestaciones sociales para los extranjeros, como Francia o países más al norte de Europa, prefieren España. En la actualidad, hay 20 naciones en el mundo, aparte de España, que tienen el español como lengua oficial, las 19 de Hispanoamérica (incluido Puerto Rico) más Guinea Ecuatorial (junto con el francés).

El catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense, José Antonio Alonso, uno de los dos directores de este estudio, resalta que las razones principales del imán del español tienen que ver con lo económico: pertenecer a una comunidad lingüística común reduce los costes asociados a la migración y limita los riesgos para el inmigrante en el mercado laboral de destino. Pero además es ventajoso para el país de destino y reduce el coste de la integración del extranjero.

El análisis realizado en Estados Unidos concluye que en el caso de la inmigración de países en desarrollo de lengua inglesa a esa nación, la tasa también es más elevada que a otros lugares, del doble. Llegan además a una esperanzadora conclusión para el español: empieza a estar bien visto en el mercado laboral norteamericano. José Antonio Alonso lo explica: "En los últimos años ha empezado a haber en EE UU una prima asociada al conocimiento del español, cuando se domina, lógicamente, además del inglés. Antes ese bilingüismo estaba penalizado por el mercado norteamericano con salarios más bajos, como se observa en estudios realizados antes de los años noventa. El mercado castigaba al que sabía español porque se asociaba a un estrato social inferior", explica el economista.

Volviendo al español, los datos reflejan que el peso de la inmigración de lengua hispana en el mundo no es menor. Algo más de un tercio de los inmigrantes registrados en España (el 34%, en 2008) proceden de países que tienen el español como lengua oficial. Y, según los datos de Naciones Unidas, los países de habla hispana aportan, a nivel agregado, el 11% del stock de emigrantes (190 millones de personas) que hay en el mundo.

"La lengua es uno de los tres principales instrumentos de integración, junto al empleo y la regulación de la situación en el país", analiza el catedrático de Sociología de la Universidad de A Coruña, experto en inmigración, Antonio Izquierdo. "En el caso del español, no hay que confundir la lengua con la tradición migratoria, con los vínculos coloniales. Esto quiere decir que además de la lengua hay otros factores que influyen en que los latinoamericanos, por ejemplo, vengan a España. Y otro de ellos es, por supuesto, las políticas de inmigración. Muchos latinoamericanos seguramente no van a Estados Unidos porque es menos accesible que España, hay un mayor control de los flujos y más eficaz. Porque, además, para muchos inmigrantes el manejo de una nueva lengua está resuelto en un año. Así que hay que mirar también los demás factores", añade este experto.

Es decir, en cierto modo, todo está relacionado. La migración tiene mucho que ver con las políticas que siguen los países y estas a su vez con las tradiciones históricas. "Los países nórdicos tienen una tradición más de favorecer una migración de refugiados y exiliados y menos de búsqueda de mano de obra determinada. Europa se divide en los nórdicos, que tienen esa tradición, la parte central, que en la que predomina la reagrupación familiar y el sur, la llegada de trabajadores solos. Y países como Australia y Canadá tienen un sistema migratorio de arraigo, dan puntos por cuestiones como la cualificación, la juventud o la llegada en familia", añade Izquierdo.

La selección de la migración es capital para un país, pero en lo que no se suele caer en la cuenta es en que la migración es ya selectiva por sí misma. Es decir, no es verdad que los inmigrantes reflejen la pobreza del país del que proceden. A veces, al revés. Los expertos recuerdan que la media de los inmigrantes que se mueven de un país nunca ha sido representativa de la situación de la población en ese país. Las personas no se van de un país aleatoriamente, lo hacen según su edad, sexo, cualificación o ubicación. Obviamente, los pobres de solemnidad, la población que vive en zonas sin recursos educativos ni sociales ni se lo plantea. La población que emigra busca mejorar sus condiciones de vida, básicamente, mediante un mejor salario.

El estudio sobre la emigración y la lengua, que forma parte del proyecto El valor económico del español, promovido por la Fundación Telefónica, se ha realizado a partir del análisis de los microdatos de la última Encuesta Nacional de Inmigración, de 2007 (realizada entre 15.465 personas a lo largo del último año y medio). Esto ha permitido al equipo de investigadores obtener, además, una foto más exacta de la situación de esta población inmigrante. Han concluido, por ejemplo, que los inmigrantes que dominan el español ganan un 15% más de media que los demás. Y si se comparan con los que no hablan nada de esta lengua, la diferencia salarial sube hasta el 30%.

La integración y su relación con el dominio del español es el último aspecto analizado. El porcentaje de hijos de inmigrantes que hablan bien español que llegan a estudiar al menos el Bachillerato o la FP (es decir, estudios posobligatorios) es del 17,5%, y los inmigrantes que saben bien español tienen menos contactos con su país de origen, obtienen más permisos de residencia permanente y habitan en zonas con menos problemas.

En la integración es importante el papel de las redes. Las de latinoamericanos en España son cada vez más potentes. Mercedes Fernández García también opina que los análisis de las migraciones realizados señalan que, en general, "las personas emigrantes fijan su proyecto hacia los países con los que existe un vínculo histórico o económico con su nación de origen". Es investigadora del Instituto Universitario de Estudios sobre Migración de la Universidad Pontificia Comillas y directora de la revista Migraciones de esta institución. "De ahí que los paquistaníes o nigerianos se vayan a Inglaterra; los senegaleses, a Francia, y los latinoamericanos, a España. Y son teorías que están siendo confirmadas por lo que está pasando. En el caso de España, es además un capital humano que ha venido a quedarse, que genera una dinámica comercial muy fluida y es un buen mercado para la banca española", añade la investigadora. "Estos lazos, incluido el de la lengua, hacen sin duda más fácil el proceso de integración", apostilla.

Fernández García resalta un dato de la encuesta de población activa: "El 37% de los inmigrantes latinoamericanos tiene el segundo ciclo de la secundaria y el 14%, son universitarios. Suma un porcentaje similar al de españoles con ese nivel educativo: el 18% tiene el segundo ciclo de la secundaria y el 23%, son universitarios".

Los españoles tienen además buena imagen de estos extranjeros, a tenor de lo que reflejan las encuestas. Según un sondeo realizado entre españoles por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), difundido el 23 de diciembre de 2003, un 44% de los encuestados opina que los inmigrantes latinoamericanos que viven en España "son bastantes, pero no demasiados". El estudio concluyó también que los argentinos "despiertan mucha simpatía y confianza", seguidos por los mexicanos y venezolanos.

La integración de los latinoamericanos tiene además doble efecto positivo en la lengua, como resalta el académico José Antonio Pascual. "Si un madrileño se va a vivir a Sevilla, no adopta el dialecto de allí, sigue usando el suyo, pero su hijo ya sí lo adopta. Es lo que pasa cuando en una lengua nos encontramos con distintos dialectos. Los inmigrantes vienen con las peculiaridades de sus dialectos y las mantendrán al menos en la primera generación, pero no es previsible que ocurra igual en la segunda o tercera. Para eso tendrían que permanecer en un gueto, con costumbres e idioma distintos", explica este historiador de la lengua.

"Pero la lengua no es un elemento más de una comunidad cultural. Influye la forma de dialogar, de dirigirse a los demás. Y la manera de pedir un vaso de agua de un latinoamericano es más educada, más cuidadosa y elegante. Pero a menudo no se sabe apreciar, se interpreta mal, porque que vengan a España a realizar trabajos menos cualificados no quiere decir que no tengan una buena cultura". "Por eso", concluye el académico, "es importante que haya un cambio de mentalidad, que se aprecie con naturalidad lo que podemos aprender de ellos y la influencia que pueden tener en la recuperación de algunas palabras que ya no se usan, porque claro que hay un influjo, pero una cosa es la unidad de la lengua y otra la uniformidad".

Y acaba poniendo ejemplos de palabras que se usarán más: "Atorarse, tránsito por tráfico; angosta, para una escalera estrecha...".

Una familia realiza los trámites para obtener la residencia en una oficina de extranjería española. / M. ZARZA

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