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Reportaje:XXVII Premios Ortega y Gasset de Periodismo

Contra el abuso de poder, periodismo

Los Ortega y Gasset reconocen la valentía de los informadores y reivindican el oficio de contar la verdad - Jean Daniel, Torrea, Cendón y EL PAÍS, galardonados

Con paciencia y determinación, siguiendo el rastro de billetes de 500 euros o indagando en el protocolo del Vaticano, se puede llegar a destapar la mayor trama de corrupción política de la democracia española. Eso es periodismo. Y también buscar los rostros y las voces que nunca tienen cara ni nadie escucha. Es lo que han hecho los ganadores de los Premios Ortega y Gasset de Periodismo que ayer, cuando se cumplían 34 años de la salida de EL PAÍS, recogieron sus galardones en una ceremonia en la que se ensalzó la valentía del periodismo que lucha contra los excesos del poder. De ese oficio que consiste en verificar la información y contar la verdad, tal y como defendió el consejero delegado del Grupo PRISA, Juan Luis Cebrián.

La entrega de la 27º edición de estos galardones reunió a representantes del mundo de la política, la cultura, las finanzas y los medios de comunicación. Y quién mejor que Jean Daniel para representar los valores de un oficio que busca esa verdad con independencia y rigor. La trayectoria de este insobornable periodista francés, nacido hace 90 años, es todo un ejemplo del periodismo de denuncia, del que combate la mentira con determinación y coraje. El fundador de Le Nouvel Observateur, que sigue siendo una de las conciencias críticas de la izquierda, recibió el premio a la más destacada trayectoria profesional. Daniel se declaró feliz y orgulloso de dedicarse a un oficio tan extraordinario -"el más noble del mundo"-, pero el que requiere una mayor exigencia moral.

En esta edición, los Ortega y Gasset, que contaron con la presencia de la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, y los ministros Carme Chacón (Defensa), Miguel Ángel Moratinos (Exteriores), Bibiana Aído (Igualdad) y Beatriz Corredor (Vivienda), han querido reconocer, como mejor trabajo de periodismo impreso, la investigación que un equipo de EL PAÍS ha realizado, pese a obstáculos y zancadillas, sobre el caso Gürtel, en el que están implicados altos dirigentes del PP. En nombre de los periodistas que han trabajado durante 14 meses para destapar la trama, recogió ayer el premio el subdirector del periódico José Manuel Romero, que quiso compartirlo con todas esas "redacciones de medios, grandes y pequeños, que han trabajado con idéntico afán".

Desde el que dice lugar más peligroso del mundo, Ciudad Juárez, llegó Judith Torrea, una periodista de 37 años que ha contado desde la frontera mexicana historias que pocos se atreven a contar. En su blog Ciudad Juárez, en la sombra del narcotráfico, Torrea denuncia día a día el acoso que sufren los habitantes de esta localidad, paso obligado de la droga que viaja desde Colombia a EE UU. Muy emocionada, la bloguera anunció que parte del premio irá a parar a un proyecto a favor de los 10.000 niños huérfanos que ha dejado a su paso el terror del narcotráfico.

Y desde Somalia llegaron las imágenes que han merecido el premio a la mejor información gráfica. Su autor, José Cendón, tiene 35 años y a sus espaldas un secuestro de 40 días. Con naturalidad, el fotógrafo quiso rendir un homenaje a África, un continente que "lamentablemente no importa a los medios de comunicación".

El acto lo cerró Juan Luis Cebrián con una conferencia en la que ensalzó la grandeza del periodismo y destacó el incierto futuro de la prensa escrita. Cebrián resaltó la necesidad de los ciudadanos de estar informados, y reflexionó sobre el impacto de las nuevas tecnologías. "La irrupción de Internet ha trastocado los modelos de relaciones sociales, y con la crisis los medios se encuentran ante un complejo proceso por su supervivencia", aseguró Cebrián, quien se mostró convencido de que el mundo de los diarios tal y como los hemos vivido toca a su fin. A pesar de ello, el periodista y académico señaló que lo que nunca desaparecerán serán los periodistas, sea cual sea su medio de expresión, "si no queremos que la convivencia democrática se vea seriamente dañada".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de mayo de 2010