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martes, 4 de mayo de 2010

El galleguismo olvidado de Wenceslao Fernández Flórez

Identificado con la derecha, criticó a la Iglesia y los toros

En plena dictadura franquista, abanderó y ganó la batalla, desde el sillón S que ocupaba en la Real Academia Española, para que el gallego dejase de ser dialecto y pasase a tener categoría de lengua. Aunque poco publicó en el idioma vernáculo, era ferviente defensor del gallego y del galleguismo, combatiente contra el caciquismo o la emigración. Periodista y novelista, destacado humorista y artista de la retranca, Wenceslao Fernández Florez (A Coruña, 1885-Madrid, 1964) es "una figura injustamente olvidada". Aprovechando que se cumple 125 años de su nacimiento, una romería el Día das Letras Galegas en ese rinconcito de la fraga de Cecebre que inmortalizó su famoso Bosque animado buscará revitalizar la figura del escritor. Ese encuentro en Villa Florentina, la casa familiar reconvertida desde 2002 en lugar abierto al ocio cultural y literario, será ocasión de sacar del olvido, "en este momento de polémica por el gallego", la bandera por su lengua que enarboló Fernández Flórez, cuenta el director de la fundación que lleva su nombre Antonio Montero.

"La dictadura lo veía con recelo porque atacó sus pilares con virulencia"

Cuando en 1906, a la temprana edad de 21 años, se convierte en director del semanario La Defensa de Betanzos, sus editoriales son incendiarias denuncias contra el caciquismo. Pocos saben que este amigo y defensor de Castelao, al que llamaba "el Gandhi gallego", formó parte del equipo de redacción de la revista Nós o que, ya haciendo carrera en Madrid, participó activamente en la colección Lar creada por los galleguistas para fomentar la lectura. Allí publicó obras como A miña muller o O ilustre Cardona. Olvidada también está esa antología de poesía gallega que Fernández Flórez publicó en 1929.

La Fundación Wenceslao Fernández Flórez, iniciativa de un grupo de vigueses encabezados por Xaime Illa Couto, Carlos Casares o Francisco Fernández del Riego, también prepara un homenaje en Madrid a un cronista y periodista que fustigaba con su pluma todo tipo de poderes. El novelista enterrado en A Coruña era ideológicamente de derechas, antimarxista convencido, pero crítico acérrimo del Ejército, de la Iglesia o de las corridas de toros. "No se casaba con nadie, era antitaurino, antifútbol en cuanto a control de las masas, defensor firme del aborto y de la igualdad de la mujer", destaca el director de la fundación. No sólo sus famosas crónicas parlamentarias, publicadas en ABC entre 1924 y 1936 bajo el epígrafe de Acotaciones de un oyente son prueba de su incisiva pluma contra políticos de diestra y siniestra.

Y casi con más reconocimiento fuera que dentro de España, donde no existe, salvo la fundación que financia la Diputación de A Coruña y el Ayuntamiento de Cambre al que pertenece Villa Florentina, ningún recordatorio de este autor, que se convirtió en académico en 1945 con un texto sobre el humorismo en la literatura española. Wenceslao Fernández Flórez, autor de 34 guiones de cine y de varias novelas llevadas a la gran pantalla, casi se le conoce sólo por la mundialmente famosa novela de El bosque animado. Pero su obra está traducida a muchos idiomas. Recientemente se descubrió una versión inglesa de Las siete columnas, esa obra que le valdría en 1926 el Premio Nacional de Literatura. Un ejemplar de 1934 de una prestigiosa editorial británica permanecía en la biblioteca de The New York Times.

Antonio Montero pone este ejemplo para reclamar más consideración y reconocimiento nacional por un autor que se encasilla "injustamente" con el franquismo, "cuando en realidad la dictadura lo veía con recelo porque atacó a sus pilares con la misma virulencia" con la que fustigaría al Gobierno republicano del Frente Popular. "Franco lo conocía por que su padre era de Ferrol y porque él dirigió en 1907 el Diario Ferrolano, pero Wenceslao nunca se fió", afirma el director de su fundación. Y "restaurar esa figura olvidada ahora que tanto se habla de recuperar la memoria histórica" es objetivo de esas citas literarias que cada fin de semana se desarrollan en Villa Florentina, al pie de la fraga de Cecebre.

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