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Reportaje:LAS FIESTAS DEL PRÍNCIPE SAUDÍ

Las 'velinas' del jeque

Mujeres exuberantes son seleccionadas varias veces al año para animar las fiestas privadas de un príncipe saudí. Paraísos lejanos y 1.500 euros atraen a modelos, bailarinas y ex 'misses'

Quiero a ésta. A ésta... y a ésta también". El joven jeque marca con el dedo a las modelos que le acompañarán en su mesa durante la velada. Anochece en las Islas Seychelles y la millonaria fiesta de recaudación de fondos para la ong Save our seas, dedicada a la protección de los océanos para las futuras generaciones, acaba de empezar. El anfitrión, un príncipe saudí que se hace llamar Aldo, se sonríe por un nuevo éxito de sus eventos: han acudido más de 80 invitados de lujo. Le gusta también el grupo de despampanantes mujeres de todo el mundo que ha viajado hasta una de las paradisíacas islas contratadas para la ocasión. Para su mesa elige a las más bellas y a las que tienen mejor conversación. Entre ellas hay varias españolas. Son modelos profesionales, actrices, bailarinas y ex misses, estrictamente seleccionadas en la habitación de un hotel en Madrid y en una agencia de Barcelona. Por 2.000 dólares, las elegidas se embarcan en vuelos con destino a paraísos lejanos como entretenemiento del príncipe y sus invitados. Chicas guapas para hombres ricos. Todo empieza con un casting.

Los organizadores no sólo buscan chicas guapas. "¿Sabes hacer algo especial?", preguntan a cada candidata

Algunas modelos acusan la excesiva supervisión que sufren. "Hay que estar siempre perfectas", se les dice

Habitación 205 del exclusivo hotel Me en la madrileña plaza de Santa Ana. Graciela, Silvio y Ricardo se toman un respiro. Ella, una peruana que ronda los 45 años, cejas dibujadas y pechos tan grandes como artificiales, se retoca en el baño. Ellos, cubanos y amigos desde hace dos décadas, miran sin prestar atención una tele de plasma. Fotos de mujeres ligeras de ropa y con poses sensuales salpican las paredes de la habitación. Una redactora de este periódico que se presenta como aspirante toca a la puerta. Graciela abre muy sonriente. Comienza la selección.

Mientras un Ricardo aplatanado ni se levanta del sillón, Silvio, un hombre corpulento vestido de Dolce y Gabana hasta el anillo, y Graciela, la mujer coqueta que toma las decisiones, dirigen la conversación. Quieren saber los gustos de la supuesta aspirante, sus estudios, aficiones e idiomas que domina.

-¿Sabes hacer algo especial?, pregunta Graciela después de un rato.

-¿A qué te refieres con algo especial?

- Pues no sé. Está muy bien si sabes bailar sevillanas, si haces trucos de magia, si se te da bien cantar...

- Pues no, la verdad, decepciona la periodista.

La charla continúa muy cordialmente aunque decrece el interés de la pareja: buscan mujeres con algún talento especial, con alguna habilidad. No vale cualquier chica mona.

-Silvio, ¿le hacemos la prueba del bikini?

-No hace falta. Con ese vestido que lleva lo vemos todo.

Acaba el encuentro y puntúan en un formulario la belleza, la personalidad y la flexibilidad de agenda de la candidata.

Si la modelo les cautiva, la invitarán al día siguiente a un cóctel en el mismo hotel para asegurarse de que no se equivocan. "Queremos ver cómo se mueve, cómo se relaciona con el resto de chicas, cuánto alcohol bebe, su elegancia...", explicaba Silvio la semana pasada cuando se enteró de la publicación de este reportaje. "Son eventos privados, de alto nivel y queremos que sigan siendo así".

Como dice Silvio, que se encarga de coordinar los espectáculos y acompañar a las chicas "en todo momento" durante los viajes, las que acuden a la cita -una más de las que Graciela convoca desde hace seis años- no son mujeres cualquiera. Son más que guapas, son preciosas, de pechos grandes y bonitas curvas; hablan idiomas, no pueden ser tímidas pero tampoco pasarse de listas, no vaya a ser que se descontrolen. Como se las contrata para entretener al príncipe, es indispensable que las modelos tengan talento, el que sea, desde fotografiar paisajes para una Ong a tener gracia contando chistes. Y siempre intentan que vaya alguna española "para que el príncipe recuerde sus raíces", suele comentar Graciela en los castings.

Las elegidas serán las encargadas de colorear un ambiente de lujo, de deliciosos manjares de pescado y marisco regados con el mejor vino, sirvientes en cada esquina y un desorbitado presupuesto de ocio: modelos, orquestas, bailarines, cómicos, motos de agua, submarinismo o inmersiones al fondo del mar en busca de los tiburones blancos, una especie que el misterioso príncipe protege desde la fundación Save our seas, la contratante de estos saraos, según confirma Silvio.

Los invitados, en los que también se piensa cuando se contrata a las modelos, forman parte de la élite de los negocios, la moda, el fútbol e incluso la política mundiales. Son los millonarios amigos y colaboradores del príncipe Aldo, a los que les sobra el dinero pero "les falta un empujoncito para soltarse" ilustra Verónica, modelo y encargada de la agencia de Barcelona que selecciona a las candidatas. Poco se sabe de este príncipe, cuya identidad real sus chicas desconocen y los organizadores mantienen en secreto. Con unos 35 años es rico y poderoso, "tiene un ejército que le protege". Amante del flamenco y la cultura española, tímido y de pocas palabras, suele gustar a las modelos.

"La chica tiene que parecer un invitado más, pero tiene que hacer algo. O bailar o cantar o hacer un pequeño desfile porque haya acudido algún diseñador", explica Verónica (los nombres de todas las chicas en este reportaje son supuestos). Ella percibe una comisión de 1.000 dólares por cada participante. "El 20% de la agencia y el 20% de la chica. Lo establecido legalmente", indica. En Madrid es una ex miss Cádiz la que convence -y a veces, insiste- a las chicas para aprovechar esta particular oportunidad laboral que recorre rapidísimamente las salas de espera de los castings, los mentideros de las modelos.

Es un jugoso negocio porque a Graciela -y al príncipe- no le gusta que las chicas repitan la experiencia y necesitan nuevas maniquíes en cada uno de estos eventos que se celebran al menos cuatro veces al año. Media docena de modelos relacionan a la ex miss con los viajes y aseguran haber sido invitadas por ella. Sostienen que se embolsa 500 dólares por candidata elegida. Un sobresueldo de miles de euros que, hasta ahora, ha conseguido sin demasiado esfuerzo porque al oír "vacaciones gratis" muchas chicas van solas. No convence, sin embargo, a las que ni se plantean pasar cinco días bailando las aguas a un señor que no conocen de nada por 1.500 euros. Que también las hay.

Seguros de que la aspirante es adecuada para una celebración de este nivel los organizadores confirman las fechas del viaje y le hacen llegar un papel con las instrucciones a seguir. "Este es un evento para que muestres tus talentos, habilidades y destrezas. También para que te diviertas, disfrutes y aprendas", reza en inglés el encabezamiento del escrito. El apartado de recomendaciones de la carta sugiere que la modelo debe dormir durante el vuelo, hacerse un tratamiento facial previo; y recuerda la importancia de "un pelo, una manicura y una pedicura impecables". Por último, las exigencias del vestuario: bikini por la mañana y "bonitos vestidos de cóctel" para la noche. "Asegúrate de que traes también vestidos de colores. Que no sean sólo largos y negros, por favor". La nota exige también"zapatos adecuados", es decir, tres pares de tacones dorados, plateados y negros.

El plan desconcierta a cualquiera. La siguiente conversación en susurros tuvo lugar el pasado diciembre entre dos aspirantes, mientras esperaban a que Graciela les atendiese en la habitación del hotel madrileño.

-¿Tu sabes bien de qué va esto?

-Es algo de azafata.

-¿De azafata? No tía, ¿no te han dicho qué es?

-Me han dicho que esta persona [Graciela]trabaja para unos árabes y que organiza fiestas en Seychelles. No quisiera que esto fuese una red de prostitución.

La organizadora, que al fin acaba de hablar por teléfono, corta la conversación de estas dos candidatas, una joven actriz y una modelo de ojos verdes y ascendencia árabe que domina la danza del vientre. Es la actriz quien relata con detalle los 40 minutos de conversación.

Graciela les vende muy bien el evento. "Nos dijo que habría dos bailarines para animar la fiesta y que tendríamos un maquillador cubano [Ricardo], un estilista de Johannesburgo y un grupo de filipinos y africanos para darnos masajes. Todos siempre a nuestra disposición". Les cuenta que habrá una "fiesta de disfraces secreta", cuya temática no se desvela hasta el mismo día, de "una fiesta flamenca" y "una noche de casino" a expensas del jeque. "Todo lo que ganéis os lo damos", les dice. Graciela se refiere a su equipo como "los que se ocupan de alegrar la vida al príncipe porque es un hombre muy estresado que viaja mucho" y, ya en confianza, les habla también del grupo de amigas alemanas que acudirán a este evento y que "juntas hacen cosas muy locas". Es encantadora con las chicas, le gustan, sobre todo la modelo, a la que adelanta: "Si al príncipe le gusta tu danza del vientre, igual habla conmigo en privado y me pide que te quedes unos días más".

El casting está a punto de terminar.

-¿Os han dicho que había que traer el bikini?, les pregunta.

-El bikini ¿para qué?, preguntan al unísono.

-No penséis mal, las fiestas son siempre vestidas, pero vamos a la playa, concilia Graciela, que aprovecha para contar una anécdota que presenta como obligatorio el uso del traje de baño.

"Tuvimos una vez una chica hindú que no quiso entrar al agua con bikini. Si lo llegamos a saber, nunca la hubiésemos traído". Es entonces cuandola organizadora se pone seria: "No quiero que penséis que esto es otra cosa, porque me han llegado rumores de que llevamos a las chicas a no sé dónde a hacer no sé qué", dijo Graciela, según la actriz. "Fue vaga, nunca dijo la palabra sexo, pero la entendimos".

Graciela no concretó a qué tipo de rumores se refería, pero sabe que los hay, y que las largas esperas de los innumerables castings de todo tipo que se celebran en Madrid son el escenario perfecto para propagar lo que podrían, o no, ser bulos que sí incluyen la palabra sexo. Verónica, desde Barcelona, coincide en haber escuchado que "algunas modelos de Madrid" dicen que acuden a estas fiestas "como putillas", pero ella cree que es un invento. "Los invitados del príncipe van a intentar acostarse contigo, está claro. Ellos creen que con nosotras, en general, deberían tenerlo más fácil. Pero tú, si ves que te apetece, le das coba; si no, te alejas para evitar malentendidos y ya está. Como en cualquier otra fiesta", resuelve una ex miss España, de 27 años, que viajó a Seychelles.

"Hay chicas que van a estos eventos para pillar al jeque, pero igual que una va a una discoteca y se acuesta con alguien que no conoce de nada", añade Verónica. "Son chicas que se han presentado a misses, no han ganado nada y se han quedado a trabajar en Madrid. Nunca llegan a hacerlo bien y acaban yendo a la discoteca Budah para encontrar un futbolista. Ésas son las que acaban montando el pollo", ilustra Verónica para describir el perfil de chica que, ella cree, alimenta los rumores. El asunto da mucho juego.

"Admito que cuando te vienen al principio con este cuento cuesta creerte que no haya nada raro detrás". Lo dice Verónica, la captadora de Barcelona, y lo reconocen tres de las elegidas, que han contado su experiencia como acompañantes del príncipe Aldo en diversos viajes a lugares de sol y playa. A Claudia la contrataron hace casi dos años para dar brillo a una fiesta privada del jeque -sin relación con la ong- en Cerdeña, la isla italiana donde estalló el escándalo de las famosas velinas que coloreaban las lujuriosas fiestas organizadas por el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi. Claudia cuenta hasta llegar allí no supo los detalles del evento y que, a pesar de que le habían dado una mala referencia, aceptó ir "con pies de plomo". "La fiesta fue en una casa maravillosa que tiene el príncipe en Porto Cervo; los invitados eran gente joven, guapa, la comida sencilla, pero exquisita", recuerda. Suele coincidir que el escepticismo inicial de las modelos se diluye con cinco días de sol y tratamientos de belleza. "Es el mejor evento en el que estado en mi vida", asegura la ex miss España, que se hospedó en el hotel que compró el príncipe en Seychelles. "Volvería a ir sin pensármelo", asegura también Claudia, que habla del príncipe como una persona "educadísima" y que "a pesar del dinero y el poder que tiene" le servía la comida en el plato. Malena, habitual en platós de televisión y ex novia de famosos, se estrenó en Agadir (Marruecos) y no dudó en repetir en Seychelles. Ella se define como el "bufón" del jeque, la que le hace reír y le saca a bailar..

Quien no volverá es la mexicana Virginia, una de las primeras modelos en acompañar al príncipe en las paradisíacas islas del Índico hace más de seis años. "A mí me vendieron una fiesta para ir como azafata. Fue una mala experiencia. No volvería ni loca y eso que este invierno [la captadora en Madrid] me ha insistido bastante", repite las dos veces que fue entrevistada a propósito de los viajes.

Ésta es su historia: "Estábamos ya cenando y uno de los invitados del príncipe que tenía sentado a mi lado empezó a hablarme. Se encaprichó conmigo y estuvo toda la noche insistiéndome, acosándome tanto que no sabía cómo librarme de él...". Graciela, entonces, enfureció. "Pensé que se había enfadado porque estaba coqueteando con el señor", pero no, "era porque no estaba dedicando la suficiente atención al príncipe", recuerda aún indignada la modelo. "Se inventó que el príncipe se había enfadado conmigo. Me presionó muchísimo, me dijo que le había puesto celoso". El asunto se enturbió cuando, siempre según Virginia, Graciela la amenazó con devolverla a su país. "Ahora lo veo con más perspectiva, pero lo pasé realmente mal". Y como el cliente no quedó satisfecho, asegura que nadie le pagó al finalizar el evento.

La organizadora recibe más críticas. "Eran las once de la mañana, estábamos en la playa con muchísimo calor y Graciela se acercó, me miró y me dijo: '¿Y tú por qué no te has maquillado?'. '¿No querrás que me ponga el pote a estas horas?', le pregunté yo. Pues me subió a la habitación y me maquilló ella misma. 'Hay que estar siempre perfecta', me dijo". La anécdota ilustra el excesivo celo que algunas de las modelos critican de su jefa que, además de estar siempre pendiente de la actitud y el vestuario de sus velinas no quita ojo al príncipe para interpretar sus necesidades y saber si se divierte. "Arrímate un poco más a él", "sonríele que está solo", "por qué no le sacas a bailar", "intenta ser un poquito más simpática", insta constantemente a las chicas.

El último casting se celebró el pasado jueves 22 en el mismo hotel de Madrid. La escena se repite. En la puerta, dos jóvenes candidatas subidas en finos tacones y supermaquilladas, comparten sus experiencias como maniquíes en Nueva York y Milán. Acaban de salir de la prueba de la que, esta vez, se encargó Silvio en solitario. ¿Qué tal ha ido? "Muy bien, es un chico encantador". ¿Y para qué es esto exactamente, lo tenéis claro? "Pues es algo solidario ¿no?". Las próximas amigas españolas del jeque ya tienen el pasaporte y los bikinis dentro de sus maletas.Quiero a ésta. A ésta... y a ésta también". El joven jeque marca con el dedo a las modelos que le acompañarán en su mesa durante la velada. Anochece en las islas Seychelles y la millonaria fiesta de recaudación de fondos para la ONG Save Our Seas, dedicada a la protección de los océanos para las futuras generaciones, acaba de empezar. El anfitrión, un príncipe saudí que se hace llamar Aldo, se sonríe por un nuevo éxito de sus eventos: han acudido más de 80 invitados de lujo. Le gusta también el grupo de despampanantes mujeres de todo el mundo que ha viajado hasta una de las paradisiacas islas contratadas para la ocasión. Para su mesa elige a las que más le apetecen. Entre ellas hay varias españolas. Son modelos profesionales, actrices, bailarinas y ex misses, estrictamente seleccionadas en la habitación de un hotel en Madrid y en una agencia de Barcelona. Por 1.500 euros, cada una de las elegidas se embarca en vuelos con destino a paraísos lejanos como entretenimiento del príncipe y sus invitados. Chicas guapas para hombres ricos.

Todo empieza con un casting.

Habitación 205 del exclusivo hotel Me, en la madrileña plaza de Santa Ana. Graciela, Silvio y Ricardo se toman un respiro. Ella, una peruana que ronda los 45 años, cejas dibujadas y pechos tan grandes como artificiales, se retoca en el baño. Ellos, cubanos y amigos desde hace dos décadas, miran sin prestar atención una tele de plasma. Fotos de mujeres ligeras de ropa y con poses sensuales salpican las paredes de la habitación. Una periodista, que se presenta como aspirante, toca a la puerta. Graciela abre muy sonriente. Comienza la selección.

Mientras un Ricardo aplatanado ni se levanta del sillón, Silvio, un hombre corpulento vestido de Dolce & Gabbana hasta el anillo, y Graciela, la mujer coqueta que toma las decisiones, dirigen la conversación. Quieren saber los gustos de la supuesta aspirante, sus estudios, aficiones e idiomas que domina.

-¿Sabes hacer algo especial?, pregunta Graciela después de un rato.

-¿A qué te refieres con algo especial?

-Pues no sé. Está muy bien si sabes bailar sevillanas, si haces trucos de magia, si se te da bien cantar...

-Pues no, la verdad, decepciona la periodista.

La charla continúa muy cordialmente, aunque decrece el interés de la pareja: buscan mujeres con algún talento especial, con alguna habilidad. No vale cualquier chica mona.

-Silvio, ¿le hacemos la prueba del biquini?

-No hace falta. Con ese vestido que lleva, lo vemos todo.

Acaba el encuentro y puntúan en un formulario la belleza, la personalidad y la flexibilidad de agenda de la candidata.

Si la modelo les cautiva, la invitarán al día siguiente a un cóctel en el mismo hotel para asegurarse de que no se equivocan. "Queremos ver cómo se mueve, cómo se relaciona con el resto de chicas, cuánto alcohol bebe, su elegancia...", explicaba Silvio la semana pasada cuando se enteró de la publicación de este reportaje. "Son eventos privados, de alto nivel, y queremos que sigan siendo así".

Como dice Silvio, que se encarga de coordinar los espectáculos y acompañar a las chicas "en todo momento" durante los viajes, las que acuden a la cita -una más de las que Graciela convoca desde hace seis años- no son mujeres cualquiera. Son más que guapas, son preciosas, de pechos grandes y bonitas curvas; hablan idiomas; no pueden ser tímidas, pero tampoco pasarse de listas, no vaya a ser que se descontrolen. Y siempre intentan que vaya alguna española "para que el príncipe recuerde sus raíces", suele comentar Graciela en los castings.

Las elegidas serán las encargadas de colorear un ambiente de lujo, de deliciosos manjares de pescado y marisco regados con el mejor vino, sirvientes en cada esquina y un desorbitado presupuesto de ocio: modelos, orquestas, bailarines, cómicos, motos de agua, submarinismo o inmersiones en el mar para buscar tiburones blancos, una especie que el misterioso príncipe protege desde la fundación Save Our Seas, la contratante de estos saraos, según afirma Silvio.

Los invitados, en los que también se piensa cuando se contrata a las modelos, forman parte de la élite de los negocios, la moda, el fútbol e incluso la política mundiales. Son los millonarios amigos y colaboradores del príncipe Aldo, a los que les sobra el dinero, pero "les falta un empujoncito para soltarse", ilustra Verónica, modelo y encargada de la agencia de Barcelona que selecciona a las candidatas.

Poco se sabe de este príncipe, cuya identidad real sus chicas desconocen y los organizadores mantienen en secreto. Con unos 35 años, es rico y poderoso, "tiene un ejército que le protege". Amante del flamenco y la cultura española, tímido, atento y de pocas palabras, suele agradar a las modelos.

"La chica tiene que parecer un invitado más, pero tiene que hacer algo. O bailar o cantar o hacer un pequeño desfile porque haya acudido algún diseñador", explica Verónica (los nombres de todas las chicas en este reportaje son supuestos). Ella percibe una comisión de 750 euros por cada participante. En Madrid es una ex miss Cádiz la que convence -y a veces insiste- a las chicas para aprovechar esta particular oportunidad laboral que recorre rapidísimamente las salas de espera de los castings, los mentideros de las modelos.

Es un jugoso negocio para la modelo porque a Graciela -y al príncipe- no le gusta que las chicas repitan la experiencia y necesitan nuevas maniquíes en cada uno de estos eventos que se celebran al menos cuatro veces al año. Media docena de modelos relacionan a la ex miss con los viajes y aseguran haber sido invitadas por ella. Sostienen que se embolsa 375 euros por candidata elegida. Un sobresueldo de miles de euros que hasta ahora ha conseguido sin demasiado esfuerzo porque al oír "vacaciones gratis", muchas chicas van solas. No convence, sin embargo, a las que ni se plantean pasar cinco días bailando las aguas a un señor que no conocen de nada por 1.500 euros. Que también las hay.

Seguros de que la aspirante es adecuada para una celebración de este nivel, los organizadores confirman las fechas del viaje y le hacen llegar un papel con las instrucciones a seguir. "Este es un evento para que muestres tus talentos, habilidades y destrezas. También para que te diviertas, disfrutes y aprendas", reza en inglés el encabezamiento del escrito. El apartado de recomendaciones de la carta sugiere que la modelo debe dormir durante el vuelo y hacerse un tratamiento facial previo. Recuerda la importancia de "un pelo, una manicura y una pedicura impecables". Y por último, las exigencias del vestuario: biquini por la mañana y "bonitos vestidos de cóctel" para la noche. "Asegúrate de que traes también vestidos de colores. Que no sean sólo largos y negros, por favor". La nota exige también "zapatos adecuados"; en concreto, tres pares de tacones dorados, plateados y negros.

"Admito que cuando te vienen al principio con este cuento cuesta creerte que no haya nada raro detrás". Lo dice Verónica, la captadora de Barcelona, y lo reconocen tres de las elegidas, que han contado su experiencia como acompañantes del príncipe Aldo en diversos viajes a lugares de sol y playa. A Claudia la contrataron hace casi dos años para dar brillo a una fiesta privada del jeque -sin relación con la ONG- en Cerdeña, la isla italiana donde estalló el escándalo de las famosas velinas que coloreaban las lujuriosas fiestas organizadas por el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi. Claudia cuenta que no supo los detalles del evento hasta la llegada y, a pesar de que le habían dado una mala referencia, aceptó ir "con pies de plomo". "La fiesta fue en una casa maravillosa que tiene el príncipe en Porto Cervo; los invitados eran gente joven, guapa -nombra al manager de una estrella del pop internacional y a un famosísimo futbolista-. La comida era sencilla, pero exquisita", recuerda.

Parece que el escepticismo inicial de las modelos se diluye con cinco días de sol y tratamientos de belleza. "Es el mejor evento en el que estado en mi vida", asegura la ex miss España, que se hospedó en el hotel que compró el príncipe en Seychelles. "Volvería a ir sin pensármelo", asegura también Claudia, que habla del príncipe como una persona "educadísima" y que "a pesar del dinero y el poder que tiene" le servía la comida en el plato. Malena, habitual en platós de televisión y ex novia de famosos, se estrenó en Agadir (Marruecos) y no dudó en repetir en Seychelles. Ella se define como el "bufón" del jeque, la que le hace reír y le saca a bailar.

Quien no volverá es la mexicana Virginia, una de las primeras modelos en acompañar al príncipe en las paradisiacas islas del Índico hace más de seis años. "A mí me vendieron una fiesta para ir como azafata. Fue una mala experiencia. No volvería ni loca, y eso que este invierno [la captadora en Madrid] me ha insistido bastante", repite las dos veces que fue entrevistada a propósito de los viajes.

Esta es su historia: "Estábamos ya cenando y uno de los invitados del príncipe que tenía sentado a mi lado empezó a hablarme. Se encaprichó conmigo y estuvo toda la noche insistiéndome, acosándome tanto que no sabía cómo librarme de él...". Graciela, entonces, enfureció. "Pensé que se había enfadado porque estaba coqueteando con el señor", pero no, "era porque no estaba dedicando la suficiente atención al príncipe", recuerda aún indignada la modelo. "Se inventó que el príncipe se había enfadado conmigo. Me presionó muchísimo, me dijo que le había puesto celoso". El asunto se enturbió cuando, siempre según Virginia, Graciela le amenazó con devolverla a su país. "Ahora lo veo con más perspectiva, pero lo pasé realmente mal". Y como el cliente no quedó satisfecho, asegura que nadie le pagó al finalizar el evento.

La organizadora recibe más críticas. "Eran las once de la mañana, estábamos en la playa con muchísimo calor y Graciela se acercó, me miró y me dijo: '¿Y tú por qué no te has maquillado?'. '¿No querrás que me ponga el pote a estas horas?', le pregunté yo. Pues me subió a la habitación y me maquilló ella misma. 'Hay que estar siempre perfecta', me dijo". La anécdota ilustra el excesivo celo que algunas de las modelos critican de su jefa, que, además de estar siempre pendiente de la actitud y el vestuario de sus velinas, no quita ojo al príncipe para interpretar sus necesidades y saber si se divierte. "Arrímate un poco más a él", "sonríele, que está solo", "¿por qué no le sacas a bailar?", "intenta ser un poquito más simpática", insta constantemente a las chicas.

El plan desconcierta a cualquiera. La siguiente conversación en susurros se produjo el pasado diciembre entre dos aspirantes, mientras esperaban a que Graciela les atendiese en la habitación del hotel madrileño.

-¿Tú sabes bien de qué va esto?

-Es algo de azafata.

-¿De azafata? No, tía, ¿no te han dicho qué es?

-Me han dicho que esta persona [Graciela] trabaja para unos árabes y que organiza fiestas en Seychelles. No quisiera que esto fuese una red de prostitución.

La organizadora, que al fin acaba de hablar por teléfono, corta la conversación de estas dos candidatas, una joven actriz y una modelo de ojos verdes y ascendencia árabe que domina la danza del vientre. Es la actriz quien relata con detalle los 40 minutos de conversación.

Graciela les vende muy bien el evento. "Nos dijo que habría dos bailarines para animar la fiesta y que tendríamos un maquillador cubano [Ricardo], un estilista de Johanesburgo y un grupo de filipinos y africanos para darnos masajes. Todos siempre a nuestra disposición". Les cuenta que habrá una "fiesta de disfraces secreta", cuya temática no se desvela hasta el mismo día, de "una fiesta flamenca" y "una noche de casino" a expensas del jeque. "Todo lo que ganéis os lo damos", les dice. Graciela se refiere a su equipo como "los que se ocupan de alegrar la vida al príncipe porque es un hombre muy estresado que viaja mucho" y, ya en confianza, les habla también del grupo de amigas alemanas que acudirán a este evento y que "juntas hacen cosas muy locas". Es encantadora con las chicas, le gustan, sobre todo la modelo, a la que adelanta: "Si al príncipe le gusta tu danza del vientre, igual habla conmigo en privado y me pide que te quedes unos días más".

El casting está a punto de terminar.

-¿Os han dicho que había que traer el biquini?, les pregunta.

-El biquini ¿para qué?, preguntan al unísono.

-No penséis mal, las fiestas son siempre vestidas, pero vamos a la playa, concilia Graciela, que aprovecha para contar una anécdota que presenta como obligatorio el uso del traje de baño.

"Tuvimos una vez una chica hindú que no quiso entrar al agua con biquini. Si lo llegamos a saber, nunca la habríamos traído". Es entonces cuando la organizadora se pone seria: "No quiero que penséis que esto es otra cosa, porque me han llegado rumores de que llevamos a las chicas a no sé dónde a hacer no sé qué", dijo Graciela, según cuenta la actriz. "Fue vaga, nunca dijo la palabra sexo, pero la entendimos".

Graciela no concretó a qué tipo de rumores se refería, pero sabe que los hay, y que las largas esperas de los innumerables castings de todo tipo que se celebran en Madrid son el escenario perfecto para propagar lo que podrían, o no, ser bulos que sí incluyen la palabra sexo. Verónica, desde Barcelona, coincide en haber escuchado que "algunas modelos de Madrid" dicen que acuden a estas fiestas "como putillas", pero ella cree que es un invento. "Los invitados del príncipe van a intentar acostarse contigo, está claro. Ellos creen que con nosotras, en general, deberían tenerlo más fácil. Pero tú, si ves que te apetece, le das coba; si no, te alejas para evitar malentendidos y ya está. Como en cualquier otra fiesta", resuelve una ex miss España, de 27 años, que viajó a Seychelles.

"Hay chicas que van a estos eventos para pillar al jeque, pero igual que una va a una discoteca y se acuesta con alguien que no conoce de nada", añade Verónica. "Son chicas que se han presentado a misses, no han ganado nada y se han quedado a trabajar en Madrid. Nunca llegan a hacerlo bien y acaban yendo a la discoteca Budah para encontrar un futbolista. Ésas son las que acaban montando el pollo", ilustra Verónica para describir el perfil de chica que, ella cree, alimenta los rumores. El asunto da mucho juego.

El último casting se celebró el pasado 22 de abril. La escena es la habitual. En la puerta, dos jóvenes candidatas subidas sobre finos tacones y supermaquilladas comparten sus experiencias como maniquíes en Nueva York y Milán. Acaban de salir de la prueba de la que, esta vez, se encargó Silvio en solitario. ¿Qué tal ha ido? "Muy bien, es un chico encantador". ¿Y para qué es esto exactamente, lo tenéis claro? "Pues es algo solidario, ¿no?". Las próximas amigas españolas del príncipe ya tienen el pasaporte y los biquinis dentro de sus maletas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de mayo de 2010