Un 'hijo' de Salinger
El don de Vorace, novela publicada en 1975 cuando se ha agotado el crédito del socialrealismo hasta entonces predominante, se reedita ahora y ello permite hablar sin medida de un niño prodigio y un texto maldito. Obra espontánea, producto de los dones naturales que Casanova poseía para la escritura y enriquecida por las citas culturales que tanto le atraían, está puesta bajo la advocación de Baudelaire y es hija de su espíritu y su estética. Cuenta las peripecias de un joven de 25 años, escritor en potencia, que tras varios intentos de suicidio fracasados llega a la conclusión de que es literalmente inmortal, a pesar de que su novia-amante le exponga racionalmente lo contrario. Surge, así, el conflicto principal, un definido contraste entre el protagonista y los demás personajes. El lenguaje lírico y apasionado y el discurrir extravagante de los acontecimientos puntúan el texto de un autor obsesionado por la muerte y por el poder del artista. Creo que el nombre que inspira sobremanera a autor y personaje es el de Holden Caulfield, el protagonista de El guardián entre el centeno, por la intención, el desarrollo y el desenlace y así podemos considerar el resultado final como una indicación de cómo impactó en el joven Félix Francisco la novela de Salinger. Todo bastante interesante y suficientemente valioso para considerarlo, pero no para mitificar a un autor del que lo más importante que se puede decir es que estaba lleno de posibilidades que, desgraciadamente, se malograron.