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Reportaje:

Astrónomos de 15 años

Un instituto de Fuenlabrada participa en un experimento de la NASA

"Can you hear me? ¿Me escuchas?". El sonido llega entrecortado, como si atravesara una tormenta solar. En realidad, ninguno de los dos interlocutores ha salido de la Tierra: uno es un científico de la NASA y otro un estudiante de Secundaria español. Las interferencias de la llamada telefónica vía Internet crean la ilusión de estar hablando con el espacio, con una nave a años luz de la Tierra. Pero Macrina, de 15 años, corta por lo sano tanta ilusión: "Esta experiencia demuestra que la astronomía no son sólo naves y cosas de películas". Sabe de lo que habla Macrina, una de los 18 alumnos de un instituto de Fuenlabrada que participó ayer en un experimento en Júpiter de la agencia espacial estadounidense.

Alumnos de cuarto de ESO midieron la radiación emitida por Júpiter

Los chicos, del instituto Federica Montseny, midieron junto a observatorios de California y Australia la radiación emitida por Júpiter. Desde que la base espacial de Robledo de Chavela (una de las que monitorizó la llegada del hombre a la Luna) puso una de sus antenas a disposición del aula de astronomía de Fuenlabrada, con frecuencia grupos de estudiantes trabajan en mediciones estelares. La gran diferencia es que las de ayer las guardaba la NASA para aplicarlas a una teoría sobre el magnetismo del planeta.

Un astrofísico del observatorio de Robledo supervisaba en Fuenlabrada el proceso. Los estudiantes, de cuarto de ESO, se conectaban a la estación por Internet y eran los responsables de desplazar la antena. Aunque parecía un juego cuando tecleaban los numeritos en la pantalla, estaban moviendo un radiotelescopio de 34 metros de diámetro. Desplazaban el telescopio y la señal se perdía hasta que el planeta volvía a cruzarse. De repente, las mediciones se saturaban. "¿Veis el cañonazo en las interferencias? Es que se ha cruzado un satélite", señalaba el astrofísico la pantalla.

Macrina fue la primera en participar en las mediciones. Lo hicieron ocho alumnos. Los otros 10 ya se ocuparon en sesiones anteriores. "En mediciones de Casiopea y de un quásar", explican a coro Soraya, Julia, Alicia y Bea. En aquella ocasión trabajaron sólo con Robledo. Ahora, la internacionalización de la experiencia implica un obstáculo mayor: el inglés. Macrina le pone voluntad, pero entender las directrices telefónicas de Shinji Horichi, responsable del proyecto y radioastrónomo de la estación de Canberra, no es sencillo.

Los chicos estudian astronomía voluntariamente en horario extraescolar. "La experiencia es un contacto real con la ciencia. Ven cuál es su aplicación profesional", explica Purificación Sobrino, la profesora de matemáticas que les acompaña. Eso sí, las mediciones tienen ya aplicaciones directas: "Utilizamos los datos en clase de matemáticas para tablas, gráficas de funciones, etcétera".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de abril de 2010