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Tribuna:Laboratorio de ideas

Los efectos de la falta de confianza

La confianza es el elemento clave del funcionamiento de una sociedad y de una economía. Sólo la confianza permite que una persona tenga relaciones o haga negocios con otras personas, y es sólo haciendo negocios entre personas y creando empresas como se crea renta y riqueza. Una prueba clara del valor de la confianza es que hoy se realizan miles de millones de dólares de transacciones diarias en el mundo por teléfono o por ordenador, recibiendo sólo anotaciones en cuenta como respaldo.

La confianza puede ser personal, cuando una persona cree y confía en sí misma, lo que le permite tomar iniciativas y riesgos. Puede ser interpersonal, cuando se confía en otras personas, lo que permite tener amigos, participar en organizaciones y asociaciones, pertenecer a la sociedad civil y crear empresas. Finalmente, puede ser impersonal o institucional, lo que permite que las normas, contratos, propiedad privada y otros derechos básicos de un país sean respetados y que su economía funcione eficientemente al confiar sus ciudadanos en la equidad, imparcialidad y eficiencia de las instituciones políticas, sociales y económicas creadas por ellos.

La actitud pesimista de los españoles puede alargar o incluso empeorar la recesión

El economista principal del Banco Mundial, Steve Knack, ha demostrado que la enorme diferencia entre la renta por habitante de EE UU y de Somalia está explicada, en su totalidad, por el enorme contraste entre sus niveles de confianza institucional. En Somalia, la ausencia de confianza institucional y de normas e instituciones confiables hace que sea un Estado fallido incapaz de generar iniciativas, inversión y empresas.

Hoy, en un mundo globalizado, la confianza es aún más importante, ya que es la que ha permitido la creciente división internacional del trabajo, en la que cada parte o proceso de una manufactura o de un servicio se produce en países diferentes y se intercambia globalmente, resultando en un progreso económico mundial desconocido hasta ahora.

Ahora bien, la confianza tiende a ser volátil, ya que es una creencia que forma parte de un conjunto más amplio de elementos psicológicos que Keynes denominó animal spirits, es decir, creencias, impulsos y emociones espontáneas inherentes a la condición humana que hacen que una gran proporción de nuestras actividades y decisiones dependan más de estas creencias y motivaciones que crean estados de pesimismo u optimismo que de las expectativas o probabilidades matemáticas.

Por esta razón la ciencia económica no es una ciencia exacta, como es la física, ya que no trata con materia o naturaleza, sino con seres humanos que no responden siempre de la misma manera ante situaciones iguales y que muestran a menudo una racionalidad limitada, especialmente en situaciones de incertidumbre. Mientras que la teoría económica convencional describe un proceso formal de toma de decisiones, en el que las personas consideran todas las opciones disponibles, observan su utilidad y ventajas potenciales y toman su decisión, la realidad muestra que muchas de las decisiones más importantes en la vida de las personas y de las empresas suelen ser tomadas de forma espontánea por tener confianza en que saldrán bien.

Estas creencias que generan confianza o desconfianza son decisivas en los ciclos económicos, ya que pueden acelerar y exagerar sus fases de auge o sus fases recesivas. Por esta razón, el nobel George Akerloff y Robert Shiller, en su reciente libro Animal spirits, basándose en el famoso multiplicador keynesiano (que muestra cómo pequeños estímulos fiscales por el Estado crean un flujo sucesivo de gasto privado en la economía con efectos superiores al inicial), crean el multiplicador de la confianza, ya que sus variaciones al alza también generan efectos sucesivos y multiplicadores en el consumo y la inversión.

La reciente crisis financiera ha mostrado este multiplicador en sentido inverso. La dramática caída de la confianza ha llegado a paralizar los mercados de crédito (que eran demasiado abundantes y baratos), encareciendo y racionando el crédito y la financiación mayorista, acelerando la recesión, reduciendo los efectos del multiplicador keynesiano y obligando a los gobiernos a gastar en exceso.

Reconociendo este creciente peso de la confianza en la economía, gobiernos y bancos centrales siguen muy de cerca los índices de confianza de los consumidores y de los empresarios como posibles predictores de la actividad económica y de los cambios de tendencia en los ciclos económicos para afinar mejor sus políticas fiscales y monetarias contracíclicas. Ahora bien, la evidencia empírica muestra que su capacidad de ser un indicador avanzado es mucho mayor en sus fases recesivas que en las expansivas.

Por lo tanto, los animal spirits en general y la confianza en particular pueden exagerar las fases del ciclo de los negocios, provocando primero fuertes burbujas y luego profundas recesiones, y creando inestabilidad macroeconómica. Pero lo peor de estas expectativas de desconfianza es que tienden a retroalimentarse y a autocumplirse (como las profecías de Robert K. Merton), especialmente en las fases recesivas del ciclo, lo que las torna muy peligrosas.

Estos mismos razonamientos se aplican a la economía española, cuyo crecimiento medio ininterrumpido del 3,5% durante 14 años, claramente por encima de su potencial, que era cercano al 3%, produjo una ola de optimismo y euforia que produjo que el crédito llegara a crecer al 27% -cuatro veces más que el PIB nominal-, alcanzando el 175% del PIB español y el 25% de todo el crédito concedido en la zona euro, cuando el PIB español era sólo el 12% de dicha zona. Y que en 2006 llegaran a iniciarse 760.000 viviendas y a cerrarse 955.000 transacciones inmobiliarias -más que en EE UU con siete veces más población- y que se generara un déficit por cuenta corriente del 10% del PIB, el segundo mayor del mundo en valor.

La crisis financiera llegó en el peor momento, estando los hogares y empresas del sector privado muy endeudados con ahorro extranjero justo cuando los mercados de crédito al por menor y la financiación mayorista se cerraban. Este dramático cambio de ciclo ha hecho que los ciudadanos españoles hayan entrado en una fase de pesimismo y de desconfianza creciente en sus instituciones políticas, sociales y económicas que está en buena parte justificada por el escaso nivel de liderazgo mostrado en todas ellas. Lo peor de esta actitud pesimista es que, de mantenerse, puede llegar a autocumplirse y alargar o incluso empeorar la recesión, más aún si los mercados financieros responden encareciendo el riesgo de España.

Esta situación justifica plenamente que la sociedad civil haga un intento de movilizar a la ciudadanía y evitar que coja miedo, pierda confianza en sí misma y en sus conciudadanos, y quede inerme, cuando resulta que los ciudadanos lo son todo en una democracia, incluido el Estado, que se nutre de sus impuestos y la política misma, que ellos eligen. Por lo tanto, cuanto antes recuperen la confianza en sí mismos y tomen iniciativas individuales o colectivas, antes se recuperará la economía española de esta recesión, ya que existe la certeza histórica de que las crisis siempre acaban.

La campaña estosololoarreglamosentretodos.org no es más que un instrumento meritorio para intentar movilizar a la gente, darle ejemplos reales y positivos de lo que están haciendo muchos otros ciudadanos para salir de su difícil situación y poder así crear un cierto efecto demostración y de contagio favorable para intentar reducir su nivel actual de desconfianza y de pesimismo.

Guillermo de la Dehesa es uno de los cuatro portavoces de la Fundación Confianza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2010