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sábado, 27 de marzo de 2010
COLUMNA

La conexión emocional

Un amigo psiquiatra me pide si puedo presentar el libro de un psicoanalista, por lo que me manda el prólogo como aperitivo.

Sin hincarle el diente aún, mi primera intención es decir no, ya que el psicoanálisis y, sobre todo, Freud, siempre me han creado un rechazo atroz, rechazo que comparte un sector significativo de la población y de la comunidad científica, algunas de cuyas críticas reelabora Richard Webster en su libro Por qué Freud estaba equivocado.

Al margen de la tendencia del doctor a reinterpretar las evidencias cuando no confirmaban sus hipótesis, personalmente no soporto su misoginia. Por ejemplo, su estúpida clasificación del orgasmo femenino en dos categorías, buena o madura -el vaginal, alcanzado por un 5% de las mujeres- y mala o infantil -el clitoridiano, del que disfrutan el 95% restante-, que ha amargado la respuesta sexual de muchas generaciones. O su perversa idea -aún postulada por terapeutas en activo- de que las mujeres maltratadas lo son por la tendencia femenina al masoquismo. O su alucinante ocurrencia de que ellas tienen envidia del pene. ¿Cómo se puede ansiar algo que, por erguirse cuando no es pertinente, te deja en evidencia, y te vuelve a dejar en evidencia si no se yergue siendo pertinente? Más que una prebenda de los dioses, parece un castigo mitológico.

Las relaciones son la fuente principal en la que los humanos aprendemos cómo afrontar la vida emocionalmente

A pesar de mis reservas, leo el prólogo. Me sorprende agradablemente, puesto que su autor, Ramon Riera, se centra en la importancia del aprendizaje emocional para nuestro posterior funcionamiento como personas. Lo cuenta así: "Los humanos hemos evolucionado y nos hemos diferenciado de los grandes simios en el hecho de que podemos utilizar las relaciones con los demás para aprender a regular nuestras reacciones emocionales. Por tanto, en la especie humana, las relaciones son la fuente principal en la que aprendemos nuevas maneras de afrontar emocionalmente la vida".

Una frase resume de forma precisa la importancia de la conexión emocional para los seres humanos: "Yo siento que tú sientes lo que yo siento". Una frase que, por poner un contraejemplo, no parece alentar ni la conducta del gerente del Instituto Metropolitano del Taxi, que usó un insulto machista y poco novedoso para calificar a la directora de TV-3, ni la de ella en su irrespetuosa entrevista al presidente de la Generalitat.

El resto de la lectura de La connexió emocional, pues así se titula el libro, no me defrauda. Por un lado, el autor plantea la terapia psicoanalítica como una escucha activa y empática con el paciente, de modo que me reconcilia con ella. Por otro, refuta muchas de las teorías de Freud y las reelabora a la luz de su propia experiencia médica. En ningún caso, desde luego, intenta "comprimir" el malestar del otro para encajarlo en alguna idea peregrina, sino que trata de averiguar qué aprendizaje emocional en los inicios propició una determinada respuesta adaptativa, que ahora ha dejado de ser eficaz y genera dolor. Un ejemplo de ello puede ser el comentario respecto a cuánto ha cambiado su forma de tratar a pacientes homosexuales: "He aprendido que suele ser más útil investigar la vergüenza que les genera el hecho de ser homosexuales en un mundo dominado por heterosexuales, que no investigar las posibles causas de su homosexualidad".

Y, por último, echa por tierra no sólo algunas de las teorías misóginas de Freud, sino también las de los biologistas puros y duros, que no dudan en proclamar la subordinación femenina basándose, por ejemplo, en la jerarquía animal y los machos alfa, olvidando justamente que la conexión emocional diferencia a la humana de las otras especies.

Si a todo eso añadimos que, mediante la resonancia magnética, el autor puede probar los puntos de contacto que hay entre ciertos aspectos de la psicología cognitiva y algunos de los nuevos postulados psicoanalíticos, entenderán que les recomiende este libro interesante y ameno, que cumple con su propósito inicial: "No entiendes algo a fondo hasta que no eres capaz de contárselo a tu abuela".

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