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Análisis:EL ACENTO

La fuerza de la estadística

Lucia de Berk es una trágica víctima de la estadística. A esta enfermera holandesa de 49 años se le quebró la vida unos días antes del 11-S, cuando un bebé de cinco meses murió en el hospital de La Haya en el que trabajaba. Lucia era una chica rara. Usaba un diario íntimo en el que estampaba enigmáticos pensamientos y le gustaba el tarot. Además, un día le dijo a un amigo que había liberado a 13 personas de su sufrimiento, una frase que cobró todo su sentido cuando los investigadores dedujeron que aquel bebé había muerto de una sobredosis de morfina y potasio, sustancias utilizadas para combatir insuficiencias cardiacas. Lo más probable es que alguien le hubiera puesto una inyección letal, pero nadie lo vio. Fue entonces cuando la acusación echó mano de la estadística y convirtió a una enfermera un poco rarita en una asesina en serie, la primera en la historia de Holanda. En sólo seis años siete pacientes habían tenido muertes similares en los tres hospitales en los que De Berk no sólo había trabajado, sino en los que estaba de guardia cuando ocurrieron los decesos. La conclusión fue lapidaria: había una posibilidad entre 342 millones de que tales coincidencias fueran fruto de la casualidad.

De Berk fue suspendida de empleo y sueldo ya en septiembre de 2001, al poco de morir la niña. Tres años más tarde, ante el dato estadístico y su perfil de "psicópata clásica", llegó la sentencia: cadena perpetua. Sólo la batalla planteada, entre otros, por su hermana, ha logrado demostrar la inocencia de Lucia, que ahora la fiscalía pide poner en libertad.

Mejor suerte corrieron los médicos señalados con el dedo por el Gobierno de Esperanza Aguirre.

Aquí, la caza de brujas también usó la estadística. Demasiados muertos con sedación en las urgencias del hospital de Leganés, dijo el consejero de Sanidad Manuel Lamela. No había otro lugar que las cabinas de urgencias donde atender a los moribundos que allí acudían, explicaron los acusados. Por suerte, la justicia archivó el caso, pero para entonces los 20 perseguidos ya habían sido depurados.

Moraleja: la estadística es un arma letal en manos de técnicos incompetentes y políticos de mala fe.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de marzo de 2010