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Reportaje:

Fuencarral ya no es 'cool'

El núcleo de moda urbana de Madrid deja de marcar tendencia - Las tiendas comerciales y la masificación ahuyentan a los jóvenes a las calles de Triball

Fuencarral ya no es cool. Digamos guay, si lo prefiere. Los jóvenes alternativos, con gusto por la moda urbana independiente (esas gafas o ese sombrerín que llevamos tú y yo pero que no llevan los demás), pasan ahora por esta calle sin pararse, como si les quemasen los pies, decepcionados con la evolución comercial de un lugar que hasta ayer era un lugar de excepción para ver y dejarse ver, pero que hoy, peatonalizada y con los locales de planta baja exprimidos por las franquicias de moda, aglutina firmas demasiado conocidas y demasiada gente para que un joven moderno pueda pasear su distinción como es debido.

Aunque el foco de las tendencias no se ha ido lejos de allí. Concretamente a unos 500 metros, al área conocida como Triball, por el nombre de la asociación de comerciantes que desde 2008 trata de sacar brillo y dinero a los márgenes de la calle Ballesta, foco tradicional del lumpen del centro de Madrid. Allí, en el mismo lugar por donde deambulan las prostitutas, una zona de menos tránsito y con rincones cenizos, a espaldas de las grandes cadenas comerciales de la Gran Vía, los burdeles han dejado sitio a bares y tiendas de ropa que atraen a los huérfanos de Fuencarral.

"Ahora se ven pijos moviéndose por Malasaña", dice un experto en ropa

"La gente huye de Fuencarral buscando diferenciarse. Hace años aquella calle funcionaba bien, porque tenía su punto underground, pero ahora está tomada por las marcas, y eso es justo lo que evitan los trend-setters [quienes quieren marcar estilo]". El juicio y los anglicismos corresponden a Javier Plazas, cazador de tendencias que acompañó ayer a EL PAÍS por los lugares que ahora aglutinan la moda urbana: Ballesta, Corredera Baja de San Pablo, Desengaño y la plaza de San Ildefonso. El ambiente es complicado, pero puede que esa sea una de las razones de su éxito, según la idea de Natalia, arquitecta de 27 años, otra madrileña desencantada de Fuencarral: "Creo que la intención es convertir este sitio en una especie de Soho [barrio de Nueva York], pero todavía hay demasiada suciedad como para que vengan familias".

En el anterior centro de la moda alternativa, el paisaje se ha vuelto homogéneo. Hay turistas, familias que van de compras y jóvenes clientes de marcas de ropa consagradas (sin afán de dar a su aspecto un cuño intransferible). Si se quiere dar con aspectos elaborados con más ciencia, hay que saltar una manzana hacia el nuevo embudo de tendencias. En la calle del Desengaño, un dependiente de la tienda Dolores Promesas, Marcos Pulido, describe el movimiento: "Lo retro, lo vintage, se ha venido para aquí. La gente que tiene rollo, a la que no le gusta vestir como pingüinos, sabe que en esta zona hay propuestas nuevas, más originales".

Triball todavía está cuajando. Por el momento, no se puede ver una concentración de innovadores de tal calibre como la de Fuencarral hace unos años. Pero ya hay un punto bullicioso donde ver la moda pasar, la plaza de San Ildefonso. "Aquí se juntan grupos de gente que se mueve entre Malasaña y Fuencarral, se mezclan emos, gafapastas... y está rodeado de tiendas de siniestros, de discos y de patinadores", detalla Plazas, un habitual de este lugar en sus jornadas de busca y captura de estilos, un oficio que ha llevado a este madrileño de 35 años a dar lecciones de cool-hunting (caza tendencias) en la Escuela Superior de Arte de Madrid.

Aviso. Un emo es un individuo de aspecto retraído, por lo común menor de 20 años, que viste de luto de pies a cabeza y esconde sus ojos detrás de un largo flequillo. Y un gafapasta, usualmente, consiste en una persona con camisa de cuadros, rebeca y unas lentes con un marco tan grueso como el de los ministros de Franco, un complemento de moda que incluso se vende sin dioptrías, para los que ven bien pero quieren adornarse.

Plazas les concede cierta primacía en la zona, pero avisa de la evolución ascendente del estilo folk: "Se dejan barba, pelo largo y tienen una estética más relajada y natural. Una especie de vuelta al campo". Algo que quizás conecte con otra tendencia que apunta el cool-hunter, el reciclaje de ropa de segunda mano. "En el Rastro se ven grupos de gente interesada en la moda que rebusca camisetas, cazadoras... Gente que hace un año, si se compraba algo reciclado, se cuidaba de no decirlo. Pero ahora es cool y lo cuentan", comenta Plazas. Esta ola de sencillez en plena recesión del consumo, lógica de cajón, también se nota en la variedad de ciclistas que se entrecruzan en la plaza de San Ildefonso, cada cual, eso sí, con su tipo de bici (portátiles, de carreras y hasta una chopper, una versión de la moto americana).

Lo que no cambia es la presencia de las tribus tradicionales. "Por aquí siguen andando los rockeros de toda la vida. Eso es cultura de Madrid", dice Plazas, que también nota una curiosa progresión en la tribu más conservadora: "Ahora puedes ver pijos del barrio de Salamanca moviéndose por Malasaña. Los límites entre estilos ya no están tan fijos como antes".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de marzo de 2010