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viernes, 19 de marzo de 2010
Crítica:

La Biblia que camina

J. C. 19 MAR 2010
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Los hermanos Albert y Allen Hughes ejercieron, en los comienzos de su carrera, de contrapunto pop en la emergencia de una nueva generación de cineastas afroamericanos liderada por el vehemente Spike Lee. Su filmografía no ha sido muy prolífica, pero el paso del tiempo les ha convertido en una suerte de alternativa negra -y algo low cost- del modelo establecido por los hermanos Wachowski, practicantes de un cine espectáculo empeñado en marcar cierta diferencia a través de un manejo referencial que armoniza guiños a la historieta, el videojuego o la gran tradición del cine popular. Tras su compresión del Desde el infierno, de Alan Moore y Eddie Campbell, los Hughes proponen aquí un western místico-apocalíptico que, pese a las apariencias, no es tanto la respuesta palomitera a La carretera, de John Hillcoat, con permiso de McCarthy, sino su particular aportación a un subgénero con generosa tradición en el ámbito de las viñetas.

El libro de Eli canaliza ecos del spaghetti western en un tono solemne que deviene algo extenuante, pero obtiene logros de mención en la ocasional exuberancia de sus formas, como ilustran la escena inicial, una masacre siluetada al amparo de un puente o una secuencia de tiroteo que hace virtuoso uso del (imposible) plano secuencia.

 
 

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