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Reportaje:

Ahorrar con la 'hucha de los deseos'

Una artista instala un contenedor para preguntar a los vecinos de La Latina por las necesidades del barrio - Desde noviembre se han recaudado 85.000 pesetas

Un extraño contenedor apareció el 12 de noviembre en la plaza de Puerta de Moros, en el barrio de La Latina. Pintado de rosa y cubierto con vasos de plástico, formulaba una propuesta a cada rato: "Si quieres grabar tu mensaje, acércate al micro. Tienes diez segundos". El peculiar objeto llegó allí por decisión de Susanne Bosch (Wessel, 1967), una artista alemana que participa en el ciclo de arte público Madrid Abierto. Lo llamó La hucha de los deseos. En una placa del artefacto se daban instrucciones de uso: insertar pesetas (sí, pesetas), y pedir un deseo para el barrio ante un micrófono (o depositarlo por una ranura con una nota manuscrita). En 108 días se recogieron más de 85.000 pesetas (513 euros). Y 707 deseos.

La propuesta era contribuir con monedas antiguas y no con euros

El dinero se usará para plantar árboles en el parque de la Cornisa

Unos treinta vecinos del barrio se juntaron ayer en el Círculo de Bellas Artes para hacer micropolítica, decidir el uso del dinero y ver qué hacen con la obra de Bosch. En la sala de la reunión se podían leer algunos de los deseos. En un trozo de papel higiénico: "Que construyan pisos para jóvenes a buen precio". En otra nota, con letra infantil: "Mi deseo es un videojuego"; tachado y con otra leyenda debajo: "Comida para los pobres".

Los ancianos del Centro de día Numancia, situado en el barrio, interpretaron el proyecto desde la nostalgia, como contó María Molina, una educadora de 26 años que colaboró con la artista alemana encuestando a vecinos. "Querían que volviesen cosas del pasado, como un muchacho que andaba con una vara guiando pavos por la calle, para venderlos, o un hombre que bajaba de la sierra con hielo para granizados".

Otra de las ideas fue hacer un albergue para gente sin hogar, o al menos poner las primeras piedras. Guillermo Domínguez, de 14 años, uno de los niños de los colegios que ayudaron a recabar deseos por el barrio, interpretaba el estatus marginal de los indigentes con más claridad que un sociólogo: "Son como gente del barrio... pero no llegan a ser vecinos. Es un punto intermedio entre vecinos e inmigrantes". La decisión final no favoreció a los sin techo.

Del bote de la obra faltaban tres días de recaudación. El 15 de noviembre el objeto sufrió el envite de los ladrones. "A los tres días abrieron un agujero y robaron las pesetas", explicó Susanne Bosch. Se tapó el butrón con una plancha de metal y se decidió retirar el dinero cada semana e ir a ingresarlo en el Banco de España, que cambia por euros las monedas de pesetas acuñadas desde 1997.

Las piezas anteriores a ese año, como un duro herrumbroso de 1944 con el rostro del Caudillo, junto a las que aportaron otras personas con más voluntad que utilidad (peniques ingleses, coronas checas, escudos portugueses...) ocuparon el centro del círculo de sillas de debate en la Sala de Columnas del Círculo de Bellas Artes. Sirvieron únicamente para recreo de los hijos de los participantes.

Para coordinar la decisión sobre el destino de las 85.000 pesetas, lo primero que hicieron los vecinos en el Círculo fue buscar una regla para cribar el barullo de querencias. Algunos, como Luis, con pragmatismo: "Hay que establecer una pauta de ordenación de deseos"; otros, como Ricardo, con más dudas metódicas: "Es complejo. Deberíamos tener en cuenta los deseos de la gente que participó con sus monedas y notas pero que no están aquí".

Al fin se apostó por el deseo mayoritario: invertir en el parque de la Cornisa, situado en el entorno de la basílica de San Francisco el Grande. El grueso del presupuesto se dedicará a comprar árboles para el parque. El resto se utilizará para poner un buzón de deseos en el barrio para continuar la dinámica vecinal. No habrá dinero para pastores de pavos ni mozos de la granizada...

Y el contenedor que se desmontará hoy busca otro barrio madrileño donde aterrizar.

"La gente creía que era un engaño"

Susanne Bosch ha confirmado una tesis en el barrio de La Latina: la gente no se fía de nada que ocurra fuera de sus casas. "Muchos vecinos pensaban que era un engaño para robarles el dinero. Y lo comprendo. El espacio público está cada vez más economizado. La inversión del dinero que recaudamos debería ser visible para que esa gente, al menos, sepa que estábamos haciendo algo de verdad".

Para Bosch, el objetivo de La hucha de los deseos es que la gente tome conciencia de su capacidad política. "La gente tiene que saber valorar su poder. Y una obra como esta debe servir para que se tomen en serio a sí mismos".

Un propósito que encuentra trabas en la sociedad española, según la artista: "Aquí parece algo ridículo participar en estas cosas... Pero también nos lo parecía en Alemania cuando un señor nos decía de niñas que separásemos la basura por contenedores, y por cosas como esas tenemos ahora un movimiento ciudadano bastante fuerte".

La artista, que realizó un proyecto similar en Alemania entre 1998 y 2002, logrando 67.000 euros y 1.600 deseos por distintas ciudades y pueblos, ha detectado una especial "falta de activismo" en La Latina. "Es como un Disney World para turistas. De lunes a jueves, barrio; a partir de ahí, un gran lugar de ocio", opina Bosch.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de febrero de 2010

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