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Entrevista:RAIMON | Cantante

"Hemos pasado del silencio al ruido"

Valencia
Es el más internacional de los cantantes valencianos y el máximo difusor de nuestros poetas clásicos, aunque el PP sigue impidiendo su presencia en el circuito público de Valencia. El martes regresa de la mano de la Universitat de València.

El martes 23 de febrero, día de afiladas insinuaciones, la Universitat de València culmina los actos de reconocimiento a Raimon (Xàtiva, 1940) con un recital en el teatro Olympia. El 50 aniversario de la canción Al vent, que constituye un himno para varias generaciones, también fue celebrado por la Universidad Politécnica de Valencia con una exposición y un concierto, el primero que el cantante, vetado en el circuito público como cuando vivía el difunto, podía dar en Valencia desde el año 2000. El martes, como ya hiciera en la Universidad Politécnica de Valencia, estrenará alguna de las nuevas canciones de su próximo disco, Punxa de temps, que acabará de grabar en junio.

Pregunta. Canta más que nunca en Valencia. Dos veces en menos de un año.

"A este país lo pierde el prejuicio ideológico, y no sólo en mi caso"

"La imagen política es un lastre para que la gente pueda ver lo que hago"

Respuesta. Gracias a las universidades tengo presencia en la ciudad. Estoy muy contento. No me lo hubiese podido imaginar, quizá por esta costumbre de ir siempre a contracorriente de los tiempos.

P. Las entradas se agotaron dos semanas antes del recital.

R. Denota que la gente quiere oírme. Aquí, un cierto blaverisme ha querido hacer correr que no nos contrataban porque no llenábamos, y no es verdad. A este país lo pierde el prejuicio ideológico, y no solamente en mi caso: en la economía, en la pintura, en el cine... La izquierda ha sido más abierta, pero el PP en el gobierno no acaba de entender que representa a todo el país y no sólo a la gente que le vota.

P. Pese a ello, y sin haber formado nunca parte del star system, tiene un público muy adicto.

R. Nunca entré para nada en ese tinglado. Annalisa [Corti, su mujer] y yo. Y punto. Los más jóvenes no se lo creen, pero cargábamos las columnas de los altavoces en la baca del coche e íbamos desde Barcelona a Alzira. Cuando llegábamos, el recital se había prohibido. O sea, muchos momentos complicados.

P. Siempre fue un cantante atípico. Quizá con demasiada formación para la época.

R. Tampoco estaba previsto que me dedicara a cantar. Siempre tuve una afición teatral, toqué instrumento en la banda y canté en una coral, pero al mismo tiempo estudiaba. Pensaba que la carrera tenía que ser mi oficio, pero el otro aspecto, como Mister Hyde, preponderó. Pero claro, no podía matar al otro. Es una atipicidad hasta un cierto punto, porque algunos de los cantantes de Barcelona eran abogados, psiquiatras o psicólogos.

P. ¿Le costó mucho dejar la guitarra para cantar?

R. Al contrario. El hecho de ir con la guitarra es que nunca sabías cuándo podías cantar porque te prohibían. No podías asegurarle a un músico continuidad. Es cierto que algunas canciones están muy ligadas a la guitarra, pero en los discos empecé pronto a ir iba más allá con la colaboración de Enric Gispert y del músico de jazz Michel Portal. No es que yo haya estado fuera del star system, es que yo he entendido el oficio de otro modo. Nunca canté en salas de fiesta y night clubs, que eran los sitios donde se ganaba el dinero. No cabía y tuve que inventarme otro oficio. Y me he mantenido fiel a este modo de hacer.

P. No le gusta que lo definan como un cantautor.

R. No, porque no quiere decir nada. Si fuera una descripción, no tendría nada en contra. Pero no lo es. Se ha convertido en una especie de definición estética: un cantautor es una persona que canta de una cierta manera o que hace un cierto tipo de canción. Eso no es así. Se ha convertido en una especie de predicador, y yo no lo he sido nunca. Nunca he dicho qué tiene que hacer la gente: sólo he expresado lo que siento. Y he coincidido con un sector más o menos amplio de la gente. Esa etiqueta empieza a colgarse a la salida de la dictadura, pero no participo de su estética.

P. En teoría, el final de la dictadura amplificaba las posibilidades artísticas de los cantantes que la combatieron.

R. Pero no fue así. Todavía no se ha roto con el Estado franquista. Toda la gente, no solo cantantes, que artísticamente había sido crítica con el franquismo, en vez de tener un respiro, fueron mandados al carajo. Hubo un cierre inmediato, salvo en Cataluña y en el País Valenciano, con los socialistas en el poder. Mucha gente en España no sabe nada de mí desde 1981.

P. ¿Fue peor la transición que la propia dictadura para la cançó?

R. Peor, no. Porque la transición... Tendríamos que ponernos de acuerdo en la cronología.

P. ¿Ha terminado o acabará siendo más larga que la dictadura?

R. Por eso lo digo. Más que la transición parece la transustanciación. Se suele hablar de transición hasta que el PSOE gana las elecciones generales en 1982. Pero eso no es así. Ha habido muchas cosas después. Era muy importante que tuvieras un carné. No estoy en contra de las afiliaciones, faltaría más, pero en un momento determinado hay listas de orientación y los que no son simpatizantes no están. En los ochenta hay un intento de borrarlo todo. Y algunos se quedan por el camino, como Ovidi Montllor y otra gente que fue arrinconada.

P. ¿Nunca llegó a militar?

R. No. He estado muy cerca de la gente que era antifranquista. De casi todos.

P. ¿La dimensión política de su imagen ha sido un lastre para su oficio?

R. Sí, y todavía lo es. No para que yo haga las cosas más o menos bien, pero sí para que la gente pueda ver lo que hago. El único modo de que eso no sea así es que la gente mire y escuche lo que has hecho. Hay gente que piensa "Raimon: canción protesta". También es cierto que los partidos a la salida de la dictadura necesitaban nombres y me propusieron cargos: senador, diputado... Pero yo no tenía vocación. Soy un ciudadano preocupado por los problemas colectivos, pero nunca me dedicaría a la política. Es una vida terrible.

P. En esos años rehusó la Creu de Sant Jordi.

R. Sí. También lo hizo Pere Quart. No lo dijimos a nadie, pero desde dentro lo filtraron. Eran las primeras cruces y yo ya llevaba bastantes cruces entonces. No estaba de acuerdo con la política cultural de aquel momento.

P. ¿Ha sido fan de algún cantante, como muchos lo son de usted?

R. De mucha gente. Nat King Cole, Lucho Gatica, los Everly Brothers...

P. ¿Pero de ponérsele la carne de gallina?

R. Hombre, de galina, de gallina... De pollo. De la música popular siempre me gustaron las rancheras, ciertos boleros, algunas coplas, Manolo Caracol, Gilbert Bécaud, Georges Brassens, Domenico Modugno, Mina, los Beatles, cuartetos de Mozart... ¡Sinatra! Cantaba como un ángel. Siempre estuve abierto a muchos tipos de canción diferente.

P. Está haciendo un nuevo disco. ¿Son necesarias mayores dosis de heroísmo ahora que hace unos años?

R. Para hacerlo, no. Lo difícil es que sepan que lo has hecho. El mundo del disco está a punto de desaparecer. Hace unos años, lo más importante era la producción, pero ya hace tiempo que la promoción y la difusión se lo llevan todo. Ahora te puedes hacer el disco en casa. Pero qué haces con él.

P. ¿Vamos hacia un silencio mayor del que venimos?

R. No, quizá vamos hacia un ruido ensordecedor. Realmente, si esta sociedad se caracteriza por algo es por el ruido, que a veces incluso lo llaman música. Nunca ha habido tanto ruido. El silencio del que venimos era un silencio impuesto, como ahora lo es el ruido. Hemos pasado de la imposición del silencio a la imposición del ruido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de febrero de 2010