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La trucha autóctona peligra por la repoblación, según una experta

La trucha autóctona, la de los ríos de los Pirineos, está en peligro. Y esta vez no son ni los siluros, ni los mejillones cebra ni ninguna otra especie considerada exótica. Son las mismas truchas de piscifactoría las que están exponiendo a la desaparición a este pez en 100 años. "Podrían incluso considerarse introducciones", explica Rosa María Araguas, bióloga de la Universidad de Girona. El riesgo está en que los peces que se usan para repoblar son genéticamente distintos de la trucha de los ríos catalanes. Proceden del norte de Europa. ¿La solución? "Que se paren las repoblaciones", sentencia Araguas. El Departamento de Medio Ambiente asegura que ya existen otras reservas genéticas que no causan problemas.

Las truchas no son todas iguales, depende de la zona de donde provengan. Es lo que explica Araguas en la tesis titulada Aplicación de métodos genéticos en la evaluación de la gestión para la conservación de las poblaciones de trucha común. El pez cuenta con cinco linajes distintos: el atlántico, el adriático, el marmoratus, el danubiano y el mediterráneo. En Cataluña tenemos una mezcla de la adriática y la mediterránea.

En Cataluña, la trucha es una de las especies que más repoblaciones soporta. Y se hace con peces criados en piscifactorías, que provienen del norte de Europa. Araguas considera que esas repoblaciones son innecesarias porque la trucha no está en peligro. A su entender, se hacen para satisfacer sobre todo las demandas de la pesca. Y, además, son perjudiciales porque afectan a la variedad de la trucha. En 100 años se podrían perder las características típicas de la trucha salvaje de los Pirineos, vaticina la investigadora.

La nueva ley de pesca mantiene que la trucha es una especie que se puede pescar y, por tanto, están permitidas las repoblaciones que ayuden a mantener el número de individuos. Faltará ver qué dice la letra pequeña del reglamento, previsto para junio.

A pesar de las quejas, en Cataluña existe una preocupación por mantener la variedad autóctona. La comunidad es pionera en la creación de reservas genéticas, que empezaron en 1997. En la actualidad hay 16 reservas en las cabeceras de los ríos catalanes. En algunas se puede pescar de manera controlada, con un número de truchas por pescador y día. Y, allí donde la pesca es libre, siempre hay que devolver el ejemplar al río.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 15 de febrero de 2010