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domingo, 14 de febrero de 2010
EL CÓRNER INGLÉS

Conspiraciones, conspiraciones

JOHN CARLIN 14 FEB 2010

- "El homosexual británico rompió el partido." Todor Baktov, dueño del Levski Sofía, después de que un árbitro abandonara un partido en su estadio por cánticos racistas.

Los periodistas tenemos que andar con cuidado estos días. Especialmente, aquéllos a los que nos permiten publicar la primera burrada que nos sale de la cabeza. Miren lo que le pasó al del Financial Times, el que se sentó el otro día frente al teclado y, por necesidad de ganarse el pan y por falta de otra cosa que se le viniera a la mente en ese momento, se le ocurrió sugerir que el Gobierno español no estaba a la altura del desafío que presenta el lamentable estado actual de la economía. Bueno: ¡la que se armó! Ministros y portavoces del Gobierno de Zapatero se envolvieron en la bandera española e hicieron cola ante las cámaras de televisión para denunciar una calculada, deliberada, siniestra conspiración global contra la madre patria.

Las teorías de la conspiración son el penúltimo refugio de algunos. El último es el patriotismo

Esto se quedó en una pura anécdota, claro (una cosa es la política, otra el fútbol), comparado con lo que ha desatado esta semana un columnista del diario As. Hacía tiempo que el As venía tocando las narices con la teoría conspirativa del Villarato. Según ésta, el presidente de la Federación Española de Fútbol, Ángel María Villar, ha dado instrucciones a los árbitros para que sistemáticamente ayuden al Barcelona y sistemáticamente compliquen la vida al Real Madrid. El hecho de que el actual Barça es uno de los mejores equipos de todos los tiempos no viene a cuento. Si ganó la Liga el año pasado y sigue primero hoy con cinco puntos de ventaja sobre el Madrid, se debe a la corrupción arbitral.

Esto ni el As se lo cree, obviamente. Lo bonito de escribir sobre fútbol es que, como todo es opinable (es reconfortante ver la frecuencia con la que los supuestamente más sabios -Guardiola, Wenger, Ferguson- meten la pata), uno puede decir prácticamente cualquier cosa sin mayores consecuencias. Esta semana, sin embargo, la prensa catalana enloqueció con lo del Villarato. Tras la expulsión de dos jugadores del Barça el sábado pasado, los del As insistieron -con espíritu deliciosamente travieso y provocador- en que la conspiración seguía vivita y coleando; que uno de los goles del Barça había sido en fuera de juego, ergo todo seguía igual. No sólo la prensa deportiva de Barcelona picó el anzuelo, sino la prensa seria, como La Vanguardia, uno de cuyos escritores de opinión no pudo reprimir el impulso ancestral de ver en las palabras de un señor que trabaja para el As, o sea que hace lo que tiene que hacer para dar de comer a su familia, otra prueba inequívoca de la gran y eterna conspiración que sufre el pueblo sometido catalán a manos de la pérfida Madrid.

Es por todo esto, por el clima de paranoia en el que vivimos y lo sensible que está el personal, que esta columna siente la urgente necesidad de salir al paso de las posibles acusaciones conspirativas que podrían, de un momento a otro, surgir. Es verdad que desde aquí hemos arremetido a veces contra, por ejemplo, el execrable estilo de juego que impone Rafa Benítez, el entrenador (inexplicablemente, ¡todavía lo es!) del Liverpool; o hemos comentado que no nos deja de asombrar la insistencia del pueblo argentino en querer seguir con el bufonesco Diego Maradona como seleccionador. Pero, por favor, que no se nos aplique la lógica del Gobierno español con el asunto del Financial Times, o la de sectores de la opinión pública catalana con las bromas del As. El Córner Inglés no se ha reunido en secreto con nadie de la banca de Londres o de Nueva York, ni con representantes del Gobierno de China, o de Estados Unidos, o de la masonería internacional, o de Gibraltar, ni con el Vaticano ni con la Casa Real inglesa con el propósito a) de poner en duda la grandeza y competencia de gestión del pueblo español o b) profundizar más en la humillante lección que la demagogia argentina recibió a manos de Gran Bretaña durante la guerra de las Malvinas. No. Aquí, como en casi todo lo que hacemos los de la prensa, lo que uno ve es lo que hay. Que no nos den un peso, o una importancia, o un grado de astucia que no nos merecemos es al mismo tiempo un halago y una idiotez. Las teorías de la conspiración son el penúltimo refugio de algunos. El último, como el de los canallas, es el patriotismo.

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