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martes, 9 de febrero de 2010

El premio Biblioteca Breve distingue a Saccomanno, autor argentino de culto

Kafka más Blade Runner; o J. G. Ballard más Dostoievski; o Philip K. Dick más Roberto Arlt. Esos binomios literarios tan particulares fueron los que ayer los miembros del jurado del Premio Biblioteca Breve 2010 que convoca Seix Barral ensamblaron para definir El oficinista, modesto título con el que el escritor argentino Guillermo Saccomanno bautizó la, al parecer, exultante novela con la que se embolsó los 30.000 euros del veterano galardón literario.

Un oficinista gris dispuesto a soportar cualquier humillación para mantener su puesto de trabajo se enamora e intenta cambiar como persona en una ciudad indefinida pero asediada, con un asfixiante control policial y un ambiente cincelado en la ciencia-ficción: esas son las coordenadas de una obra que saldrá a la venta el próximo 23 de febrero y que significará el debut en España de un autor que apenas había dejado rastro aquí como guionista de cómic pero que en cambio es un autor muy reconocido en Argentina.

Saccomanno (Mataderos, Buenos Aires, 1948), lejos del mundanal ruido desde hace más de 20 años, los que lleva residiendo en la localidad balnearia de Villa Gesell, no pudo asistir a la entrega del premio por problemas de salud. Pero dejó su filosofía en un breve texto y nombró albacea a su compatriota Rodrigo Fresán.

El escritor empezó El oficinista el verano de 2003 y la acabó en un mes, "pero ignoraba que el proceso de corrección me llevaría seis años", constata por escrito el autor, que admite que siempre era el oficinista: "Si hay una clase que conozco y repudio es la clase media, a la que pertenezco, y que se define por su capacidad de sometimiento y traición".

Las degradaciones del protagonista de El capote, de Gogol, o del de Memorias del subsuelo, de Dostoievski, o las pesadillas kafkianas son referentes que cita. "Siempre ha reflejado su preocupación por el tema social y la moral: cómo la conservamos y cómo la perdemos", apuntó Fresán sobre ese perfeccionista obsesivo del que destacó El buen dolor (de 1999, Premio Nacional de Novela) y su trilogía sobre la violencia política: La lengua del malón (2003), El amor argentino y 77. Ésta ha recibido el Dashiell Hammett 2009 en la Semana Negra de Gijón.

De fraseología seca, El oficinista -que el autor quería bautizar como La perspectiva Nevski por esa soledad tan profundamente rusa ("existencias desesperadas en un mundo absurdo que buscan la destrucción del sujeto")- pinta como "una novela aterradora" (Rosa Montero), "desasosegante" (Elena Ramírez), "la historia de un extraviado por la vida" (José Manuel Caballero Bonald), "que reivindica también la necesidad del amor" (Pere Gimferrer) y que podría ser "uno de los títulos de 2010" (Ricardo Menéndez Salmón). Epítetos de colores para un mundo gris.

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