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lunes, 8 de febrero de 2010
Reportaje:Internacional

"El balón me salvó de las pistolas y de la desgracia"

McCarthy, ex delantero del Celta, eludió de niño las drogas y las mafias gracias al fútbol y ahora es el líder de la selección surafricana

Dos camisetas y otros tantos pantalones deportivos bastaron para traspasar a Benni McCarthy (Ciudad del Cabo, Suráfrica; 1977) del Crusaders al Seven Stars. Unos 30 euros. Dos años más tarde se convirtió en el fichaje más caro de la historia surafricana cuando el Ajax, holandés, desembolsó seis millones de euros. Así es McCarthy, ahora delantero del West Ham, inglés: un futbolista sin términos medios que ha luchado contra viento y marea.

Cada viernes por la tarde sucedía lo mismo. Dos o tres jefes de las mafias más peligrosas de Ciudad del Cabo llamaban al timbre de la casa de los McCarthy. "Queremos que juegue en nuestro equipo", le sugerían al padre, que no se amedrentaba y respondía: "Benni juega donde quiere". Así que el niño escogía un equipo -"jugar con algún equipo garantizaba que los demás gángsteres no me mataran"- y se presentaba los domingos por la mañana en un campo de la ciudad. "Durante la semana, todas las mafias se dedicaban a traficar, pero el fin de semana tocaba fútbol", recuerda Benni, que repartía sus piernas entre el equipo federado y el mafioso. "Con ellos no se negocia", apunta. Así, los fines de semana se reunían las diferentes mafias, con 10.000 miembros cada una, y jugaban un torneo. Los capos del equipo ganador se llevaban todo el dinero apostado.

Los jefes de las bandas acudían a su casa para que jugara en sus equipos

Cuando peloteaba en la calle, le dispararon desde un coche. Un amigo murió

Hannover Park, su barrio, en el umbral de la pobreza, es uno de los más temidos en Suráfrica. "Todos mis amigos se metieron en bandas. Sus ídolos eran los líderes, los que vendían drogas, iban con joyas y soltaban dinero", rememora apesadumbrado. Al cerrar la puerta de su casa, los disparos daban las buenas noches. Pero las balas también silbaban durante el día. Como esa mañana, cuando contaba 11 años y jugaba con un amigo de clase en los Cape Flats, bloques de edificios donde estaba su casa. Se les acercó un coche de una mafia rival y les dispararon. A Benni no le dieron; a su amigo, sí, en la cabeza. "Fue horrible, lo peor que puede vivir un niño", susurra McCarthy. Tras ese incidente, decidió que el fútbol sería su vía de escape, como siempre le aconsejó su padre, electricista, y le exigió su madre, trabajadora en un banco. "El balón me salvó de las drogas, las pistolas y la desgracia", conviene el delantero, que el pasado fin de semana se desvinculó del Blackburn y firmó por el West Ham.

La vida de Benni cambió en Holanda, en su apartamento y sin más problemas que luchar por la titularidad. Pero no se olvidó de su familia. "Con el primer sueldo le compré a mis padres y hermanos una casa de cinco habitaciones con piscina en el elegante barrio de Plumstead", desvela. También compuso una canción, Shibobo, que significa caño en surafricano, con Mario Melchiot (Wigan) y Dean Gorré, ya retirado. El grupo se llamaba BMD y el single fue récord de ventas ese año. "Pero me importaba más marcar goles", señala el ariete. Lo hizo tan bien que lo fichó el Celta, en 1999. Allí, sin embargo, coincidió en las últimas fechas con Víctor Fernández, que lo sentó en el banquillo. "Me quemó", revela. Y se marchó en 2003 al Oporto, en el que ganó dos Ligas, una Copa, la Copa de la UEFA y la Champions con Mourinho. "Es un fenómeno, el mejor que he tenido. Resultó más un amigo que un entrenador", sostiene Benni. Pero luego llegó Fernández al banquillo luso: "Yo era el goleador y no me pudo quemar porque era uno de los favoritos. Acabamos como buenos amigos". Como lo es de Deco y Ronaldinho, con quien suele veranear. Si tiene tiempo, siempre pendiente de las llamadas de la selección.

McCarthy es el epicentro de la selección de Suráfrica y su máximo goleador (31 dianas). Ya lo demostró en 1997, cuando pasó por la sub 20, la sub 21, la sub 23 y la absoluta. Le quieren tanto como le odian. "El problema es que para ellos no puedo estar lesionado", aclara; "y si falto un día me acusan de antipatriótico. Tienen que echar las culpas a alguien y las balas siempre me caen a mí". Por eso ha abandonado la selección en tres ocasiones. Hasta el verano pasado, cuando el presidente del Gobierno, Jacob Zuma, acabó un discurso para toda la nación con esta frase: "En la selección falta Benni. El país le necesita". A McCarthy se le escaparon las lágrimas. "Fue uno de los honores más grandes de mi carrera. Así que decidí volver para disputar el Mundial en nuestra casa". Benni ya ha marcado en las citas de 1998 y 2002. "Me falta un gol en este Mundial", conviene, alegre, preparado, como siempre, para todo.

McCarthy elude a un defensa en un partido de la Premier League. / REUTERS

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