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domingo, 7 de febrero de 2010

Alemania impulsa un Ejército europeo

"El Tratado de Lisboa esboza una política de defensa y seguridad común. El Gobierno alemán quiere avanzar en esa senda. El objetivo a largo plazo es el establecimiento de un Ejército europeo". Guido Westerwelle, ministro de Asuntos Exteriores alemán, dio ayer en Múnich un espaldarazo político a la idea de la integración militar europea, después de que hace pocos días también el Ejecutivo británico abogara para reforzar las sinergias, aunque sin llegar a hablar de "Ejército europeo".

La integración militar europea prosigue a paso lento e incierto desde hace más de una década, cuando Tony Blair y Jacques Chirac lanzaron la idea. Sin embargo, el regreso de Francia al mando integrado en la OTAN y las mejores relaciones de la Vieja Europa con la Casa Blanca hacen que la actual década sea percibida por muchos analistas como una seria oportunidad para concretar avances significativos.

El jefe de la diplomacia alemana utilizó un lenguaje sorprendentemente claro al respecto, al igual que en otros asuntos, marcando un claro contraste con la decepcionante y genérica intervención de la nueva representante de Exteriores de la UE, Catherine Ashton. La británica eludió cuidadosamente mojarse en todos y cada uno de los muchos asuntos calientes sobre la mesa, incluido el de la Defensa Común.

Poco antes, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Lavróv, había reclamado a la OTAN mayores garantías con respecto al despliegue de tropas de combate en los nuevos países miembros de la Alianza. "Nosotros, aunque en Occidente no se diga, hemos reducido en un 20% las fuerzas desplegadas en la vertiente europea de nuestro territorio", apuntó Lavróv, que llamó a Occidente a no reclamar esferas de influencia en el continente. El mismo llamamiento viaja en dirección contraria con gran frecuencia desde la guerra de Georgia, en el verano de 2008.

El responsable de Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, también intervino ayer en Múnich y trató de dirigir la atención de los asistentes y de la comunidad atlántica al peligro de proliferación del terrorismo en la zona del Sahel. Moratinos consideró además necesario priorizar los esfuerzos para avanzar en el conflicto palestino, cuyas fricciones repercuten en toda la región. El ministro español también abogó por dar un nuevo impulso a la relación con Rusia.

Comprimidas entre el gigantesco duelo chino estadounidense y las inquietantes aventuras nucleares iraníes, las vicisitudes europeas aparecieron a menudo obras de miniatura. James Jones, el consejero de Seguridad de Obama, se esforzó sin embargo en tranquilizar a los europeos sobre el compromiso de EE UU con la alianza atlántica, días después del impacto causado por la renuncia de Obama a acudir a la próxima cumbre bilateral. Jones desgranó las numerosas visitas del presidente y de varios ministros estadounidenses a Europa en 2009. Algunos asistentes, quizá, notaron que a Múnich suele acudir el secretario de Defensa, que el año pasado aterrizó el vicepresidente, Joe Biden, y que este año sólo ha llegado el consejero de Seguridad.

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