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Reportaje:MÚSICA | SAN VALENTÍN

Las mejores notas de amor

La pasión y la música están íntimamente ligadas. Las canciones siempre han sido un instrumento para demostrar amor y desamor. ¿De dónde surgen? ¿Qué secretos e historias esconden? ¿Cómo las componen sus autores?

Recogió sus cosas y antes de cerrar la puerta dejó encima de la mesa un disco compacto virgen de 700 megabites en el que tan sólo había grabada una canción. No hubo ninguna nota. Simplemente escribió en la carátula una advertencia: "Has de cambiar la segunda persona por la primera". Él llegó más tarde a la casa recién vacía. Cerró la bandeja de su equipo de alta fidelidad, pulsó la tecla play y escuchó unos versos cantados a ritmo de bolero: "Si tienes que marcharte / Vete yendo sin prisa / Con un adiós que dure / Mejor toda la vida / Deja la puerta abierta / Por si olvidases algo / Y tuvieras que volverte / Muy pronto a buscarlo".

La música ha inspirado al amor, y el amor a la música desde que el tiempo es tiempo. Al amor gentil, al amor fraterno o al amor religioso. ¿Quién podría decir que las cantatas de Bach no son canciones de amor? ¿Quién podría decir que no lo son las serranillas entonadas por los juglares líricos en la Edad Media? "Francamente, música y pasión resultan dos conceptos casi imposibles de separar", confirma Paul Reidy, director de marketing estratégico de la discográfica Universal Music España. "De hecho, creo que sería muy complicado encontrar un disco de larga duración en la historia del pop rock -que no sea instrumental- en el que no haya al menos una canción que, por algún lado o de alguna forma, esté inspirada por el amor, por el desamor, por la pasión, por el corazón, finalmente", continúa Reidy.

"Muchas veces, una canción de amor se genera precisamente por culpa del hambre. del hambre de amor"

"Alex Ubago elige 'Y sin embargo', de Sabina; Sergio Dalma prefiere a un italiano como Claudio Baglioni"

Los altavoces seguían siendo la voz de quien se había ido. Por entonces, él ya tenía un nudo en la garganta: "Si tienes que marcharte / No tengas mucha prisa / Demórate en los ritos / De nuestra despedida / Si notas que hace frío / Cuando al fin te marches / Regresa a nuestro lecho / Tal vez mañana escampe".

Preguntarle a alguien cuál es su canción de amor favorita resulta ser, en cierto modo, una trampa: si se analizan las respuestas con cierta perspectiva, los simples títulos y autores elegidos ofrecen muchas pistas de la personalidad y el interior de quien responde. Varios ejemplos: Antonio de la Torre, intérprete candidato al Goya a mejor actor por su papel en la película Gordos, se decanta por Madrecita, de Antonio Machín. La cantante Christina Rosenvinge prefiere The book of love, de Magnetic Fields, pero advierte de que para ella "la canción favorita va cambiando según las circunstancias", y define esta composición como "inteligente, ligera, cursi, preciosa; es como me gustaría escribir". Alex Ubago, uno de los cantantes que más han recurrido al amor en sus canciones, elige Y sin embargo, de Joaquín Sabina, y la califica como una canción "brutal y muy real". Sergio Dalma, el intérprete de Bailar pegados -probablemente la balada más berreada en los karaokes nacionales-, tira hacia el origen de su apellido inventado, claro, y marca en la quiniela a Claudio Baglioni: Sábado por la tarde.

Quienes hacemos esta revista tampoco hemos esquivado la pregunta-trampa. Aquí están las elecciones: I was made for loving you, de Kiss; Angie, de The Rolling Stones; I was born to love you, de Queen; Something, de The Beatles; Vissi d'arte, del segundo acto de Tosca, de Puccini; Killing me softly en la versión de Roberta Flack; Oh my love, de John Lennon; Don't you forget (about me), de Simple Minds; Nights in white satin, de The Moody Blues; Someone like you en versión de Dina Carroll; Simply beautiful, de All Green; Songbird, de Fleetwood Mac; Piensa en mí, de Agustín Lara; Romeo and Juliet, de Dire Straits; Contigo, de Joaquín Sabina; Pero a tu lado, de Los Secretos; 911, de The Fugees; Te recuerdo Amanda, de Víctor Jara; Lay, lady, lay, de Bob Dylan; We'll find a way, de Chuck Jackson, y A case of you, de Joni Mitchell. Este conjunto de canciones conforma el corazón de El País Semanal. Éste es, en definitiva, nuestro disco de amor.

No sólo el público es el que disfruta, siente o utiliza las canciones de sus artistas favoritos. El eco de los micrófonos y el poder de difusión de los autores de esos poemas y melodías ha sido también utilizado muchas veces en beneficio propio. Bien como método catártico o bien en forma de venganza o exorcismo. En Manhattan corre una insistente leyenda urbana a propósito de la canción A case of you. Según un amplio sector de población, presuntamente enterado del asunto, esos versos fueron escritos por Mitchell después de tener una turbulenta relación con James Taylor mientras éste era consumidor de heroína. Hace apenas dos años, en un hotel de Londres, el cantante estadounidense lo negó en una entrevista para El País Semanal. "Me temo que más bien podría ir dedicada a Frank Sinatra o alguien así", aseguró Taylor. Lo que sí dejó claro es que varias de sus composiciones fueron dedicadas a sus mujeres, como Carly Simon, con la que estuvo casado durante una década. Canciones que hablan de ausencias, de carretera y manta, como My travelling star, You can close your eyes o Daddy's all gone. Maravillosos poemas de abandono, impotencia, soledad y perdón. De amor, al fin y al cabo.

Es famosa la historia -que ya no se esconde- detrás de una de las más famosas canciones de Eric Clapton: Layla. Según los cronistas, el guitarrista se la dedicó a la modelo Pattie Boyd, que por aquel entonces (principios de los setenta) estaba casada con el desaparecido beatle George Harrison. Clapton se enamoró perdidamente de la muchacha cuando ella le pidió consejo para superar una de sus crisis matrimoniales. El resultado fue el divorcio y más tarde el matrimonio con Clapton.

Otras historias nunca han sido confesadas por sus autores, sin embargo han trascendido aunque haya sido en la categoría de leyenda. Muchos historiadores de la música contemporánea aseguran que el tema You've got to hide your love away, de John Lennon, se inspiró en el productor de los Beatles, Brian Epstein, que presuntamente estaba enamorado platónicamente del beatle. También hay muchas especulaciones sobre a quién está dedicada la canción You are so vain, de Carly Simon. Pero escuchando la letra, lo que sí parece claro es que no es otra cosa más que un dardo lanzado contra un muy vanidoso proyecto de amante. Uno de los mejores discos de Bob Dylan, Blood on the tracks, fue compuesto después de la ruptura con su mujer Sara Lowndes y se trata de una colección de canciones tristísimas de desamor. El desaparecido cantante Antonio Vega, uno de los autores más respetados del pop español, dedicó 3.000 noches con Marga, todo un disco, a su compañera sentimental después de su fallecimiento. Otro puñado de flechas directas al corazón. Es curioso. Parece que en las notas del amor quien sale ganando es el desamor.

¿Cómo se escribe una canción de amor? ¿De dónde surgen? "Muchas veces sale precisamente del hambre. Del hambre de amor", dice Christina Rosenvinge. "Las canciones tienen un enorme poder premonitorio y a menudo reflejan deseos o miedos respecto al futuro inmediato. Durante la historia de amor incluso se puede predecir el final en otra canción; todo esto, por supuesto, negándoselo a uno mismo ferozmente. Aunque funcionan mejor cuando parten de algo cercano, sin embargo toman sus propias decisiones y acaban donde les da la gana. La rima y la melodía te llevan a sitios imprevistos".

"Claro que hace falta sentir algo para escribir una canción de amor", explica Alex Ubago. "Pero el desamor inspira más que otras situaciones en las que tienes más estabilidad sentimental. En cualquier caso, no hay que olvidar que la inspiración sin trabajo no va a ninguna parte. Es difícil lograr que no se pierda la esencia de lo que quieres contar. Para mí es importante la rutina. Tengo una especie de txoko con instrumentos y allí es donde más trabajo. Otra cosa es cómo le atacan a uno las musas. Tomo notas en cualquier lado: en los aviones, la furgoneta, los hoteles o el camerino".

Si la música amansa a las fieras, no es menos cierto que una buena canción, una buena letra y una buena melodía son, casi, un elemento indispensable para la transmisión de sentimientos. O al menos para potenciarlos de tal manera que se hagan casi inolvidables. Son muchos los actores que utilizan música para facilitarse la tarea de llegar a un determinado estado de ánimo. No sólo los actores. Los directores de cine son muy conscientes de que una escena cambiaría radicalmente si fallasen en la elección de las notas que la acompañan. Ver determinadas películas no sería lo mismo sin tener en cuenta su banda sonora. Probablemente, La ley del deseo, de Pedro Almodóvar, no tendría el mismo impacto si el realizador manchego no hubiera decidido utilizar Ne me quitte pas, de Jacques Brel, en su banda sonora. ¿Qué decir de esa escena de Moulin Rouge en la que Ewan McGregor y Nicole Kidman cantan subidos a una construcción con forma de elefante? Cierto, se trata de un musical, pero sin ese popurrí de canciones pop de amor archiconocidas encadenadas unas a otras, probablemente la cosa no habría terminado en fuegos artificiales.

Sergio Dalma también está de acuerdo con sus compañeros de profesión: "Es cierto que cuando estás jodido, los sentimientos te brotan más fácilmente. Cantas, interpretas y escribes con más fluidez".

Todo claro. Pero ¿esconden la mayoría de estas canciones una historia real detrás? "Es gracioso ver a la gente haciendo cábalas. En las entrevistas de promoción del disco Tu labio superior, los periodistas tenían mucha curiosidad por saber quién había inspirado Negro cinturón, como si una canción fuera un acta notarial, no una invención sobre algo. Suponían que era alguien conocido, y no, era desconocido, era periodista", asegura Christina Rosenvinge.

Ubago pone el acento en una de sus composiciones: "No te rindas es una canción que le puedes cantar a tu novia, a tu madre o a cualquier persona que uno ame. Pero resulta que se la escribí al primer amigo de la cuadrilla que se marchó a vivir fuera de San Sebastián. Los versos 'Ahora que se ha ido, se siente perdido / No es sencillo echar de menos...'. Toda la canción está escrita para él, y él lo sabe perfectamente".

Antes de quedarse en silencio, el equipo de música le ofreció una última estrofa: "Y mientras sigas esperando / El ascensor y el taxi / Tardasen muchos años / Para tener yo tiempo / Para abrazarte un poco / Si no es por el presente / Por aquellos sueños locos". Entonces él, en el salón de su casa, supo que no sólo hay amor y desamor. También amores cómplices como el nombre del grupo.

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* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de febrero de 2010