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domingo, 7 de febrero de 2010
Reportaje:

Superbowl a tono con la crisis

Indianápolis, favoritos hoy ante Nueva Orleans en la gran final del fútbol americano, sin el brillo económico y deportivo de otros años

Una Superbowl en tono menor. Económico y hasta deportivo. Cosas de la crisis. Miami acoge esta noche (0.30, Canal+) la 44ª edición de la gran final del fútbol americano, el mayor espectáculo del país, pero con números rojos en relación a lo que cabría esperar, salvo que un milagro de última hora dé la vuelta a la deprimida situación. Ni siquiera en la cancha habrá más nivel que el ofrecido por Peyton Manning, el famoso quarterback de los Colts de Indianápolis. El director de juego de uno de los equipos grandes de la Liga, gran favorito, parece acaparar todas las miradas como si no hubiera más dónde escoger. Los Saints de Nueva Orleans se presentan casi como un segunda división que se ha colado en la fiesta sólo para dar alegría a la ciudad devastada en 2005 por el huracán Katrina. Su única esperanza es poder parar la ofensiva dirigida por Manning.

El despliegue sigue siendo impresionante, pero los ingresos han bajado

Es la décima vez, récord absoluto, que la capital del sur de Florida acoge el acontecimiento y las previsiones, en comparación con la última edición organizada en 2007, son elocuentes. De los 200 millones de dólares (casi 150 millones de euros) generados entonces se ha bajado a los 150 (poco más de 100 en euros), apenas igualando a la pasada final de Tampa en 2009. El despliegue sigue siendo impresionante, pero claramente se ve que la situación ha cambiado. Incluso ha habido insólitas lamentaciones de establecimientos hoteleros ante la sorpresa de no poder llenar sus habitaciones en la mejor oportunidad del año. Ni el tiempo, lluvioso y repetidamente frío, algo bien raro para la zona, acompaña.

Hasta hay detalles mucho más sospechosos. Los restaurantes, hoteles y lugares de reuniones tienen prohibido por las distintas compañías poner carteles y hacer exhibición de las fiestas como en anteriores ocasiones. Se trata de ocultar los bonos a los ejecutivos, esta vez en forma de excursión al borde del Caribe, para evitar más alarmas sociales. O alardes, además, en el lugar más cercano a la reciente catástrofe de Haití.

Como mucho, un dirigible vuela continuamente encima de South Beach anunciando una compañía de televisión por satélite, Direct TV, o surca la costa un yate casi acorazado, pintado de negro, con el que Reebok ha promovido su nueva línea de zapatillas ZigTech.

Es que Miami está deprimida. La Liga puso por primera vez su cuartel general en el condado vecino de Broward, más al norte. Como si Fort Lauderdale hubiese sido la sede elegida. La Liga ha dicho que no habrá más Superbowl en Miami si no se mejora el estadio Sun Life. En Miami Beach se han celebrado conciertos (pasando de Rihanna a Paulina Rubio) y fiestas, pero los ejecutivos del fútbol americano han preferido una zona más anglo. Sólo los Saints de Nueva Orleans, el equipo menor, se ha hospedado en el hotel Intercontinental del centro urbano de Miami. Los buenos y los jefes de la Liga se han quedado más cerca del Casino Hard Rock de los indios seminolas.

La final ya está marcada hasta por el show del medio tiempo, cuando se anunció que actuará el legendario grupo británico The Who. Grupos del sur de la Florida pidieron que se cancelara por la presencia de su guitarrista y cantante Peter Townshend, arrestado en 2003 por entrar en una página de pornografía infantil. Ya se ve. En contra de otras ediciones, las restricciones priman más en esta edición de la esperada Superbowl que el espectáculo exagerado de otros años.

Peyton Manning, el quarterback de los Colts. / AP

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