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sábado, 6 de febrero de 2010
Crítica:DANZA

Rara noche de danzas eclécticas

La Compañía Nacional de Danza 2, un destacado logro de la gestión de Nacho Duato al frente de la CND, abre la celebración de los 20 años de la llegada del creador valenciano al ente público dentro del ciclo Cartografías de la Danza, iniciativa del Teatro de Madrid, con un programa ecléctico, incluso incoherente, que incluye dos reposiciones suyas en las antípodas estéticas y temporales de su catálogo, y un estreno del coreógrafo francés Amaury Lebrun, viejo colaborador de la compañía.

Ewes, su nueva propuesta, trae tema ecológico y más que del agua, intenta hablar de la alarmante posibilidad de su ausencia. Pero le cuesta expresar la idea en términos de danza y la obra irremediablemente se le divide en dos bloques malamente mezclados: el que quiere expresar el tema elegido, que recurre a un fácil, obvio y directo tono teatral, y otro de danza pura y gesto coreográfico. El primero hace agua, nunca mejor dicho, pero el segundo revela capacidades para manejar el grupo con tino y precisión, demostrando fortalezas en los dos grandes momentos colectivos: el inicio, con su tono inquietante otorgado por bailarines de negro que reptan por el escenario, y el final, y más conseguido, de carácter lúdico-festivo pero quizá demasiado desvinculado de la propuesta. No obstante, el equipo es su mejor aliado. Los jóvenes bailarines se defienden bien y responden entregados a las exigencias. Saben ser sexys cuando corresponde y severos cuando les toca.

COMPAÑÍA NACIONAL DE DANZA 2

Ewes, Synaphai, L'Amoroso

Coreografías: Amaury Lebrun, Nacho Duato

Ciclo Cartografías de la Danza.

Teatro de Madrid5 de febrero de 2009

La habilidad de Nacho Duato alcanza cimas en 'L'Amoroso'

Synaphai es vieja obra de Duato estrenada por el Nederlans Dans Theater, de Holanda, en 1986, pero es heraldo de obras por venir, recientes piezas oscuras y emocionalmente retorcidas, donde se inscriben trabajos como Herrumbre (2004) o Hevel (2007). En el sentido contrario, L'Amoroso (2004), es pieza de añoranza, parece querer mirar hacia atrás, hacia sus viejas coreografías de goce, esas de pura composición y musicalidad, como lo fueron Jardí Tancat (1992) o Por vos muero (1996). Ejecutada con rigor, precisión y madurez por la joven compañía, Synaphai supone un hallazgo, el de un antiguo Nacho Duato que siempre se creyó luminoso y alegre, pero que también sabía hacer una pieza densa, turbulenta y crispada como ésta, en la que un grupo de bailarines en el limbo permanece oprimido y atrapado tras un muro. La música atonal y enigmática de Iannis Xenakis le regala la atmósfera tétrica y Vangelis la de esperanza, que cierra con un dueto de alto vuelo, certeramente interpretado.

Por el contrario, L'Amoroso, la primera pieza que Duato hizo en exclusiva para la compañía junior, encaja perfecta en la juventud del equipo. Juego de galanteo entre tres parejas, la obra no es más que composición en estado puro. La habilidad del coreógrafo para crear pasos a dos siempre rápidos, virtuosos y graciosos alcanza cimas en esta creación, y los jóvenes de turno, la aprovechan para el lucimiento de sus innegables cualidades.

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Un momento de la coreografía Synaphai. / FERNANDO MARCOS

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