Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Las consecuencias de la crisis | La reforma laboral

El Gobierno quiere encarecer los contratos temporales y primar los fijos

Los agentes sociales presionan para que hoy no haya propuestas concretas

El Gobierno quiere encarecer la contratación temporal y abaratar la fija para animar a los empresarios a optar por la fórmula indefinida. Ésta es la principal propuesta que ha planteado el Ministerio de Trabajo para reducir la fuerte segmentación existente entre empleo fijo y temporal. Trabajo ha incluido esta medida en el esbozo de reforma laboral que estudiará hoy el Consejo de Ministros. La idea del ministerio es rebajar el tipo de cotización al desempleo que abonan empresarios y trabajadores por los contratos fijos y, a cambio, incrementarlo en los contratos temporales, de forma que a la empresa le resulte más barato emplear al trabajador de manera indefinida.

La fórmula elegida intentaría garantizar que el sistema no pierda recursos, según varias fuentes conocedoras de la propuesta. Es decir, que el saldo entre el encarecimiento y la rebaja de cotizaciones fuera, como mínimo, neutro para el sistema.

El malestar con las pensiones obliga al Ejecutivo a ser más cauto

La propuesta incluye la limitación de los contratos de obra

Aunque el Gobierno se ha decantado por esa receta para atajar la temporalidad, las presiones de los agentes sociales para que elimine cualquier medida concreta de su propuesta de reforma laboral pueden haber surtido efecto. En los últimos días, el Ejecutivo ha intercambiado ideas con los agentes sociales, que le han pedido un documento más abierto para empezar a negociar, en lugar de ceñirse a planteamientos detallados.

Sindicatos y patronal tratan así de evitar que se repita lo ocurrido con las pensiones. Nadie esperaba una propuesta concreta, mucho menos de la contundencia que supone elevar dos años la edad legal de jubilación. El malestar generado en los sindicatos con ese planteamiento ha llevado al Gobierno a intentar ser más cauto en su reforma laboral.

Prácticamente hasta última hora, los agentes sociales han intentado que el Consejo de Ministros renunciara a hacer pública una propuesta. Tras el aplazamiento que pidieron hace dos semanas, cuando el Ejecutivo se disponía a dar a conocer su recetarioabajo, los líderes de UGT y Comisiones Obreras han vuelto a solicitar a La Moncloa que frenara la propuesta. Y lo hicieron al máximo nivel. Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo acudieron el pasado miércoles a entrevistarse con el jefe de gabinete del presidente del Gobierno y solicitarle un nuevo aplazamiento. Si no era posible, al menos le pedían un documento abierto que no entorpeciera la negociación tripartita. Para rebajar la temporalidad, el Gobierno estudia también reformar el contrato de obra y servicio, un auténtico coladero de empleo precario, pues permite mantener a un trabajador sin ligazón permanente a la empresa con sólo justificar -a veces de forma fraudulenta- que su trabajo está vinculado a una labor sin calendario. Una de las fórmulas que se plantean es fijar una duración máxima para ese contrato.

El documento incluye una reordenación de las bonificaciones que acaben con la dispersión actual y las concentren en sólo tres colectivos: jóvenes, discapacitados y víctimas de la violencia machista. De esa forma desaparecen los incentivos al empleo al empleo para las mujeres en general y los mayores de 45 años. El objetivo es que los jóvenes sean los más beneficiados de ésta y otras medidas de reforma, pues soportan un desempleo cercano al 40%.

La adaptación al mercado español del modelo alemán de reducción de jornada, que reduce los despidos en tiempos de crisis, y la eliminación de trabas a las empresas de trabajo temporal, que actuarían bajo la supervisión de los servicios públicos de empleo, completan la propuesta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de febrero de 2010