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jueves, 4 de febrero de 2010
Reportaje:

Toledo y el Tajo, juntos y revueltos

El estudio Burgos y Garrido gana el concurso internacional para la rehabilitación de la ciudad - La integración del río en la urbe es la principal vocación del plan

Como ocurrió en su día con Barcelona y el mar, Toledo y el río Tajo se darán la mano y dejarán de darse la espalda. La ciudad, un enclave que con criterios defensivos se levantó sobre una colina -y por lo tanto negando el río- va a emprender una de las transformaciones más notables de su larga historia: ni más ni menos que recuperar los márgenes del Tajo para su casco urbano. La revolucionaria restauración paisajística del entorno fluvial ocupará una extensión de 20 kilómetros, de los cuales 19 corresponden a los márgenes del río y algo más de uno al tramo urbano, el casco histórico de la ciudad. El estudio Burgos & Garrido ha ganado el concurso público internacional de ideas que convocó, en 2008, la Confederación Hidrográfica del Tajo, del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino.

El proyecto -que cuenta con un presupuesto de 100 millones de euros- fue adjudicado en una segunda fase en la que había seis finalistas. En la actualidad, el estudio Burgos y Garrido dirige el equipo que realiza el proyecto Madrid Río para recuperación del Parque Lineal del Manzanares en Madrid.

Take me to the river es el lema que Francisco Burgos y Ginés Garrido eligieron para su propuesta. El cogollo fundamental de esta intervención es el tramo que discurre por el casco urbano de Toledo. Una zona despreciada y de muy difícil acceso, porque supone tener que descender unos 80 metros desde el núcleo de la ciudad. Además, la zona contemplada en el proyecto es la más degradada del río, donde se han ido acumulando históricamente laderas de escombro. En la Guerra Civil se arrojaban ahí los restos de las edificaciones destruidas por las bombas, que castigaron especialmente la ciudad. En este tramo es donde se plantean ahora miradores, un salón fluvial, alfombras vegetales, un aula hidraúlica y una zona de reforestación.

La segunda gran cuestión que plantea el proyecto es solucionar la movilidad, o en otras palabras: cómo comunicar el río con el casco histórico y facilitar su acceso. La solución que proponen los arquitectos incluye varios puentes, un funicular, ascensores y unas escaleras en ese kilómetro largo de extensión.

Estrechar la relación del Tajo y de la ciudad, y que eso sirva de disfrute de quienes la habitan, es el gran objetivo. Así, ambos márgenes del río tanto en su tramo fluvial como urbano (los algo más de 20 kilómetros) se conectarán y ese magnífico espacio se recuperará como zona de paseo. En un futuro también se prevé dotarlo de usos deportivos.

La última intervención que plantean Burgos y Garrido es salvar el patrimonio hidraúlico. La mayor parte son molinos, pero también alguna represa de producción eléctrica y edificios industriales con alto valor patrimonial.

"Nos proponemos poner en valor las características paisajísticas, culturales y ambientales del Tajo, conservar y proteger el dominio público hidráulico, y fomentar el uso del río por parte de los ciudadanos", apunta Ginés Garrido. Su proyecto es, de alguna manera, una nueva consecuencia del Plan Especial del Casco Histórico, que se encargó al arquitecto Joan Busquets, catedrático de la Universidad de Harvard, en 1997.

Como también lo es la intervención que lleva a cabo Rafael Moneo. Un edificio complejo que incluye un palacio de congresos y un aparcamiento conectados con la Plaza de Zocodover mediante una escalera mecánica, donde antes había un centro comercial que se había convertido en un área degradada. "Atreverse a rehacer ese espacio es muy valiente en una ciudad tan hecha como Toledo", considera Moneo. "Así que toda la intervención es una buena cosa para una ciudad que hace del turismo una de sus fuentes de ingresos y de vida. Y Toledo es una ciudad difícil", destaca.

Paloma Acuña, directora general de la Real Fundación de Toledo, afirma: "El proyecto capta muy bien el significado de un río de la ciudad y para la ciudad". Desde hace muchos años, la Fundación se ha significado en la defensa del patrimonio de la ciudad imperial.

El río Tajo, a su paso ante las murallas de Toledo. / FRANCISCO ONTAÑÓN

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