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Entrevista:FATIMA GHAILAN | Mediadora cultural de Cunit

"Decían que iban a quemar mi casa por ser una infiel"

La mediadora Fatima Ghailan acusa al imán de Cunit (Tarragona) de acosarla

Su marido se mantiene alerta para que no le falte té y una amiga le pone la mano en la espalda cada vez que los nervios la atragantan. Ambos representan casi el único apoyo que ha tenido Fatima Ghailan, marroquí musulmana de 31 años y mediadora cultural en el Ayuntamiento de Cunit (Tarragona). Ghailan relata el acoso liderado supuestamente por Mohamed Benbrahim, imán de la localidad, para que la despidieran por motivos como no vestir velo o relacionarse con españoles no musulmanes. También el desamparo al que la ha sometido la alcaldesa de la localidad, Judit Alberich (PSC), a su vez representante en el Senado por Tarragona. El fiscal pide cinco años de cárcel para el imán por delitos de amenazas, coacción y calumnias y penas de entre dos y cuatro años para otros tres imputados, todos miembros de la Asociación Islámica de Cunit.

"La mediación de la alcaldesa consistió en pedirme que retirara la denuncia"

Pregunta. Usted vivió en Cunit casi 20 años sin problemas.

Respuesta. Vivo aquí desde hace 19 años y nos conocíamos todos, también a los que acabaron amenazándome. Entonces sólo éramos cuatro familias marroquíes en Cunit. No hubo roces hasta hace dos años, cuando logré ser mediadora cultural.

P. ¿Por qué entonces?

R. En Marruecos, trabajar en la Administración da poder. El imán siempre ha tenido poder fáctico, hasta que llegué yo era el único interlocutor entre la comunidad musulmana y el Ayuntamiento. Cuando empecé a trabajar creyó que peligraba su situación.

P. ¿Empleando la religión?

R. Han instrumentalizado la religión. Se sirvieron de que no llevaba velo para movilizar a su gente. Una persona musulmana no haría lo que me han hecho. No todos los musulmanes son así, una persona creyente no es así.

P. ¿Hasta dónde llegaron esas presiones?

R. Hasta mis hijos lo sufrieron durante años. Decían que mis hijos y yo somos unos infieles por tener amigos de aquí. Eso nos convierte en infieles, decían los hijos de otros musulmanes. Mis hijos tenían que desayunar escondidos en el lavabo en el Ramadán porque los otros alumnos musulmanes les criticaban. Y llamaban a mi casa, llamadas anónimas en árabe avisando de que iban a quemarla.

P. ¿El Ayuntamiento conocía esas llamadas?

R. La alcaldesa lo ha sabido todo, siempre. Y no hicieron nada. Cuando le expliqué que la Asociación Islámica recogía firmas para que me despidieran, dijo: "Ahora representas un problema para el Ayuntamiento". Después no volví a saber nada más. Ella siguió reuniéndose con ellos, pero nunca me explicó de qué hablaban.

P. La alcaldesa asegura que quiso mediar.

R. Su mediación se resume en que si yo retiraba la denuncia se acabaría todo. Otra mediación no hubo. Dijo que todo era por haber denunciado al imán. Éstas fueron sus palabras. Le dije que no podía permitir que esta gente acabara conmigo. Y seguí adelante, sola.

P. ¿Por qué lo obviaron todo?

R. Lo que me acabó hundiendo en una depresión, fue el no saber por qué. O aprendo a vivir con ello o acabará conmigo. Me han dado la espalda.

P. Su empleo depende en última instancia de la alcaldesa. ¿Teme perder su trabajo?

R. He sufrido muchas presiones. Si la alcaldesa las ha permitido, sus razones tendrá. Incluso permitió a los imputados que rompieran la orden de alejamiento contra mí.

P. ¿Cómo lo permitió?

R. El pasado febrero el imán y el resto de imputados tenían una orden de alejamiento. Pero se reunió con la alcaldesa en su despacho, a unos metros de donde yo trabajo. Le pedí a la alcaldesa que le denunciara por haber roto la orden de alejamiento. Dijo que no lo haría y así fue. Gracias a eso se me denegó la renovación de la orden de alejamiento.

P. ¿Creyó usted que podía quedarse sin empleo si mantenía la denuncia?

R. No puedo contestar a esta pregunta, no puedo meterme en otra guerra. Pero me han dicho que si quiero irme de aquí, me facilitarían las cosas. Les he dicho que no: no tengo por qué marcharme. Si la alcaldesa quiere despedirme, que lo haga. Primero está mi dignidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de febrero de 2010