Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:Carreras & Capital humano

Se busca la medicina de la innovación

Las escuelas de negocios crean asignaturas, tecnología y centros para la creatividad

La innovación. Ese término en boca de todos. La panacea de las empresas en crisis, dicen los gurús. La medicina de la competitividad. España tiene algunas de las escuelas de negocios mejor consideradas del mundo. Sin embargo, al tiempo, la innovación es la asignatura pendiente de su economía. Los centros aseguran llevar años haciendo todo lo posible por potenciarla. Pero ha sido en el último año cuando han puesto toda la carne en el asador: asignaturas, programas para financiar proyectos y hasta centros a nivel europeo. La cuestión es: ¿se puede enseñar a ser creativo?

España ocupa el lugar 19 de 29 en el ranking de innovación que elabora la Unión Europea. Dentro de la clasificación, hay cuatro grupos: están los líderes, los innovadores fuertes y luego los moderados y los incipientes. España es la antepenúltima de los moderados, por debajo de Chipre, Eslovenia o la República Checa.

En España la inestabilidad y el miedo al fracaso frenan las ideas

A los empresarios últimamente las estadísticas, los ejemplos foráneos y la desesperación por la crisis les ha convencido de que en la innovación está la respuesta. Por eso, las escuelas de negocios salpican ya casi todos sus departamentos de la palabra innovación. Para empezar, esto les hace ganar caché, ya que es un elemento indispensable si se quiere formar parte de los rankings más importantes de centros de formación de ejecutivos. Cada una, sin embargo, lleva a la práctica su impulso de manera muy diferente.

Algunas han optado por incluir asignaturas. Otras lo han convertido en un tema transversal presente en todos los elementos del centro. Las más atrevidas han impulsado incluso centros especiales. Todos están de acuerdo en dos puntos: se puede aprender a explotar la creatividad que todos llevamos dentro. Eso sí, primero hay que eliminar lastres y prejuicios del entorno.

En EOI, por ejemplo, defienden que la materia prima de la innovación es la tecnología. Por eso el proyecto que les distingue, según Tíscar Lara, vicedecana de cultura digital, es el Mobile Learning. Les han dado a todos los alumnos un móvil 3G, con el sistema Android, porque ésa es otra de sus apuestas, el código libre. Con los teléfonos realizan proyectos en el aula, crean productos, participan de foros. "No queremos sólo formar en dirección, sino transformar el modo en el que se entiende la empresa", dice. Reconoce que al principio siempre hay resistencia, pero luego "cuando ven los resultados, todos se adaptan". Eduardo Sicilia, director del MBA del centro, confiesa que la innovación, que potencian especialmente desde 2009, se ha metido tanto en su sistema de enseñanza que ya piensan en crear un máster especializado. "Hasta ahora las escuelas de negocios hemos potenciado el lado izquierdo del cerebro, el de los datos. Ha llegado la hora de prestar atención al derecho, el de la creatividad", zanja.

Para IESE, la innovación no puede basarse sólo en la tecnología. "Porque entonces dejaríamos fuera a muchas empresas", dice Joaquim Vila, director del programa de gestión de la innovación. En su opinión es algo que debe estar integrado en cada clase y en cada departamento. "Se puede innovar en finanzas, en dirección de personas, en liderazgo...", defiende. "Nuestra tarea básica es la de eliminar los frenos que existen en los directivos españoles para que sean creativos. Esos frenos son el miedo a la inestabilidad y al fracaso. Es esencial que entiendan que el fracaso no es un estigma, sino la oportunidad de hacerlo mejor la segunda vez", opina.

"En España no faltan buenas ideas, sino la capacidad de que éstas lleguen al mercado", simplifica Salvador Aragón, director general de Innovación del IE Business School. En este centro ponen toda su atención innovadora en potenciar la capacidad de emprender. "Todo el mundo tiene un botón de la creatividad. Nosotros les enseñamos a pulsarlo", explica.

En La Salle inaugurarán en octubre su propio parque de innovación. Un enorme centro donde se crearán empresas, pero también donde otras que ya existen, irán a innovar. "Pero no sólo en tecnología. También en servicios", explica Jesús Alcoba, director de La Salle IGS-Business, escuela de negocios de la universidad. "Nosotros creemos que la innovación tiene que estar en todos los pasos de formación. Por eso la potenciamos ya en los cursos de grado, luego en posgrado, en la escuela de negocios y finalmente el parque de innovación", repasa. Las empresas, dice, sí se lo están tomando en serio. "Se han dado cuenta de que es indispensable innovar, y han apostado", opina.

Israel Ruiz, vicepresidente financiero del MIT, visitó hace poco Barcelona para dar unas conferencias. Fue recibido como todo un gurú, ya que el centro de Estados Unidos en el que trabaja está considerado como la referencia en el mundo de la innovación. La clave de su buena marcha, explicó, es que funciona como la cantera de un equipo de fútbol: a los creadores no se les contrata por un proyecto, sino por su potencial. Los seleccionados tienen siete años para demostrar lo que valen. "No se puede conseguir la innovación de la noche a la mañana", recuerda. Las recetas para alcanzarla: un marco legal estable y una fuerte vinculación entre centros y empresas.

De profesores a emprendedores

Muchos de los centros, en su empeño por potenciar la innovación, han terminado por ser ellos mismos los más creativos. Algunas escuelas, a la hora de incorporar profesores, se han lanzado a buscar por primera vez en las escuelas de bellas artes. Otras han desarrollado métodos de enseñanza para el móvil. Las más arriesgadas han acabado formando parte de empresas novedosas. Es el caso de Esade, que ha pasado de formar a hombres y mujeres de negocios a acoger a empresas y participar en una sociedad energética europea.

La primera apuesta de Esade fuera de su ámbito común fue inventar Creápolis. Es un centro situado en Sant Cugat (Barcelona) para "practicar el open&cross innovation". Es decir, un edificio en el que 50 empresas se han instalado para que el clima de la innovación las envuelva. Los miembros de las compañías de diversos sectores se cruzan en los pasillos, hacen deporte y asisten a dinámicas de grupo. "Y van intercambiando ideas que hace que se les ocurran nuevos productos inspirados por las necesidades de los otros", explica su responsable, Joan Riera.

La segunda apuesta ha sido InnoEnergy. Esade, junto a otros 34 socios, ha ganado en concurso público europeo el liderazgo de un Kic, es decir, un centro especializado en energías sostenibles que formará parte de una enorme red de innovación europea. "Es algo en lo que parece que una escuela de negocios no pinta mucho, porque es un muy tecnológico. Pero dimos fuerza a la candidatura, porque aportamos la capacidad de management, la posibilidad real de que los productos acaben en el mercado", dice su responsable en Esade, Elena Bou. "Ahora no sólo ayudamos a que otros innoven. Ahora nosotros innovamos", resume. -

* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de enero de 2010

Más información