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domingo, 17 de enero de 2010
Reportaje:Laboratorio de ideas | BREAKINGVIEWS Reuters

Atados al euro

Abandonar la moneda única es casi imposible

Por qué preocuparse de los hechos cuando la ficción es mucho más interesante? La posibilidad de "abandonar la zona euro" está extendiéndose (por así decirlo), ya que Grecia no parece capaz de solucionar sus problemas fiscales. Hace aproximadamente un año se planteó el mismo "¿y si?" respecto a Irlanda. El año anterior fue Italia. Analistas con muchísima imaginación han empezado a preguntarse sobre el futuro del euro si cualquiera de los países decidiera abandonarlo y volver a su moneda nacional. Es necesario sacarlos de ese reino fantástico.

El razonamiento de quienes piensan que un país podría dejar la zona euro es el siguiente. Un país incluido en dicha zona y que no pueda o no esté dispuesto a solucionar sus problemas de balanza de pago y endeudamiento no puede devaluar para hacerse más competitivo. Si no puede poner su casa en orden, por razones políticas, y otros países no pueden ayudarlo, porque los actuales tratados lo prohíben, no tendría más remedio que abandonar el sistema. La consiguiente devaluación restauraría su competitividad.

Pero esta historia tiene muchos peros. En primer lugar, una medida así no podría tomarse de la noche a la mañana, de modo que la consiguiente crisis de confianza empeoraría los problemas del país en cuestión. El mero hecho de acuñar y poner en circulación nuevas monedad llevaría como mínimo unos cuantos meses. El único modo de actuar con rapidez e impedir una huida masiva de capitales sería tomar medidas autoritarias como introducir controles de cambio de moneda.

Está, además, la cuestión de la deuda. Si el país que abandona el sistema decidiera cambiar sus deudas en euros a la nueva moneda -para reducir los costes que supone pagar la deuda-, los mercados lo tratarían como un impago. Por tanto, en este frente la devaluación no aportaría beneficios.

Todo el proceso desencadenaría importantes enfrentamientos jurídicos y políticos. Esto lo convertiría en algo mucho peor que una devaluación normal como la sufrida por Rusia y las economías del este de Asia a finales de la década de 1990, o la que experimentó el Reino Unido a comienzos de la misma década. El país en cuestión acabaría perdiendo el apoyo de sus aliados más importantes.

Por último, está la cuestión de la credibilidad. A no ser que el país optase por una autarquía como la cubana o la norcoreana, tendría que esforzarse para conservar la credibilidad en los mercados financieros. Eso supondría apretarse el cinturón, exactamente lo que quería evitar en un principio.

Naturalmente, su competitividad seguiría beneficiándose de la devaluación. Pero hasta eso quedaría erosionado por la inflación importada. Teniendo en cuenta todos estos obstáculos, es algo que sencillamente no va a suceder. -

PARA MÁS INFORMACIÓN: BREAKINGVIEWS.REUTERS.COM. Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción es responsabilidad de EL PAÍS.

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