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sábado, 16 de enero de 2010
Reportaje:

Todo sobre los monjes

Un libro recorre desde dentro la vida benedictina en Montserrat

San Benito prescribió unas oraciones especiales para que Dios bendijera a los monjes que realizaban el servicio de cocina. "Posiblemente lo consideraba una tarea peligrosa", explica con una pícara sonrisa el historiador y miembro de la comunidad monástica de Montserrat Hilari Raguer (1928). "No se puede poner demasiado a prueba la paciencia benedictina: no podemos correr el riesgo de comer lo que nos pueda preparar un monje que es un mal cocinero", añade. Este tipo de fino humor que exhibe Raguer y que tanto se parece al del franciscano Guillermo de Baskerville, el protagonista de El nombre de la rosa, recorre todo el entretenido libro que el historiador y benedictino ha consagrado -valga la palabra- a la comunidad montserratina: Informe confidencial sobre los monjes de Montserrat (editorial Base, en castellano o catalán).

San Benito dispuso que al salir de viaje del monasterio llevaran calzoncillos

El propio Raguer sintetiza el propósito y alcance de la obra a lo Woody Allen, que ya es referencia para un religioso: "Todo lo que usted quería saber sobre los monjes de Montserrat -quiénes son, qué hacen, cómo viven- pero temía preguntar". En el libro hay informaciones impagables, como que san Benito, que en su gran sabiduría lo reglamentó bien todo -su Regla es hoy imitada por algunos ejecutivos-, dispuso que los hermanos que fueran de viaje tomasen del vestuario del monasterio unos "femorales", es decir, calzoncillos, que luego deberían devolver (limpios); lo que, claro, significa que por el monasterio no los usaban.

Los monjes van normalmente de seglar cuando salen, disponen de televisión, y no tienen tiempo para aburrirse, tal es su abrumador programa de actividades. El autor considera que es legítima la curiosidad que despiertan y opina que, aunque están obligados a defender su intimidad y velar por la clausura, "no querríamos hacer de nuestra vida un misterio que alimentara leyendas morbosas". Así pues, ¿no guardan los monjes el Grial? Sincérese: ¿dónde lo esconden? Raguer ríe: "Nuestro Grial es la imagen de la Virgen, la Moreneta. No tenemos grandes misterios, tan sólo unos pocos objetos de valor guardados. La joya material del monasterio es el manuscrito del Llibre Vermell, con música medieval, que se salvó de la quema en 1811 a manos de los franceses". No tienen el Grial, vaya, pues debió ser una decepción para Himmler, que les hizo una visita en 1940. "Himmler pidió los documentos que suponía que había en nuestro archivo referentes al Grial. Quedó muy sorprendido al decirle que no había nada y que lo del Grial en Montserrat se lo habían inventado ellos, los románticos alemanes. Nunca ha dejado de sorprenderme que aquellos nazis tan científicos y técnicos fueran tan crédulos y supersticiosos".

El museo del monasterio incluye una pinacoteca con un Caravaggio y obras de Picasso, Dalí, Miró, Chagall y Tàpies. Raguer no deja de hablar de temas difíciles y polémicos como la Guerra Civil o la relación de Montserrat con la política, que le fastidia mucho. Hace autocrítica de la popularidad, "peligrosa" para una comunidad monacal en la que, dice, debe primar la modestia. La biblioteca -maximum benedictini coenobii ornamentum, claro- pasa de 300.000 volúmenes. El habitante más extravagante del monasterio -y que reside en su museo de arqueología del oriente bíblico- es una momia egipcia.

El monasterio de Montserrat durante el 50ª aniversario de la entronización de su Virgen, en 1997. / VICENS GIMÉNEZ

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