Una gente poco corriente
La segunda aportación de la semana al subgénero la-familia-se-derrumba-pero-siempre-sale-a-flote es El mejor, lacrimógeno drama dirigido por la debutante Shana Feste, acerca del tortuoso e implacable periodo inmediatamente posterior a la muerte de un vástago (compararla con La habitación del hijo y Gente corriente sonaría a sacrilegio). Feste desaprovecha las inmensas posibilidades que abre la trama de la autodestrucción familiar anterior a la tragedia y, más allá de que la premisa de que la novia embarazada del fallecido se vaya a vivir con sus suegros parezca poco trabajada, hay dos aspectos que están aún peor desarrollados.
Primero, que nunca se demuestre con hechos o diálogos, sino con simples afirmaciones (lo peor que le puede pasar a un guión), la condición de gran chico a la que alude el título de la película.
Y segundo, que la guionista y directora se atreva a crear expectativas de intriga, luego masacradas, con la revelación de un supuesto secreto que el joven no quiso llevarse a la tumba.