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jueves, 31 de diciembre de 2009
Crítica:

Una gente poco corriente

J. O. 31 DIC 2009
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La segunda aportación de la semana al subgénero la-familia-se-derrumba-pero-siempre-sale-a-flote es El mejor, lacrimógeno drama dirigido por la debutante Shana Feste, acerca del tortuoso e implacable periodo inmediatamente posterior a la muerte de un vástago (compararla con La habitación del hijo y Gente corriente sonaría a sacrilegio). Feste desaprovecha las inmensas posibilidades que abre la trama de la autodestrucción familiar anterior a la tragedia y, más allá de que la premisa de que la novia embarazada del fallecido se vaya a vivir con sus suegros parezca poco trabajada, hay dos aspectos que están aún peor desarrollados.

Primero, que nunca se demuestre con hechos o diálogos, sino con simples afirmaciones (lo peor que le puede pasar a un guión), la condición de gran chico a la que alude el título de la película.

Y segundo, que la guionista y directora se atreva a crear expectativas de intriga, luego masacradas, con la revelación de un supuesto secreto que el joven no quiso llevarse a la tumba.

 
 

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