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jueves, 31 de diciembre de 2009
Crítica:

Comedia medio loca

JAVIER OCAÑA 31 DIC 2009
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Ahora apenas se hacen comedias locas, las llamadas screwball comedies, al estilo de los años dorados de Hollywood. El empeño en la verosimilitud y en el poder de la identificación lleva a creadores y productores a poner el énfasis en el romance y en la cotidianidad, pero pocas veces en la improbabilidad de las tramas, en la originalidad rayana en la extravagancia de obras maestras como La fiera de mi niña o Ninotchka. Los fantasmas de mis ex novias, nuevo largo de Mark Waters tras las olvidables pero exitosas Ponte en mi lugar y Ojalá fuera cierto, al menos intenta recuperar ese espíritu perdido en una estimable primera mitad en la que Matthew McConaughey emula a una especie de trasunto macarra de Cary Grant, al que se le aparecen, entre el sueño, la borrachera y la vigilia, los espectros de sus infinitas amantes.

A pesar de que los elementos de slapstick (exageración de las caídas y de la violencia física) nunca acaban de cuajar, la magnífica definición de Andrew Sarris para este tipo de productos ("comedias sexy sin sexo") cuadra casi a la perfección en este sano ejercicio de revitalización que funciona mejor cuanto más estrafalaria se pone la trama. Sin embargo, en un tercio final que desdeña la demencia y la insolencia a favor del romance más clásico y bobo, la película se estandariza, perdiendo la oportunidad de culminar la faena con la irreverencia de obras tan modernas como Una mujer para dos, de Lubitsch, o Con faldas y a lo loco, de Wilder, filmadas hace nada menos que 75 y 50 años, respectivamente.

 
 

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