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jueves, 31 de diciembre de 2009
Crítica:

La sombra puritana

J. C. 31 DIC 2009
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Padre literario de Conan, el bárbaro, artesano pulp elevado a figura de culto y fundador del género de espada y brujería, el depresivo y finalmente suicida Robert E. Howard tuvo en Solomon Kane a una de las más deslumbrantes figuras secundarias de su universo imaginario: puritano atormentado en un siglo XVI transfigurado por lo fantástico, el personaje bien podría ser directo antepasado de los héroes oscuros que hoy ocupan un lugar de privilegio en la ficción superheroica. Como escribe León Arsenal en su esclarecedor prólogo para Las extrañas aventuras de Solomon Kane -recopilación de los ocho relatos protagonizados por el personaje, recientemente editada por Valdemar-, sus historias "tienen un estilo anticuado, tétrico y con frecuencia altisonante que le dan un sabor muy particular".

Kane podría ser el antepasado de los héroes oscuros que hoy arrasan

A Michael J. Bassett parece no haberle preocupado demasiado ese sabor particular y ha decidido convertir al personaje en una rutinaria declinación del superhéroe de multisalas: James Purefoy recoge el testigo asumiendo sin problemas su condición de Hugh Jackman versión serie B.

La película, no obstante, aporta pistas de la intensidad que hubiese podido alcanzar, en una escena en la que el cómico Mackenzie Crook se postula como posible heredero al trono de Brad Dourif y en un diseño de producción que cita con soltura a Caspar David Friedrich.

 
 

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