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lunes, 21 de diciembre de 2009
Entrevista:LEO MESSI | Delantero del Barcelona y ganador hoy del FIFA World Player | Un equipo para la historia

"Lo que yo hago no es complicado, lo difícil es lo que hacen Xavi e Iniesta"

Leo Messi recibe esta tarde en Zúrich el FIFA World Player al mejor jugador del año, premio que concede la FIFA a través de la votación de los seleccionadores y capitanes de los equipos nacionales. Es el broche a un año insuperable, en el que ha ganado seis títulos con el Barcelona, ha colaborado en la clasificación de Argentina para el Mundial de Suráfrica y ha dejado goles inolvidables para el recuerdo, como el que logró el sábado con el pecho para hacer del Barcelona el campeón del Mundial de Clubes. La conversación con Messi, de 22 años, empezó la pasada semana en Barcelona y terminó la mañana de ayer, en el Hotel Shangri-La de Abu Dabi. Amable, divertido, bromista, el delantero argentino crece día a día, dentro y fuera del campo. La entrevista fluye con naturalidad. Leo mira a los ojos, y no se esconde tras el flequillo. De momento, despide el 2009 con broche de oro: el mundo del fútbol se rinde hoy a sus pies.

"Cuando llegué, lloraba solo. Lo pasé muy mal. No me faltó nunca nada, salvo lo afectivo"

"Si tengo que elegir algo de todo el año, me quedo con el gol de Roma y el del sábado"

"Si Guardiola cree que es lo mejor, lo hago. Mientras juegue. Es lo que más me gusta"

"Pep nos ha hecho mejores. Nos ha cuidado mucho. Por eso es tan querido"

"Silvinho fue muy especial. Le escuchaba porque me decía lo que no me gusta oír"

"Me da bronca que digan que no siento la albiceleste. ¡Qué saben de mis sentimientos!"

Pregunta. En el último mes ha recibido el Balón de Oro, ha ganado la Intercontinental y hoy, en Zúrich, le espera el premio que concede la FIFA al mejor jugador del mundo. ¿Con qué se queda?

Respuesta. ¿Ahora? Con la victoria en la final contra Estudiantes, sin duda. Es mucho mejor, porque es un premio colectivo, que hace feliz a mucha gente. Los individuales alegran a la gente que me quiere, compensan los sacrificios que ha hecho la familia... pero cuando ganas un título y ves cómo se pone la ciudad, la sensación es incomparable.

P. En el 2006 no celebró el título de la Champions, le tuvieron que ir a buscar al vestuario porque, lesionado, no jugó. Durante los festejos de la Liga, le llamó boludo a su amigo Milito por no sentirse partícipe de los triunfos al haber estado lesionado. ¿Qué ha cambiado?

R. Me he hecho mayor y aprendido. Entonces me equivoqué, pensaba distinto. Ahora sé que todos, los que jugamos, los que no jugamos, los que nos ayudan para que estemos bien, desde el delegado a todos los empleados del club, todos somos partícipes de lo mismo, todos somos igual de culpables.

P. ¿Por qué le pega con el pecho al balón en vez de rematar con la cabeza?

R. Traté de asegurar, vi al portero a contrapié y creí que bastaba con ponerla suave al lado de donde venía tapando. Afortunadamente, salió bien. Lo de la bota [en su remate de cabeza en la final de la Champions contra el Manchester] fue rarísimo. Rematé de cabeza y cuando me iba a levantar del suelo, vi la bota ahí tirada. Pensaron que estaba preparado. ¡Se ha de ser boludo! ¡Cómo iba a estar preparado! No sabía qué hacer, así que la agarré y salí corriendo.

P. Guardiola avisó que no le criticaran por no rematar de cabeza. Juanjo Brau

[su fisioterapeuta de confianza] siempre dijo que la pegaba muy bien...

R. Hombre, no iré a competirlas como Piqué, pero con un centro como el que me dio Xavi en Roma...

P. ¿Cuántas veces se ha preguntado si lo que le está pasando es cierto y no un sueño?

R. Bastantes. Nunca hubiera imaginado todo esto. Muchas veces me miro al espejo y pienso que lo que me está pasando no es verdad. No me lo puedo creer, nunca soñé con que las cosas salieran así de bien. Es increíble, ni en los mejores sueños pensé que saldría por ahí. No imaginé nunca, cuando llegue de Argentina, que hoy me vería en éstas.

P. ¿Cómo recuerda aquellos días, cuando aterrizó en Barcelona con 12 años?

R. Fue duro en su momento para mí, para toda la familia, todo esto te hace saber que la decisión fue buena.

P. Dicen sus entrenadores en el fútbol base que nunca le vieron llorar.

R. Porque lloraba solo, para que no me viera ni mi papá. Lloraba solo en mi casa, me encerraba y trataba de que nadie se enterara. Lo pasamos mal, hubo etapas que estábamos mi padre y yo en Barcelona y el resto de la familia en Argentina. Sufríamos los dos. De lo básico no faltó nunca nada, pero en lo afectivo sí.

P. Visto ahora, con la perspectiva del tiempo, ¿compensa dar el paso que usted dio en su momento o cree que si hubiera seguido en Argentina...?

R. No lo sé, el caso es que se dio así porque vine. No me arrepiento de lo que hice y de lo que pasé, pero tampoco tenía dudas entonces. Era mi decisión, nadie me obligó a tomarla. Mis papás me dijeron: "¿Qué querés?" Quería estar donde estaba, quedarme en Barcelona porque sabía que ésa era mi oportunidad de ser futbolista. Lloré, porque añoré muchas cosas de Argentina, porque me sentí solo sin los hermanos y mi madre. Lo más jodido era eso. Sobre todo, echaba de menos a Matías, que era el más cercano a mí. Rodrigo es mayor, es un personaje. Tal vez porque no les tuve cerca les quiero con locura, a ellos, a mi hermanita...

P. En la cantera tuvo varios entrenadores. ¿De quién aprendió más?

R. De todos, de todos. Son culpables de que yo esté donde estoy ahora. De todos aprendí, sería injusto olvidarme uno, porque de todos aprendí algo. Me cambiaron y costó, porque a mí me costaba. A poquito lo consiguieron, tuvieron mucho mérito, porque me costaba, no se lo puse fácil, siempre fui muy cabezón [se ríe con ganas]. A veces tengo la sensación que mi manera de jugar no ha cambiado nada. En el Barcelona me enseñaron muchas cosas, pero nunca trataron de cambiarme el estilo... aunque no es del todo cierto. Cuando llegué pasaba poco la pelota, pero en muchos partidos sólo podíamos jugar a dos toques.

P. ¿Lo hacía?

R. Lo intentaba, pero me costaba mucho. Se me olvidaba.

P. De todo 2009, ¿con qué se queda?

R. Me quedo con los títulos conseguidos. Eso es lo que queda, es lo más lindo. Pero para conseguir todos los títulos pasamos por muchos momentos como el de Stamford Bridge, el partido en el Bernabéu, la final de Roma. De Roma disfruté todo, el día antes, el partido, el festejo... Ha sido un año bárbaro, así que hay mucho donde elegir. Si me he de quedar con algo, con el gol de Roma. Bueno, o el del sábado.

P. ¿Recuerda la primera vez que habló con Guardiola?

R. No exactamente. La primera vez no me acuerdo. Pero sí recuerdo la primera vez cuando ya era mi entrenador. Fue en pretemporada. Fue cuando se dijo que estábamos enfrentados, porque las imágenes parecían algo que no era. Era mentira lo que dijeron ustedes.

P. ¿Y qué le dijo?

R. Eso de que fuera feliz, que si era feliz todo iría bien. Me hablo mucho de cómo era él, de cómo iba a ser el año, de cómo quería que jugáramos. Me dijo que cuando me veía con Rijkaard, yo agarraba la pelota desde muy atrás y que así tenía que hacer mucho camino para llegar al área. Quería que estuviera más cerca del gol. Me gustó la idea porque normalmente, en las categorías inferiores, jugaba por detrás del punta.

P. ¿Como en Madrid el día del 2-6?

R. Sí, recuerdo que antes del partido, durante la semana... No, el día anterior, creo, Guardiola me agarró y me dijo que quería que me moviera por ahí, me explicó cómo pensaba que debía moverme. Me preguntó si me creía que haciendo eso me sentiría cómodo.

P. ¿Y usted qué le dijo?

R. Que vale, que si él creía que eso era lo mejor, encantado. Mientras juegue... Me gusta jugar. Es lo que más me gusta, así que le dije que perfecto, que contara conmigo para jugar de esa manera.

P. En el libro que comercializa el Barça con fines benéficos, con fotografías de Miguel Ruiz, se le ve hablando con Guardiola en el vestuario del Bernabéu.

R. Sí, después del partido. Pep me hablaba de lo importante que era lo que habíamos conseguido, me dijo que era para toda la vida. Hablábamos del partido.

P. ¿Se imaginó que todo iría tan bien?

R. ¡No! Pero, ¿cómo lo iba a imaginar? Era impensable. Pero poco a poco, cuando empezamos y fuimos ganando, creció tanto la confianza, nos salían tan bien las cosas, que sabíamos que viniera el partido que viniera lo íbamos a ganar. Las ganas que teníamos nos permitieron conseguir todo lo que hemos conseguido.

P. Siempre dijo Guardiola que no él es nada de no ser por ustedes, los jugadores.

R. No, eso no es cierto. Yo creo que es al revés, que él nos ha hecho mejores. Nos ha cuidado mucho. Es muy humano y por eso es tan querido por los jugadores, porque siempre se preocupó de nosotros, de que estuviéramos bien, de cuidarnos.

P. En su caso, hay un punto de inflexión, que marcó la relación entre ustedes. Si estuvo en los Juegos Olímpicos de Pekín, fue gracias a Guardiola, ¿no?

R. Lo primero fue eso, pero además tuvo muchos detalles conmigo. Claro, aquello fue grande para mí, porque estaban todos peleados, discutiendo si iba o no iba, y llegó él y me preguntó qué era lo que yo quería hacer. Le dije que me encantaría ir a los Juegos, lo entendió y entonces fue él quien lo arregló.

P. Guardiola acaba contrato el 30 de junio...

R. No seré yo quien le diga qué debe hacer, pero si por mí fuera, no se iría nunca. Debería estar siempre en el Barcelona por lo que es, por lo que sabe, por lo que quiere al club, por cómo piensa... es el indicado.

P. ¿Qué le enseñó?

R. A jugar más en equipo, a tener más presente al equipo. Lo hacía, pero él me insistió en que me ayudaran los compañeros y en ayudarles yo a ellos.

P. Da la sensación de que cuando llegó Guardiola aumentó su protagonismo, que con Ronaldinho no tenía el mismo grado de responsabilidad...

R. Tal vez, pero fue algo natural. Se fue Ronie, al que siempre estaré agradecido, se fue Deco y me tocó a mí tener más responsabilidad dentro del campo.

P. De cuantos compañeros tuvo, si le tocara escoger a uno...

R. Silvinho fue muy especial. Yo no soy de hablar mucho, pero sí de escuchar. A él le escuché mucho y siempre me dijo lo que pensaba que era bueno para mí, aunque no me gustara oírlo.

P. En el campo no habla mucho...

R. En el campo no me hace falta hablar mucho. Con Xavi, Iniesta... nos basta una mirada. Nos conocemos bastante como para mirar y entendernos con una seña.

P. ¿Eso le está empezando a suceder con Ibrahimovic?

R. Sí, pero recién empezamos a jugar juntos, nos estamos conociendo. A medida que juguemos más, nos saldrá más. Eso me pasaba más con Samu [Eto'o] porque jugamos más juntos. Es cuestión de partidos que nos vayamos conociendo más y nos entendamos de memoria. Pero Ibra es impresionante y en muy poco tiempo ya casi nos basta con mirarnos.

P. ¿Qué tienen Xavi e Iniesta que les hace ser tan especiales?

R. No sé, la visión, la facilidad que tienen para jugar. Lo hacen todo muy fácil. Uno les ve y se pregunta cómo son capaces de hacer tan fáciles cosas tan difíciles. Es impresionante. ¿Y cuando te encara Andrés? A ver quién le quita la pelota.

P. Perdone, pero que eso lo diga usted...

R. Es que yo no tengo la sensación de que lo que yo hago sea complicado. Para mí es muy natural, siempre jugué así. Si mirás las imágenes que hay grabadas cuando era chiquito, ya hago movimientos parecidos. Por eso me parece tan difícil lo que hacen ellos, porque yo no soy capaz...

P. Físicamente, ¿es usted más fuerte de lo que parece?

R. No sé, siempre me sentí fuerte. Nunca tuve problemas para chocar. Yo no me escondo.

P. ¿Por eso se lleva tantas patadas?

R. No tengo problemas. Si es cosa de fútbol y de la jugada, no pasa nada. Que me traten de intimidar, eso no lo acepto. Que me peguen cuando la pelota no está por medio, tampoco.

P. ¿Entiende la vida sin una pelota?

R. No. De chiquito viví para el fútbol y es lo que me gusta. No sabía qué hacer.

P. ¿Sabe que Di Stéfano mandó construir una estatua en su jardín con forma de pelota con una placa en la que escribió: "Gracias, vieja"?

R. ¿Sí? ¡Qué bueno! Me parece genial. Todos a los que nos gusta el fútbol agradecemos que exista una pelota con que jugar.

P. ¿Es mejor un regate, un gol, un tuya-mía?

R. Todo es lindo.

P. ¿Qué siente cuando le sale un regate?

R. ¡Y qué sé yo! Si sale bien, me pone contento. Y cuando no, me da bronca. No me cuesta trabajo. De chiquito jugué así y no cambié mucho.

P. Lleva 10 años en Barcelona y no le cambió el acento. ¿Por qué?

R. No sé, soy argentino, hablo así. Siempre hablé como argentino porque soy argentino.

P. ¿Y por qué en Argentina no se le considera uno de los suyos?

R. No sé. Tal vez como nunca jugué en la Primera de ningún equipo, o será porque no me vieron crecer... Quizá eso me ha perjudicado y sientan que soy mas de acá que de allá.

P. ¿Le molesta?

R. Me da bronca que digan que no siento la albiceleste. Nada me da más joda que me digan que no soy argentino. ¡Qué sabrán de mis sentimientos! La vida me llevó a Barcelona. De chico sólo soñé con jugar en Primera en Argentina, en ponerme la albiceleste, nada me da más ilusión. Pienso como argentino y vivo en Cataluña, pero me siento muy argentino. Para uno es difícil hablar de los sentimientos, así que, ¿cómo van a venir a decirme qué siento? No me importa que me digan el catalán, pero me da bronca que piensen que no soy argentino.

P. Argentina contra Cataluña. ¿Con quién va?

R. ¡Con Argentina! Luego, que Cataluña gane siempre.

P. ¿Se pone nervioso antes de un partido?

R. No. No empiezo a pensar en el partido hasta que salgo al campo.

P. ¿Por qué mira al cielo después de celebrar un gol?

R. Para dar gracias. Por mi abuelita.

P. Se le vio saludar uno por uno a todos los jugadores de Estudiantes tras la final. ¿Por qué?

R. Porque jugaron bárbaro, por respeto. Porque son argentinos. Y estaban muy tristes.

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