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COLUMNA

La construcción de la desigualdad

A principios de septiembre, para ayudar a familiares míos a solucionar la complicadísima conciliación entre vida privada y vida laboral, invité a unas criaturas de entre 4 y 8 años a visitar un museo e ir al cine.

En el museo, proyectaban una película de dibujos animados. Una voz en off -masculina- oficiaba de narrador, mientras los personajes, todos varones excepto una reina, exploraban el espacio.

En el cine, se acababa de estrenar Up. Un film ede animación ingenioso, al que, sin embargo, se le podía reprochar que sólo presentase dos personajes femeninos: uno que muere a los tres minutos del inicio y otro que aparece una décima de segundo antes del final.

Por supuesto, niños y niñas no son conscientes de la exclusión de los personajes femeninos, pero el mensaje va calando en su cabecitas: ellos tienen un papel predominante; ellas, secundario, cuando no inexistente.

Niños y niñas no son conscientes de la exclusión de los personajes femeninos, pero el mensaje va calando en sus cabezas

De la misma forma que si, al llegar a casa, se les proyecta Peter Pan en el DVD familiar, tal vez no serán capaces de repetir lo que los niños perdidos le dicen a Wendy cuando ella está a punto de abandonar Nuncajamás: "No te vayas, por favor. Ahora ¿quién nos coserá los pantalones, nos cocinará y nos dará un beso de buenas noches...?". No lo podrán repetir, pero sirve para que niños y niñas vayan aprendiendo los roles.

También les podemos pasar Mary Poppins y les quedará claro que las sufragistas eran unas indeseables, incapaces de entender que su puesto estaba en casa y no en la calle pidiendo el voto femenino.

Dirán ustedes que una y otra son películas antiguas basadas en libros de otros tiempos. En este caso, les propongo que proyecten algunos de los éxitos de los últimos años (Buscando a Nemo, Chicken little...) y comprobarán que, igual que ocurría en Up, no existen ni mujeres ni niñas, sólo un padre y su hijo.

Llegará Navidad y, de nuevo, las familias tendrán dificultades para conciliar, así que, de nuevo, tendré criaturas en casa. Pondremos el televisor y nos tragaremos una ristra de anuncios de juguetes.

Sin estar atenta al contenido, sólo por el color, puedo discernir el público al que se dirigen: los de niñas son de color rosa; los de niños, de colores vivos. Los anuncios para ellas se centran básicamente en fomentar su espíritu maternal (muñecos que lloran, hipan, vomitan o se orinan encima), en recordarles que han venido a este mundo a limpiar (desde mochos hasta planchas) o a estar guapas. Los anuncios para niños suelen relacionarse con la hipertrofia de la agresividad (juguetes bélicos), con la aventura (exploradores), con la velocidad (coches) o, incluso, con el conocimiento. Para remacharlo, la música y el lenguaje también difieren en ambos casos: diminutivos y musiquillas pegadizas, para ellas; voces en off de hombres y músicas marchosas, para ellos.

Ellas van aprendiendo que su lugar está en el ámbito doméstico y que deben ser suaves como los colores y las tonadillas. Ellos, que su lugar está fuera y que deben ser intrépidos, valientes y, si hace falta, hostiles.

Considerando que los niños y niñas españoles de entre 4 y 12 años pasan anualmente casi las mismas horas frente al televisor que en el colegio (960), queda claro que su socialización está íntimamente relacionada con los modelos que les ofrece el medio.

En realidad, las pautas de género las reciben unos y otras de su entorno desde el momento en que nacen: los patucos de distintos colores, la voz más melindrosa para ellas, los vestidos que dificultan el gateo e impiden la exploración del entorno... Y no sólo esos indicadores tan visibles, sino que también el lenguaje no verbal, mucho más sutil, se confabula para reforzar los comportamientos que casan con los estereotipos de género. Por ejemplo, la ausencia de respuesta del padre si el niño se acerca a una muñeca resulta un poderoso correctivo.

No olvidemos que el aprendizaje de roles se produce por imitación. Sería estúpido pensar que son sólo las madres quienes inculcan las pautas de género y quienes construyen la desigualdad entre hombres y mujeres.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de diciembre de 2009