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Reportaje:

Viaje al fin del tráfico de mujeres

La exposición 'Journey', muestra hasta el martes en El Retiro las distintas fases de la trata recreando sensorialmente la historia de una víctima: Elena

Huele a vómito, a sexo, al látex del condón, a sudor. El hedor es asfixiante. Las sábanas están sucias. Tienen manchas de sangre, de semen, de orín, de polvo acumulado. Los muelles del colchón chirrían y se mueven como si dos cuerpos estuvieran agitándose de forma violenta sobre la cama. Se oyen jadeos, los grititos de un hombre que parece estar corriéndose, el ruido de un golpe. El papel higiénico y los envoltorios de preservativo desbordan una papelera. La moqueta raída apesta. El lavabo está mugriento. En una pizarra de niño los precios de los servicios están marcados con rotulador rojo: sexo oral, sexo completo, sexo anal... el extra por besar son 10 libras esterlinas. En el vaho del espejo ha quedado marcado en mayúsculas: HELP ME (Ayúdame).

La instalación habla de siete etapas que sufren las afectadas

"Lo más devastador y brutal es la pérdida de libertad", asegura un psiquiatra

"Cuando llegó a la consulta ni podía ni quería hablar", explica su terapeuta

El último vagón termina con 15 minutos de relato en primera persona

Es uno de los vagones de la exposición Journey (Viaje), instalada en el Paseo de Coches del Retiro hasta el 15 de diciembre, que narra la experiencia de Elena, una víctima de trata moldava que fue vendida y obligada a prostituirse en Londres durante tres meses cuando tenía 19 años. Lamentablemente, no es una historia única. Una joven que cayó en manos de una red de prostitución en España y que ahora colabora con la ONG Apramp para ayudar a otras víctimas apenas pudo ayer soportar el montaje. "Es, paso por paso, todo lo que me ha ocurrido a mí", explicaba ayer, visiblemente afectada después de la inauguración. "He vuelto a recordar todo: el viaje, la llegada, la ropa que me hacían ponerme, las sensaciones. Al menos espero que la exposición haga consciente a la gente de lo que pasan muchas mujeres en los prostíbulos que pueblan España; espero que dejen de culparnos, que vean lo que hemos sufrido. Eso debe ser lo primero, sensibilizar, abrir los ojos".

El vagón del dormitorio, con sus olores y sonidos, la ha impresionado especialmente. "Así era todo para mí", dice. "Así de sórdido lo recuerdo". Junto a ella, el psiquiatra Michael Korzinski explica la intención de esa propuesta: "Claro que hay burdeles limpios y no tan desagradables, pero lo que aquí se enseña no es la realidad objetiva. Esta sordidez es la experiencia subjetiva de estas mujeres. Es lo que recuerdan: suciedad, un olor penetrante que no se conseguían sacar de encima, jadeos. Aunque lo realmente devastador en estos casos no es el sexo en sí mismo; no lo es el hecho de haberse acostado con muchos hombres, sino la pérdida de libertad, el no poder decidir nada sobre tu vida ni sobre tus actos bajo la amenaza de la violencia. Eso es lo traumático, lo humillante, lo brutal".

La muestra, en la que han participado una docena de artistas, está auspiciada por la fundación británica Helen Bamber, para la que trabaja Korzinski, dedicada a tratar a supervivientes de tortura y abuso. Después de pasar por Londres, Viena y Nueva York, ha llegado a Madrid de la mano del Ministerio de Igualdad. La actriz Emma Thompson protagonizó ayer la inauguración, junto a la ministra Bibiana Aído. Thompson es la madre del proyecto, la que habló con Elena y decidió contar su experiencia a través de un montaje que generara empatía en el espectador colocándolo en la piel de las víctimas. En la instalación han participado, entre otros, el artista Anish Kapoor, la activista Sam Roddick y el fotógrafo James Oster.

Elena sólo pudo hablar de lo que le había pasado años después de salir de su infierno. Acudió entonces a terapia con Michael Korzinski, de la Fundación Bamber, que fue quien le puso en contacto con Emma Thompson. "Cuando llegó a la terapia ni quería ni podía hablar de lo que le había pasado", explica el psiquiatra. "Lo importante era recuperar sus aspiraciones, sus deseos, que pudiera enfrentar las secuelas, tener una relación, un trabajo, como cualquiera de nosotros. Lo más devastador de la trata es que rompe tus sueños, tus deseos, lo mejor de ti".

Cada uno de los siete vagones de Journey representan una de las fases del viaje de una mujer víctima de trata: "la esperanza" con la que la chica vive el marcharse de un país en el que no tiene nada para buscar una vida mejor; "el viaje"; "el uniforme" que le entregan cuando le comunican a qué se va a dedicar: tangas, tacones, ligueros, camisetas rojas de encaje; "el dormitorio"; "el cliente"; "el estigma" que sufren durante su cautiverio y después; y "la resurrección", cuando intentan salir con no pocas trabas a su alrededor. En esta última parte, el visitante escucha el relato completo de Elena, traducido y con su voz real en inglés de fondo. Es largo, dura unos 15 minutos, pero la gente permanece quieta, seria, escuchando.

"Debemos acabar con la sensación de vergüenza que experimentan las víctimas", explica Michael Korzinski. "Elena necesitó contar su historia después de oír a unas compañeras de la oficina leer el periódico y comentar una noticia sobre tráfico de mujeres. Sus compañeras decían que las prostitutas eran unas mentirosas, que sabían perfectamente a lo que iban al Reino Unido y que sacaban el dinero a sus hombres. Algunas personas se dedican a la prostitución para ganar dinero rápidamente en un momento dado, otras porque no ven otra opción y otras son víctimas de trata. Es importante no hacer estereotipos y tratar cada caso de forma única. En cualquier caso, todas necesitan cuidado y atención".

El viaje

- Antes. "Nací en un pueblo pequeño con sólo ocho casas. Cuando era niña, siempre quería más de lo que tenía"... "Había una señora que solía venir a mi puesto del mercadillo. Un día me dio su número y me preguntó si quería ir a Inglaterra. Yo me fiaba de todo el mundo".

- La llegada. "Me llevó a un piso en un sótano. Me dijo que le tenía que dar 20.000 libras. Me dio unas medias, unos zapatos de tacón y unos tangas... No quería hacerlo, pero no tenía elección. Ya está, pensé, mi vida ha cambiado. Estuve allí durante dos semanas. No me dejaron salir. El primer cliente fue un indio. Nunca le olvidaré. Apareció con un tetrabrik de zumo. Quería una mamada. Yo no había visto un condón en mi vida. No quería tocarle (...) No podíamos hablar entre nosotras. Teníamos miedo. Todas llorábamos. Me sentía tan incómoda conmigo misma... Yo tenía 19 años. En febrero aparecieron los de inmigración. Me arrestaron. Volví a casa. No pude mirar a los ojos de mi madre".

- El regreso. Volví a Inglaterra. Me dijeron que habían arrestado a Corina. Sólo le echaron seis años. Ahora ya está en la calle. Creo que volverá a hacerlo todo de nuevo.

Conclusión. Pasó lo que pasó y no hay forma de cambiarlo. No me importa haberme acostado con tantos hombres. El pasado es el pasado. Es el control que ejercían sobre mí lo que está mal. Tengo un terapeuta al que contarle mi historia. En el pueblo me matarían por prostituta, por puta. No quiero marcharme llorando.

Éste es el viaje de Elena, la víctima de trata cuya historia relata la exposición Journey.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de diciembre de 2009

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