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Análisis:EL ACENTO

El oído de la Guardia Civil

Hubo lección de música en el último concierto del V Festival de Jazz de Sigüenza. Pero ocurrió fuera del escenario. Mientras Larry Ochs Sax & Drumming Core estaban tocando en la ermita de San Roque, un espectador enojado redactaba una denuncia por haber sido estafado. Había comprado una entrada para escuchar un concierto de jazz y, según manifestó, se encontró con que le ofrecían música contemporánea. Resulta que ese tipo de música no le va bien y los médicos se la tienen prohibida por motivos psicológicos, así lo explicó en la reclamación formal que redactó en el lugar, poco antes de realizar la denuncia.

El barullo fue considerable y los amigos del espectador enojado le reclamaban al alcalde de la localidad, que asistió al evento, que se pronunciara. En pleno marasmo intervino uno de los dos guardias civiles que se habían presentado para poner orden en el alboroto. Con la autoridad del que sabe de lo que está tratando, escuchó con atención lo que sonaba en el escenario y dictaminó: eso es música contemporánea. Así que le dio la razón al espectador enojado y puso en tela de juicio la trayectoria entera del músico estadounidense.

El episodio ilustra a la perfección el excelente momento que atraviesa España en todos los órdenes. Sus ciudadanos, en primer lugar, ya no se dejan engatusar para sucumbir fácilmente a las modas extranjeras. Y se atreven a dar la cara: ¡no, señor, esto no es jazz, que me devuelvan el dinero! Luego están esos médicos que, con extrema sutileza, detectan en sus pacientes lo que puede alterarles, y se lo prohíben. Y, en último término, la propia Guardia Civil puede enorgullecerse de que entre sus miembros haya alguno con un oído que le permite trazar con tiralíneas las fronteras entre los distintos géneros musicales. Es una pena que ya no puedan servirse de su magisterio ni Miles Davis ni Charles Mingus, que con tanta osadía mezclaron sonidos de procedencias distintas.

Ochs quedó deslumbrado. Lleva desde 1978 tocando jazz con distintas agrupaciones y sólo ahora, en Sigüenza y gracias a un espectador enojado y a un número de la Guardia Civil, ha sabido por fin que lo suyo es música contemporánea. Enhorabuena a todos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 10 de diciembre de 2009