ArchivoEdición impresa

Acceso a suscriptores »

Accede a EL PAÍS y todos sus suplementos en formato PDF enriquecido

lunes, 30 de noviembre de 2009
Análisis:ANÁLISIS

Un gato en la chistera

Los magos clásicos suelen vestir de rigurosa etiqueta y en uno de sus trucos más celebrados sacan conejos de la chistera. Tanto es así que ese efecto mágico ha quedado equiparado a la resolución de problemas por procedimientos milagrosos.

Durante la apertura de este año judicial, donde también se acude de rigurosa etiqueta aunque sin conejos, el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo del Poder Judicial, Carlos Dívar, enunció el problema: la Sala de lo Contencioso del alto tribunal tiene bloqueados fondos por importe de más de 6.000 millones de euros en litigios pendientes. En la explicación subsiguiente precisó que "esa ingente cantidad de dinero, que podría estimarse en varios miles de millones más en el conjunto de todas las Salas, se encuentra congelada y no revierte en el circuito económico, bloqueando múltiples expectativas".

Las garantías jurídicas protegen a los ciudadanos

Esa pequeña contrariedad es de tal calibre que el propio Dívar reconocía que podía "tener incidencia directa en el funcionamiento de la economía nacional".

Ahora Dívar cree que ha encontrado un conejo en su chistera. Pero su solución, frente a la semana caribeña (trabajo de martes a jueves a un ritmo sosegado) que algunos excelentísimos magistrados practican, no parece que esté inspirada en lo que The Times calificó en 1950 como "el milagro alemán" y que definía la meteórica reconstrucción de la devastada economía alemana tras la Segunda Guerra Mundial. Claro que Ludwig Erhard, padre del fenómeno, aparte de implantar una nueva moneda más estable, apostó por el sacrificio y el trabajo duro de los ciudadanos, además de las tareas realizadas por miles de trabajadores invitados o Gastarbeiter, que llegaron de Alemania del Este y Polonia y que fueron la base de la reactivación de la economía, lo que no parece tener mucho que ver con la propuesta de Dívar.

La solución sobrenatural del presidente del Supremo, según acaba de manifestar en Galicia, pasa por "un ordenamiento jurídico que confíe en los jueces y que elimine tantos garantismos". Más que un conejo, lo de la chistera tiene pinta de gato, porque es algo así como si para solucionar el fracaso escolar, se nos propusiera: confíe en los estudiantes y en los profesores y mientras tanto demos un aprobado general.

Alguien debería recordar a tan excelso prócer que las garantías jurídicas y procesales sirven a los ciudadanos para tener un juicio justo y paliar la posible arbitrariedad de los poderes públicos, entre ellos los jueces. Decía el escritor británico Samuel Johnson que "se puede tener por compañera a la fantasía, pero se debe de tener como guía a la razón".

Porque Dívar no lo ha precisado, pero ¿qué garantías le convendría suprimir: la presunción de inocencia, la igualdad de los españoles ante la ley, que no se nos pueda discriminar por razón de sexo, raza o religión, el principio de legalidad, la jerarquía normativa, la publicidad de las normas, la irretroactividad de las disposiciones sancionadoras restrictivas de derechos individuales o, quizá, limitar tanto la posibilidad de recurrir que los asuntos nunca lleguen al Tribunal Supremo?

¡Con qué facilidad prescindimos de lo que nos molesta! Esto de la restricción de garantías y derechos es más propio de países totalitarios, y hasta seguro que estaban de acuerdo con ello los magistrados de la dictadura franquista. Pero, mantener esa postura tras la Constitución...

En fin, Dívar debe ser seguidor de Homer Simpson. Ya saben: "Todos tienen la culpa menos yo".

El presidente del Tribunal Supremo, Carlos Dívar, y el rey don Juan Carlos, durante la apertura del año judicial. / EFE

Atención al cliente

Teléfono: 902 20 21 41

Nuestro horario de atención al cliente es de 9 a 14 los días laborables

Formulario de contacto »

Lo más visto en...

» Top 50

Webs de PRISA

cerrar ventana