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Necrológica:'IN MEMÓRIAM'

Joaquín Franco Muñoz, el éxito a través del juego

Con la desaparición de Joaquín Franco Muñoz, el 9 de noviembre, a los 70 años, muere un mito para dar comienzo a una leyenda. Nació en el pueblo de Ajofrín (Toledo) en las últimas Navidades de la Guerra Civil. Hijo de un luchador republicano al que perdió con apenas siete años, tuvo una infancia común a otros tantos niños en la España del hambre, el frío y la tristeza. Pero Joaquín estaba llamado a convertirse en el más significativo error de las estadísticas y no pasaría la mayor parte de su vida arrastrando el estigma de una generación abocada a la mediocridad o la humillación. Con una cultura básica y una asombrosa inteligencia, apenas siendo un crío vino andando a Madrid para reclamar un destino al que le daba derecho su voluntad y coraje.

Su aventura empresarial fue asombrosa, con unos comienzos tan duros como los de cualquier gran hombre que finalmente pasa a la historia. No dudó en sostener la bandeja del camarero o ponerse los guantes del boxeador, pero su mirada y su determinación iban más lejos. Una Nochebuena de mediados de los sesenta, al encontrar a su madre llorando en una cocina huérfana de la cena más importante del año, se juró construir el mejor porvenir para los suyos. Y el éxito le esperaba abriéndole los ojos ante los juegos de la base americana de Torrejón de Ardoz. Sólo él supo darse cuenta del potencial de negocio que aquello podría tener para un futuro de libertad en España y comenzó comprando un pinball de segunda mano. Aquello funcionó de tal manera que, junto con su hermano Jesús, comenzó el camino que dos décadas más tarde ya desembocaba en una industria revolucionaria para los parámetros españoles de creación de empleo y de innovación tecnológica.

Muy pocos saben que, cuando en 1981 se produjo el boom de las máquinas de juego, los hermanos Franco ya eran multimillonarios. Habían asombrado al mundo fabricando el primer modelo de bingo electrónico de la historia. Con una imaginación sin límites y una capacidad de trabajo extraordinarias, acumularon triunfo tras triunfo, pero eso no le separó de su natural forma de ser. Con una personalidad desconcertante y una vitalidad inconmensurable, destacaba por la cercanía de su amistad y por la largueza de su humor. Ahora pienso que ni en uno de los incontables días que pasé con él dejó de contarme un chiste, de hacer una broma o de reírse incluso de sí mismo.

No hay en el mundo empresarial vitrina tan brillante que se baste para recoger los premios que recibió. De la Medalla Gagarin, la condecoración civil más importante de la antigua URSS, al nombramiento de Empresario Más Importante de la Historia del Sector del Juego en España. Pero no eran ni los premios, a él o a su empresa, presente en más de 50 países, lo que más le interesaba. Ya no le veremos más como jinete en las praderas del Rocío, ni abrazando a sus hijos, ni enseñándonos emocionado una nueva máquina, ni en abierto saludo a todo el mundo en las ferias del sector... O sí, es muy fácil, cerrando los ojos estará entre nosotros.

Juan Manuel Ortega es director de la revista Azar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 11 de noviembre de 2009