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La basura y la maleza toman las baterías antiaéreas del Turó de la Rovira

El mejor mirador de Barcelona aguarda para 2010 su rehabilitación definitiva

Son un testigo único de la Barcelona republicana que se defendió de los ataques de la aviación fascista que llegaba de Mallorca. Y son también el mejor mirador de Barcelona: abarca una panorámica de 360 grados que va desde El Masnou hasta el aeropuerto de El Prat y Collserola. Las baterías antiaéreas de la Guerra Civil, en el Turó de la Rovira, entre el Carmel y Can Baró, aguardan su rehabilitación definitiva, que las convertirá en lo que el Ayuntamiento llama un "espacio museístico". Pero hoy están tomadas por los graffiti, la basura -no hay ni una papelera- y la maleza. Además, la ausencia de barandillas o escaleras hace que la visita sea incluso peligrosa.

El proyecto de recuperar el espacio arrancó en 2006 de la mano de la asociación de vecinos de Can Baró. La primera intervención, de choque, han sido los campos de trabajo que durante los últimos veranos han realizado una primera limpieza de la basura. Había que vaciar los búnkeres, que en su día se llenaron con los cascotes de las chabolas que desde la posguerra hasta bien entrada la democracia se asentaron en la colina. La propuesta vecinal fue asumida por las administraciones y están trabajando en tres frentes, explica la consejera de Urbanismo del distrito de Horta-Guinardó, Anna Mir.

Los vecinos, impulsores de la reforma, reprochan que va muy lenta

El Museo de Historia ultima el proyecto para museizar del espacio

Acabada la Guerra Civil, los búnkeres fueron un poblado de barracas

El distrito confía en que la nueva contrata de limpieza mejore la zona

Por una parte, la Agencia de Promoción del Carmel y Entorno ha redactado, gracias a una subvención del Memorial Democrático de la Generalitat, el proyecto de rehabilitación de los accesos a la colina. Toda la zona está afectada por el eternamente pendiente proyecto de los Tres Turons, por lo que, los unos por los otros, la casa ha quedado sin barrer y da pena ver cómo se amontona la basura por todos los rincones. "Estamos muy contentos con la disposición a recuperar el espacio, pero va todo muy lento y vemos que el trabajo para dignificarlo que se ha hecho hasta ahora no tiene continuidad", reprocha Quim Martín, de la asociación de vecinos.

Por otra parte, el Museo de Historia de la Ciudad se está encargando del plan de usos para "museizar el espacio", apunta Mir: "La idea no es hacer una gran intervención, pero sí instalar rótulos y plafones que relaten su pasado". El director del museo, Joan Roca, detalla que el futuro espacio insistirá en tres aspectos: "Primero, situar al visitante en lo que fue una primera cornisa de Barcelona, que ha pasado de ser margen urbano a convertirse en parte de la ciudad; en segundo lugar, se tratará de hablar del papel de las baterías antiaéreas en la defensa de la ciudad moderna, y en tercero, del crecimiento espontáneo de la ciudad informal con el asentamiento de barracas". La idea de Roca y los arquitectos, que tienen casi listo el proyecto, es darle un tratamiento "muy respetuoso y minimalista" y que en el futuro museo sólo haya un espacio cerrado, que se ubicará en el búnker de mayor tamaño. "Se abriría los sábados o para visitas concertadas, como el Refugio 307 del Poble Sec", precisa el director del museo.

La consejera del distrito reconoce el mal estado del conjunto, pero no deja de insistir en lo mucho peor que estaba hace sólo cuatro años, cuando se utilizaba como desguace de motos robadas. No está dejado de la mano de Dios, remacha. El distrito confía además en la nueva contrata de limpieza, que incorpora la zona en la ruta tanto de los basureros como de Parques y Jardines. Mientras, el espacio seguirá en punto muerto, hasta que la intervención definitiva comience en 2010.

Barcelona fue la primera ciudad europea que se bombardeó de forma masiva después de la I Guerra Mundial y también la primera donde se ensayaron sistemas de defensa civil como los cientos de refugios cavados en el subsuelo. La defensa también supuso la ubicación de baterías antiaéreas a lo largo de la costa y, a falta de grandes parques, en las colinas. En el Turó de la Rovira hubo varios cañones Vickers: algunas fuentes hablan de cuatro, otras de hasta una docena. En cualquier caso, su función fue disuasoria, no ofensiva.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de noviembre de 2009