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domingo, 1 de noviembre de 2009
Crónica:Novena jornada de Liga

Al Madrid le queda alma

A pesar de un excéntrico árbitro que expulsó a Albiol, Higuaín responde con firmeza ante un pálido Getafe

Chamartín es una plaza grande, de categoría especial. Algunos faenan a favor de obra, otros ven la oportunidad de su vida de dejar huella. Un tal Mateu Lahoz, un árbitro español, sin más, igual de malo que casi todos, otro de ésos que se da jabón con la única etiqueta de sus dos apellidos, sufrió un cortocircuito y, en un ataque de importancia, expulsó a Albiol mediado el primer tiempo. Él sabrá por qué. Pudo pitar falta de Soldado, réplica del ex valencianista o nada, que es lo que requería la jugada, con el ex madridista forcejeando de espaldas, a dos lunas de Casillas. Nada, resulta que al chico de luto le dio por la tarjeta roja. Pudo hundir al Madrid, pero su arbitrario estropicio tuvo un efecto vigorizante para un equipo al borde de un ataque de nervios: una coartada perfecta y un incentivo imprevisto tras una semana tan tortuosa. Con uno menos casi desde el calentamiento, el Madrid se rearmó. Era el argumento perfecto para, a falta de juego, apelar a la casta.

REAL MADRID 2 - GETAFE 0

Real Madrid: Casillas; Ramos, Pepe, Albiol, Arbeloa; Lass, Xabi Alonso, Kaká (Van der Vaart, m. 82) Marcelo; Higuaín (Raúl, m. 77) y Benzema (Gago, m. 61). No utilizados: Dudek; Diarra, Granero y Van Nistelrooy.

Getafe: Ustari; Torres, Cata Díaz, Mario, Mané; Celestini, Boateng (Albín, m. 52); Pedro León, Parejo (Adrián, m. 68), Manu del Moral (Gavilán, m. 60); y Soldado. No utilizados: Codina; Belenguer, Rafa y Casquero.

Goles: 1-0. M. 53. Higuaín. 2-0. M. 56. Higuaín.

Árbitro: Mateu Lahoz. Amonestó a Marcelo, Xabi Alonso y Mario. Expulsó con la tarjeta roja directa a Albiol (m. 27).

Unos 79.000 espectadores en el estadio Santiago Bernabéu.

El club es un avispero, pero la heroica aún le funciona. En eso no ha dejado de ser auténtico

Fue el mejor guión posible para el Madrid, un club con la genética predispuesta a las gestas, por mucha aristocracia de la que presuman en el palco sus rectores. Ante el precipicio, nadie como el Madrid. No el Madrid de Florentino Pérez, sino desde la memoria de Santiago Bernabéu. Con la hinchada más sensible de lo habitual y la crítica con la artillería a punto, resurgió el Madrid que jamás se rinde, el que se crece ante las adversidades, el que revierte la angustia en su favor. Al frente de todos, Higuaín, ese chico llegado en un mercado invernal de rebajas, lejos del atrezo de presidentes que lo mismo disfrutan con los álbumes estivales que con los torneos oficiales. El caso de Higuaín resulta sintomático: se dijo que no tenía gol, apestaba a Maradona y le ningunea Florentino Pérez. Nunca lo tuvo fácil. Tampoco Pellegrini, otro que no seduce en el elitista catering presidencial.

A la espera de Higuaín, el Madrid tuvo más agallas que juego. La jornada demandaba la victoria. No era día para los arabescos, si es que existen en este equipo, que arrancó con goleadas a expensas de tiempos para la excelencia y de repente se quedó a la intemperie, sin lo uno ni lo otro, desamparado ante los dardos mediáticos y sometido por un presidente de espaldas al fútbol, mucho más atento a las finanzas y los círculos de poder que hacen cola ante los canapés. Con ese preámbulo, el Madrid empezó pálido, con una nueva apuesta: Kaká y Marcelo de interiores, Raúl de rotación y Lass de nuevo como acompañante de Xabi Alonso. Sin goyescas, el Madrid siempre, en plenitud y rajado por el árbitro, estuvo por encima del Getafe, que mostró su cara más abstracta, sin chicha, sin el vuelo de sus secuelas precedentes. Una birria, por mucho que Míchel, su técnico, diera vuelta y vuelta al calcetín. El Getafe nunca intimidó a un rival que con un apretón de mandíbula supo sobreponerse al disparate arbitral. El grupo de Míchel no tuvo argumentos físicos ni tácticos. Su adversario, al menos, tuvo remango, cuajo, apetito. Todo un mérito en estos días borrascosos.

Sin otro recurso ofensivo que alguna escaramuza del apático Benzema, que amenaza con ser un caso Holmes, el Madrid se hizo un mosquetero delante de Casillas sin perder de vista cualquier rendija getafense. Tan débil fue el vecino que hasta Marcelo hizo de asistente. Un pase suyo burló a Mario, que saltó al vacío antes de tiempo, e Higuaín, el chico de los momentos límite, el que sabe como pocos jugar en el alambre, descorchó la pelota con el pecho y superó a Ustari. Ése es Higuaín, un matador silencioso al que la lírica del fútbol le niega los altavoces, un suplente meritorio para Pellegrini y sus asesores. Poco después, con el Getafe sin sacudirse su aire angelical, el propio delantero argentino embocó un servicio de Benzema. Las dianas de Higuaín complican el jeroglífico de Pellegrini, que espera a Cristiano y tiene desnortado a Kaká mientras la suplencia de Raúl, ayer con aires de entrenador motivante tras el biombo, no parece más que circunstancial. A falta de soluciones, nada más terapéutico que una victoria sedante por las bravas, con la estulticia de un árbitro con ambiciones y el sistema neurótico alterado por los últimos tropezones. A Higuaín y al tal Mateu Lahoz debe el Madrid unos días de respiro. Un paréntesis hasta la visita al Milan del martes. Hasta entonces nadie está a salvo. Este club es un avispero, pero la heroica aún le funciona. Para eso no ha dejado de ser auténtico.

Ustari es incapaz de detener el remate de Higuaín que supone su segundo gol. / ULY MARTÍN

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