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viernes, 16 de octubre de 2009
Crónica:Camino al Mundial de Suráfrica 2010

Maradona avergüenza a Argentina

El jugador adorado por la afición se ha convertido en un entrenador grosero a quien pedir cuentas

El protagonismo de Diego Armando Maradona en el fútbol argentino es total. Ni tan siquiera la victoria frente a Uruguay en el último partido de clasificación (0-1 en el estadio Centenario de Montevideo, gol de Bolatti) y el pase al Mundial de Suráfrica han permitido que el foco se corriera hacia Verón o Demichelis, que salvaron el partido, o al inesperado goleador, Mario Bolatti. El seleccionador, Maradona, atrajo toda la atención hacia sí mismo con unas explosivas y groseras declaraciones, insultando a quienes se habían atrevido a criticar su manejo de la selección. "Tengo memoria, hermano, al que no creía, a los que no creyeron, que la chupen y la sigan chupando", lanzó en una rueda de prensa retransmitida a todo el mundo y que ha aumentado todavía más el malestar por su actuación al frente de la albiceleste.

Tratado siempre como un símbolo planetario, nunca pensó que ese enfoque desaparecería

Es verdad que al final del partido algunos de los jugadores entonaron cánticos con insultos para la prensa argentina. Pero también que, ante las cámaras, todos ellos controlaron su lenguaje e incluso aceptaron que el partido no había dejado grandes motivos para la celebración. Juan Sebastian Verón, La Bruja, uno de los caudillos de Maradona (a sus 34 años), fue explícito: "Esto es un desahogo. No hay que festejar. Ahora hay que ponerse a trabajar para el Mundial. Hay que hablar, reflexionar y mejorar".

Maradona, por el contrario, no se limitó a un estallido de llanto en el propio césped del Centenario, abrazado a un casi descompuesto Bilardo, el director técnico de la federación, que se apresuró a negar todas las informaciones sobre desacuerdos anteriores. "Te querían limpiar, te querían limpiar", sollozaba Bilardo delante de las cámaras. Maradona esperó a la sala de prensa para dejar salir todo el resentimiento acumulado durante estas semanas. "Sé todo lo que dijeron ustedes: quién me pegaba, quién no. Quién era más hijo de puta, quién no". "Yo soy blanco o negro, no voy a ser gris en mi vida. Sigan mamando", amenazó, con el pequeño hilo de voz que le quedaba tras desgañitarse durante el encuentro.

El irreverente jugador que tanto quiso la afición argentina se estaba convirtiendo en un entrenador grosero al que se empieza a pedir cuentas. "La peor versión de Maradona", "El festejo del rencor", "Maradona sigue sin entender que no importa hacia dónde se va sino cómo se va", "Diego Mamando Maradona", titularon los diarios. Alguno incluso solicitó su despido inmediato. "En cualquier organización seria, de las que entre nosotros no abundan, pero son comunes en sociedades lógicas, hoy Maradona estaría sin trabajo", escribe Andrés Prestileo, en La Nación. "El 81% de los encuestados por Clarín opina que Maradona debe ser sancionado", informa el diario porteño. Maradona se las ha arreglado, coinciden todos, para estar en el ojo del huracán por sus declaraciones y no por el resultado del partido. Es decir, para ser el único protagonista de la jornada.

Que Maradona estaba sufriendo como un poseso por las críticas que recibía, lo sabía todo el mundo. El jugador está acostumbrado a ser tratado como un ídolo, un astro mundial, y quizás nunca pensó que ese tratamiento podía desaparecer cuando saltara a la cancha como entrenador. Diego intentó separar los reproches de los periodistas del afecto y apoyo de sus hinchas. "La gente, la gente, a ellos sí les agradezco su apoyo", aseguró, negándose a aceptar que ese afecto, sincero, pueda quedar sepultado por el aluvión de quejas y regañinas, igual de sinceras, que le llegan por el mal juego de la selección. De hecho, en el partido contra Perú, buena parte de la hinchada dejó claro su enfado y aunque los gritos se centraron mucho más en los jugadores y en el equipo que en el entrenador, las encuestas no dejan mucho margen para interpretaciones: la mayoría de los argentinos duda de que Maradona pueda ser un buen seleccionador.

"Algo debe quedar claro", insistía ayer Daniel Guiñazú, en Página12; "por este camino al fútbol argentino no le aguarda un destino de gloria". Los comentaristas insisten en sus sospechas de mala relación entre Maradona y Bilardo y aseguraban que los asesores del seleccionador, Mancuso y Lemne, son voces mediocres que no ayudarán a mejorar las cosas. Ciertamente, al final del partido el único que parecía un seleccionador, frío y analista, era Verón.

Bilardo y Maradona se abrazan emocionados al final del partido contra Uruguay, que clasificó a la selección argentina para el Mundial de Sudáfrica. / DIARIO OLÉ

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