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domingo, 4 de octubre de 2009

'El Pastelero' y 'El Burro' son los nuevos jefes del narcotráfico

La policía trata de estrechar el cerco sobre 'El Burro' y 'El Pastelero'

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Son los últimos por caer de una extensa generación de narcotraficantes que hicieron el relevo de los viejos clanes y que, como ellos, han acabado entre rejas. Al menos desde 2006, dos empresarios de la comarca de Arousa, conocidos por los apodos de El Burro y El Pastelero, han conquistado las costas gallegas, por las que han desembarcado enormes alijos. Aunque la policía los ha identificado y sabe que disponen de una sólida infraestructura, de momento, apenas tiene datos de cómo y cuándo lo hacen.

Ambos se han convertido en dos figuras del tráfico de cocaína a gran escala en la ría de Arousa, pero la policía aún no ha podido detenerles. Operan con organizaciones independientes y han levantado auténticos emporios económicos para blanquear los ingresos de un negocio que dirigen con absoluta discreción, contando con leales y eficientes colaboradores. A pesar de que no tiene antecedentes por narcotráfico, los grupos especiales antidroga han reunido amplios historiales de sus hazañas y operaciones, que han podido conocer a toro pasado. También de sus empresas, que están en el punto de mira. Las fuentes consultadas en los cuerpos de lucha contra el narcotráfico admiten que se trata de dos bandas muy herméticas, difíciles de investigar y controlar tanto en sus movimientos como en sus comunicaciones. Estas dificultades han alimentado la leyenda sobre El Pastelero y El Burro, que en estos años de éxitos policiales han aprovechado la algarabía de las detenciones en cadena de otros famosos personajes para incrementar su actividad.

'El Burro' cenó con un narco valenciano la víspera de su detención

Uno de los jefes tiene un modesto establecimiento que despacha dulces

Con su ficha policial reseñada al detalle y con más años de experiencia que su contrincante, El Burro es de esos personajes que se abrió camino en los negocios a pesar de su reputación bajo sospecha. Con una potente estructura financiera, ha sabido diversificar sus inversiones y hoy dirige un holding de empresas vinculadas a diferentes sectores económicos. La policía sospecha que pueda tener intereses en Colombia, un país que conoce a la perfección y al que le unen lazos familiares. Aunque su implicación en el narcotráfico se remonta a casi una década, cuando El Burro compartía la jefatura de la banda con otro miembro de su familia, en los últimos años se le sitúa como máximo responsable de una organización que dirige a caballo de sus múltiples y variados negocios.

La importante detención de Rafael Rubén Núñez Cencerrado, un reputado traficante valenciano especializado en el tráfico de cocaína a través de contenedores, podría situar a los agentes antidroga un poco más cerca de El Burro. Ambos cenaron en un restaurante de Vilagarcía la víspera de la captura del valenciano, el pasado 24 de septiembre, tras ser intervenido uno de los habituales alijos que movía la red a través de los puertos de Valencia, Marín y Barcelona.

Tal vez más cauto y desconfiado que su colega, El Pastelero supo escoger a sus hombres de confianza, los que dan la cara por él para organizar el envío y el desembarco de los cargamentos, pero algunos son conocidos por sus antecedentes. Este sinuoso personaje cuenta con pisos y coches de seguridad, alejados de su residencia habitual y del negocio que regenta a diario, un modesto establecimiento que despacha dulces.

Aunque la policía conoce su doble vida, el paradero de su dinero es todavía una incógnita. Se investiga un rastro que podría llegar hasta alguna república africana. A su mano derecha se le conoce con el sobrenombre de Costiñas, un avezado traficante que tiene buenos contactos en Colombia desde que operaba con otras organizaciones gallegas. De los desembarcos de esta red se encarga un grupo de Vilanova de Arousa que dirige un personaje al que se le conoce como Charli.

Si en algo se diferencian de los demás grupos es por su forma de trabajar. Hacen pocas operaciones, pero mueven grandes cantidades de cocaína y, sobre todo, tratan de correr el mínimo riesgo para evitar que sean descubiertos. Hasta ahora les ha salido bien. Y procuran no hacer alardes de dinero, al menos en los pueblos donde residen.

Las redadas policiales de 2009 han terminado por eliminar la infraestructura marítima necesaria para que las organizaciones puedan recoger los cargamentos en alta mar y luego desembarcarlos en tierra. Desde abril, es evidente el paro de las planeadoras que durante los últimos tres años se hacían notar con descaro surcando las rías.

Aunque este negocio se levanta con facilidad, la policía está convencida de que les costará bastante tiempo y dinero recuperar la flota de lanchas que se han incautado, más de 20 en el último año. Además de costosos equipos de navegación, los transportistas gallegos y sus cómplices suramericanos han perdido más de 1.000 millones de euros en alijos de droga intervenidos sólo desde 2007.

El Grupo de Análisis de la Policía constata que la falta de medios marítimos en Galicia ha obligado a algunos lancheros a recurrir a las bandas asentadas en el sur de la Península para introducirse en el tráfico de hachís. Las empresas que quedan operativas en la ría de Arousa han elevado el caché de sus transportes y piden elevadas cantidades de dinero por desembarcar la cocaína. La policía ya ha constatado un repunte en el tráfico de hachís en Galicia. La banda que ahora mismo acapara mayor control de este mercado es la que hace unos 15 años fundaron Os Lulús, un clan familiar desmantelado en sucesivas redadas pero que han resurgido como transportistas, también de cocaína.

El precio de la droga se dispara

Los golpes a las bandas han provocado que los precios de la cocaína en Galicia se hayan disparado hasta los 37.000 euros el kilo después de cinco años de valores estables. Y aún podrían seguir subiendo. Una tendencia al alza y un efecto sintomático de que esta droga escasea, como consecuencia del constante asedio policial contra el transporte de cargamentos.

El pasado verano, la subida ya se situó en unos 12.000 euros por kilo con respecto al mismo período de 2008, a pesar de que en la temporada estival, junto con las navidades, suelen producirse más envíos, coincidiendo con una mayor demanda.

El precio de la cocaína también varía, dependiendo de su procedencia, en una horquilla que oscila entre los 35.000 y 37.000 euros. En Galicia sube cuando el traficante tiene que recurrir a los almacenes que los carteles colombianos tienen en Madrid y Valencia, y en estos mercados se registran las mismas oscilaciones si tienen que comprarla a los gallegos.

La cocaína que ahora entra en la Península está llegando, principalmente, por contenedores, a través del pesquero tradicional y embarcaciones de recreo, según las fuentes policiales consultadas.

Cuatro años de golpes a los narcos

2006

Abril

- David Pérez Lago (hijastro de Oubiña) y seis miembros de su banda, detenidos en Corme (A Coruña) con cuatro toneladas de cocaína.

Diciembre

- José Benito Charlín, Daniel Baúlo y otras 25 personas caen con un alijo de 1.800 kilos de cocaína en alta mar.

2007

Junio

- Miguel Angel Rial Casais y Victor Manuel Pérez Santos, detenidos tras la captura del barco Oceanía con cuatro toneladas de cocaína.

Octubre

- Cae Ramiro Vázquez Roma y otros diez miembros de su organización con otras cuatro toneladas.

2008

Agosto

- Apresan en alta mar el barco San Miguel con 3.000 kilos y detienen al dirigente de un grupo de transportistas de A Illa de Arousa.

- Detienen a Rafael Bugallo, El Mulo, y ocho integrantes de su banda con 4.000 kilos.

- Apresan el Río Manzanares con 2.500 kilos y detienen a Manuel Vázquez, Piturro y otras diez personas.

2009

Enero

- Caen Juan Carlos Fernández Cores, Parido, y Andrés García Gesto, O Lulú, tras un desembarco de cuatro toneladas en Muxía.

Febrero

- Apresan el buque Doña Fortuna con 5.000 kilos de cocaína y capturan a la banda liderada por José Manuel Vila Sieira, O Presidente, en Boiro.

- Redada contra la mayor red de transportistas, que dirigía Manuel Abal Feijoo, O Patoco. En la operación se capturan 20 lanchas de su potente flota marítima.

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